30 ago 2011

Francisca Gonzalez Navarro




“La Parricida de Santomera”

Francisca González Navarro, de 35 años, ha sido encontrada culpable de haber dado muerte a dos de sus hijos, de 6 y 4 años, asfixiándolos con el cable del cargador de un teléfono móvil, según el veredicto dado a conocer hoy.

Para los miembros del jurado, cinco hombres y cuatro mujeres, la procesada ejecutó el crimen en la madrugada del 19 de enero de 2002, "aunque el plan lo había concebido con anterioridad",
Para ejecutarlo, Francisca "entró en el dormitorio del matrimonio, donde dormían sus dos hijos, y procedió a anudar al cuello de F.M., de seis años, el cable del cargador exigiéndole, al despertarse éste por la agresión, que se diera la vuelta y se pusiera boca abajo, para llevar a cabo su trabajo con mayor facilidad."
Añade el veredicto que el pequeño gritó en petición de auxilio, y aunque sus gritos fueron escuchados por el hijo mayor del matrimonio, de 14 años, "éste no acudió al dormitorio porque conocía que la madre les golpeaba con frecuencia y pensó que también en esa ocasión les estaba golpeando".

Afirman los jurados que "la madre apretó el cable hasta causar la muerte por asfixia a sus dos hijos menores, que, además de las señales características de la estrangulación que presentaban en los cuellos, tenían también otras lesiones en sus caras".

Tras cometer el doble crimen, Francisca González rompió el cristal de una ventana y escondió unas joyas para hacer creer que personas desconocidas habían entrado en la vivienda para robar.
Otras de las acciones realizadas por ella, añade el veredicto, fue "desprenderse de su pijama y meterlo en la lavadora, junto con la camiseta que llevaba el mayor de sus hijos fallecidos, todo ello, en un intento de eludir pruebas".

Los jurados dan por probado que la procesada "se drogaba desde varios años atrás, y que el día de los hechos consumió cocaína y unos fármacos, pero estimamos que no afectó a su consciencia y voluntad".

También recogen que estaba celosa de su marido desde que se enteró de sus infidelidades "e incluso llegó a sentir miedo de él, ya que le pegaba con frecuencia y la maltrataba psíquicamente, pero consideramos que ello no afectó en nada a su voluntad y consciencia".

Tras la lectura del veredicto, el fiscal reiteró su petición de condena, que se eleva a 40 años de cárcel por dos delitos de asesinato, mientras que el letrado de la acusación particular, Evaristo Llanos, además de pedir lo mismo, solicitó a la magistrada- presidente "que no le tiemble el pulso a la hora de fijar la pena y que se haga Justicia". Por su parte, el letrado de la defensa, Cándido Herrero, dijo que "una vez que el jurado ha dado por probados los malos tratos, que se tenga ello en cuenta y no se aplique la ley con el máximo rigor".

Karla Faye Tucker


Karla Faye Tucker era una prostituta, adicta a las pastillas, que bebía como un cosaco. Cuando no estaba haciendo de las suyas, solía estar con Danny Garrett.
El 13 de junio de 1983, por la noche, Karla, Danny y un amigo, Jimmy Leibrant, decidieron que iban a robarle algunas piezas de una motocicleta al joven Jerry Dean. Cuando llegaron al apartamento de Jerry, éste estaba en su habitación pero no estaba solo. Esa tarde, le había acompañado Deborah Ruth Thornton, de 32 años.
Jerry suplicó que lo dejaran en paz, pero en vez de eso, Danny tomó un martillo de entre las herramientas esparcidas por la habitación y le dio un golpe en la cabeza. Karla agarró una piqueta y le asestó a Jerry varios golpes en la espalda. Jimmy Leibrant, viendo que las cosas se estaban yendo de las manos, se marchó. Danny le quitó a Karla la piqueta y remató a Jerry, asestándole un golpe directamente en el pecho. En ese momento, Karla vio a Debbie Thornton temblando debajo de las sábanas y mantas. Karla le dio un golpe con la piqueta y, una vez más, Danny, muy atento, remató a la víctima de Karla. Este par de asesinos pasó desapercibido dos meses. Cuando se jactaron de los asesinatos ante la hermana de Karla, Kari, y su novio, Douglas Garrett, quien precisamente era hermano de Danny, fueron demasiado lejos. Kari y Douglas, temiendo por sus vidas, se pusieron en contacto con la policía.
El 3 de febrero de 1998, Karla Faye Tucker, quien juraba haberse reconvertido en una mujer cristiana, fue ejecutada mediante una inyección letal en Texas. Danny Garrett falleció en 1993 en prisión, a causa de una cirrosis.

25 ago 2011

Winnie Judd “La Asesina del Baúl”




1931, Phoenix, Arizona (Estados Unidos): Winnie Judd “La Asesina del Baúl” mata a balazos a 2 amigas suyas; luego las descuartiza y las mete en dos baúles para viaje, los cuales transporta hasta la estación de ferrocarriles. Viaja con ellos hasta que es detectada en una estación. Deja su equipaje y huye. Tras una investigación, es arrestada. Se le juzga y sentencia a muerte. Luego de varias apelaciones que demuestran su inestabilidad mental, es recluida en una institución psiquiátrica y sale libre en 1983. Muere en 1998.

15 ago 2011

Minnie Dean


El 12 de agosto de 1895, Minnie Dean se convirtió en la primera mujer que fue colgada en Nueva Zelanda. Su crimen fue el « cultivo de niños ». Adoptaba niños no deseados por determinada suma y después se deshacía de ellos, un « servicio » que empezó en 1889. La policía cayó sobre Minnie después de seis años y encontró que ciertamente era culpable cuando desenterraron tres cuerpos de niños en su jardín de flores.

4 ago 2011

Helene Jegado


No sabía leer ni escribir, y tampoco había mucha lógica detrás de sus asesinatos. Siempre que alguien la ofendía en una disputa o la acusaba de haber robado algo (tenía fama de cleptómana), inevitablemente esta persona terminaba muerta. Después, se encargaba de cuidar a la víctima en su agonía y lloraba amargamente cuando llegaba su fin, uniéndose a la familia del muerto en los lamentos y rezos como si se tratara de su pariente.

Helene Jegado nació alrededor de 1803 en Bretaña, Francia. Para cuando tenía 7 años, sus dos padres habían muerto. Entonces fue enviada a la casa del pastor local donde dos de sus tías trabajaban como sirvientes y estuvo ahí hasta que cumplió 24 años, que fue cuando comenzó su carrera como envenenadora.

Trabajó como cocinera y doméstica en 12 diferentes ciudades, donde tenía acceso a la comida de la familia a la que servía, y la cual aderezaba con arsénico. Helene al parecer no discriminaba. Mataba hombres, mujeres y niños por igual.

A pesar de la mala reputación que iba dejando a su paso, siempre lograba conseguir empleo. Cuando estuvo trabajando en la ciudad de Guem, envenenó a 7 personas, y a tres más antes de dejar la ciudad, no sin que algunos sospecharan que tenía algo que ver. Cuando un juez la interrogó al respecto, ella dijo que su desgracia era cuidar de los enfermos, y que esa mala suerte la perseguía. Fue exonerada rápidamente.

Se trasladó a la ciudad de Locmine donde trabajó para una familia. Pronto murió la madre y uno de los hijos cayó enfermo. Se dice que le confesó a una de las hijas antes de que la madre muriera) que esperaba que falleciera. “Yo llevo la muerte conmigo”, dijo Helene.

Después entró en un convento, pero fue expulsada pronto, acusada de haber roto las sábanas de todas las camas, pero ella dijo que la habían rechazado porque era demasiado vieja para aprender a leer y escribir.

Su siguiente empleadora, Hippolyte Roussel, le preguntó un día a Helene si ella había tomado el paraguas de otro de los sirvientes, y la mujer cayó enferma con severos vómitos tras comer una sopa que le preparó Helene. Cuando la policía le preguntó acerca del asunto, ella respondió que la mujer hubiera enfermado aún cuando no tomara su sopa, y cuando le preguntaron por qué apenas podía caminar, ella respondió que antes de tomar la sopa tampoco podía hacerlo. Tenía una gran facilidad para escapar de la ley, y poco después de este interrogatorio, la hija más pequeña de la familia Roussel murió y la familia entera cayó enferma. Increíblemente, Helene Jegado siguió trabajando en dicha casa y un tiempo después volvieron a caer enfermos, por lo cual fue finalmente despedida.

De 1841 a 1848 Helene parece haber dejado de envenenar. Ella dijo que había sido tocada por la mano de Dios, y que simplemente había pasado de hoja en el libro de su vida. Sin embargo, aún robaba y bebía.

En 1848 cinco miembros de una familia murieron cuando la acusaron públicamente de haber robado (y bebido) su vino.

Se trasladó a la ciudad de Rennes, donde un niño murió cuando la acusó de robar brandy. Poco después entró a trabajar en una posada llamada “El Fin del Mundo” donde otra de las sirvientes, una joven y bella chica llamada Perrotte Mace, fue envenenada y murió a los pocos días. Helene estaba celosa de ella y, simplemente, se deshizo de su adversaria. Tras las sospechas de que Jegado había tenido algo que ver en la muerte de Mace, fue despedida, pero casi de inmediato la contrató por un profesor universitario llamado Theophile Bidard, quien dijo que Helene era una buena trabajadora pero con un “macabro sentido del humor”. Otra de las sirvientas, Rose, murió y cuando la policía fue a investigar, ella gritó ¡Soy inocente!, lo cual desconcertó a los agentes de la ley ya que aún no la acusaban de nada. Finalmente, la autopsia de tres de las recientes víctimas demostró que habían sido envenenadas con arsénico y a Helene Jegado se le acabó la suerte: Fue condenada a la guillotina y decapitada en 1851.

28 jul 2011

Marybeth Tinning


Joe Tinning, un analista de sistemas de la planta de General Electric en la cercana Schenectady y su esposa, Mary Beth, eran miembros respetados de varias comunidades de la zona. Se mudaban frecuentemente.
Joe quedó encantado cuando Mary le informó que había quedado embarazada por tercera vez. En diciembre de 1971, nació una pequeña niña, Jennifer. Murió estando todavía en el hospital. Los Tinning estaban comprensiblemente consternados. Sólo más tarde pudieron asegurar los investigadores con un cierto grado de certeza, que la muerte de Jennifer fue la única muerte de los hijos de los Tinning que no era sospechosa. Diecisiete días después de la muerte de Jennifer, el hijo de Tinning, Joseph, de dos años, moría. El 2 de marzo de 1972, Barbara, de cuatro años seguía a su hermano a la tumba. ¡Qué tragedia para soportar una familia! En menos de tres meses, los tres niños habían sido arrebatados a sus devotos padres. Los amigos ofrecían sus condolencias. Los parientes consolaban a los Tinning. Aquellos que conocían a la familia quedaron deleitados cuando, nueve meses más tarde, Mary Beth dio a luz a un varón. Timothy. Su alegría duró poco. Catorce días después de que Timothy entrara a este mundo, moría. La muerte fue atribuida al SIDS (Síndrome de Muerte Repentina en la Cuna).
La preocupación de amigos, parientes y vecinos se convirtieron en rumores susurrados. ¿Era posible que los Tinning estuvieran maldecidos con genes defectuosos que dejan a sus hijos con enfermedades inexplicables?
Un año y medio después de la muerte de Timothy, Mary Beth tenía su quinto niño. Nathan murió el 2 de septiembre de 1975. Por primera vez, los médicos y autoridades locales tuvieron sospechas. Nathan había sido un niño tan saludable. Como en todas las muertes de los Tinning, se realizó una autopsia y, como siempre, la muerte fue atribuida a causas naturales.
Es dudoso que alguna de las autoridades estuviera consciente de que los Tinning habían perdido a cinco descendientes, con una excepción. El Dr. Robert Sullivan, del Schenectady County Medical Examiner, supo de las tragedias que parecían perseguir a la familia como una maldición. Realizó una completa investigación de la muerte de Nathan, pero no pudo encontrar nada malo. Cualquier sospecha que él tuviera eran disipadas por los Tinning quienes insistían en que se realizaran exámenes en todas las muertes de sus hijos. Recuerden, además, los Tinning eran ciudadanos sólidos como una roca. Simplemente tenían mala suerte cuando se trataba de sus hijos.
Misericordiosamente, Mary Beth no tuvo más hijos por tres años y medio. Entonces vino Mary Frances, quien murió a los tres meses y medio. Diez meses después nacía Jonathan. Murió a la edad de tres meses. Los Tinning, culpándose a sí mismos por la pérdida de sus hijos naturales, intentaron quebrar la serie de muertes adoptando un varoncito, Michael. Un año más tarde, en marzo de 1981, Michael moría.
La muerte de Michael fue diferente. Aquí no había genes defectuosos. El niño había sido adoptado. Una autopsia indicó que la causa de la muerte era una neumonía viral. Los pedíatras y asistentes sociales le contaron a la Policía de sus sospechas y sugirieron que si alguno de los hijos futuros de los Tinning muriera, un patólogo forense debía ser llamado al caso. Las autoridades estaban tan sospechosas que lograron que se exhumaran los cuerpos de Timothy y Nathan. No se descubrió ni un ápice de malas acciones.
Pasaron tres años sin novedades. Luego por octava vez, Mary quedó embarazada. El 20 de diciembre de 1985, cuatro meses después de su nacimiento, Tami Lynn moría. Siguió una intensa investigación. No se encontró nada que implicara a Mary Beth, de quien ahora todos sospechaban que mataba a sus hijos. Sin tener en cuenta la falta de pruebas en la serie de muertes, dos detectives tomaron a su cargo recoger a Mary Beth, llevarla a los Cuarteles Centrales de la Policía del Estado en el cercano Londonville e interrogarla exhaustivamente. Después de ser interrogada por 10 horas, Mary Beth confesó haber matado a tres de sus hijos, Timothy, Nathan y Tami Lynn. Fue arrestada y acusada de asesinato.
Después de pasar un mes en la cárcel, Mary Beth fue liberada bajo una fianza de 100.000 dólares. Inmediatamente realizó procedimientos en la Corte para que su confesión fuera consideraba inadmisible en el juicio por asesinato que vendría. Su marido, Joe, quien en ningún momento fue sospechoso de alguna mala acción, estaba comprensiblemente alterado de que su esposa hubiera sido interrogada por un período tan largo de tiempo sin su conocimiento y sin estar un abogado presente.
Mary Beth no tuvo éxito en su pedido de que su confesión fuera declarada inadmisible. En 1987, fue sometida a juicio por el asesinato de Tami Lynn. Durante su juicio, el jurado oyó su confesión como le había sido contada a los detectives. Al describir cómo había asfixiado a Timothy, Nathan y Tami Lynn, dijo, "con una almohada, porque no soy una buena madre".
Mary Beth había dado a los detectives todos los detalles de la noche en que tomó la vida de Tami Lynn. Llegó a la casa a las 8:35 de la noche después de haber estado de compras con una amiga. Su amiga, al igual que su suegra y su suegro, quienes habían estado cuidando el bebé, se fueron a las 9:30. Puso a Tamy Lynn de cuatro meses en la cuna. Mary Beth relató: "Intenté darle la mamadera pero no la quería. Ella alborotó y lloró por una media hora. Finalmente se durmió. Entonces me fui a la cama". Joe vino a las 11 de la noche. La pareja charló por unos momentos. "Estaba por dormirse cuando Tami se despertó y empezó a llorar. Me levanté y fui a la cuna e intenté hacer algo con ella para que dejara de llorar. Finalmente usé la almohada de mi cama y la puse sobre su cabeza. Lo hice hasta que dejó de llorar. Cuando finalmente levanté la almohada, ella no se movía. Le grité a Joe y le dije que Tami no estaba respirando". La confesión fue un escalofriante relato de un asesinato a sangre fría. El 19 de julio de 1987, Mary Beth Tinning fue encontrada culpable del asesinato en segundo grado de su hija Tami Lynn. Fue sentenciada a 20 años de prisión en la cárcel para mujeres en Bedford Hills, N.Y. El abogado Allan Gebell, un miembro del equipo de la fiscalía en el juicio de Mary Beth, me informa que actualmente la mujer está empleada en la guardería de la prisión

15 jul 2011

Helen Golay y Olga Rutterschmidt



Dwight Emile aún recuerda el día que bromeó con su vecina, Olga Rutterschmidt, una emigrante de origen húngaro que siempre vivió por encima de sus posibilidades. "Olga, un día de éstos te voy a ver en los noticiarios", le dijo Emile, uno de los muchos productores y escritores de música que pululan en Hollywood, sin apenas sospechar que su broma se convertiría en presagio.

"Olga siempre me decía que si no me interesaba hacer algo de dinero extra. Y yo le decía que, si era algo ilegal, que no contara conmigo", recuerda Emile, uno de los testigos que han desfilado por la policía de Los Ángeles para recomponer el guión de una macabra serie de asesinatos cometidos en nombre de la codicia, el más desgastado argumento en las películas de crimen y violencia en Hollywood.

Tras una investigación de casi tres meses, la fiscalía ha decidido presentar cargos por el homicidio de al menos dos indigentes, una acusación que podría conllevar la pena de muerte para Olga Rutterschmidt y su asociada, Helen Golay, dos ancianas que pasaban por almas caritativas y que la prensa sensacionalista ha bautizado bajo el mote de "las viudas negras".

Según la policía, Olga y Helen se hicieron pasar por las novias, primas y tías de Paul Vados y de Kenneth McDavid, de 73 y 50 años respectivamente, dos indigentes que murieron en extrañas circunstancias y con jugosas pólizas de seguro de vida bajo el brazo. Ellas habían suscrito más de 19 pólizas en nombre de ambos. En las fotos distribuidas por la policía, la mayor, Helen Golay, de 75 años, disimula la edad bajo un maquillaje espeso y una frondosa peluca rubia. La otra, Olga Rutterschmidt, de 73, luce una sonrisa perpetua de abuela bondadosa.

Tras conocer a Paul Vados, un inmigrante húngaro igual que ella, Olga Rutterschmidt le propuso en 1997 alquilar un apartamento. Durante dos años, Olga fue una diligente y amorosa amiga que visitó a Paul para ofrecerle compañía, mientras acudía a una larga lista de empresas de seguros para suscribir varias pólizas en su nombre.

Tras el paso de dos años -el mínimo que exigen las compañías para hacer efectivo el pago de una póliza-, Olga invitó a su amigo Paul a realizar un paseo nocturno. A las pocas horas, la policía reportaba el caso de un hombre que había muerto atropellado en las inmediaciones del la Brea Avenue, muy cerca de la Milla Milagro. El caso de Paul Vados, uno de los muchos indigentes que habían pasado a engrosar los archivos de las "muertes por accidente", durmió el silencio de los justos hasta el año 2005, cuando un avispado inspector del FBI vinculó su caso al de Kenneth McDavid, un indigente de 50 años de edad, que había muerto en similares circunstancias.

El caso de McDavid y de su asesina, Helen Golay, permitió sacar a flote las macabras operaciones de estas dos ancianas. Menos puntillosa que su amiga Olga, a Helen se le ocurrió contratar con su nombre real a un servicio de grúas para remolcar la vieja camioneta Mercury que utilizó para arrollar a McDavid la noche del 22 de junio del 2005. Esta sería la pista que permitiría al FBI y a la policía de Los Ángeles detener la carrera criminal de Olga y Helen, dos ancianas que se disponían a cobrar más de 2.7 millones de dólares en pólizas para asegurarse una vejez dorada.

11 jul 2011

Junko Ogata



Junko Ogata tenia 43 años cuando fue capturada, esposa de el asesino (supuestamente en serie) Futoshi Matsunaga, que en la década de los años 90’s aterrorizaron al Japón, ambos asesinaron a 7 personas, incluyendo dos niños entre 1996 y 1998. La policía japonesa, encontró evidencias de los crímenes en 2002 pero nunca encontró evidencias de los restos, algo que no importa ya que las otras evidencias eran suficientes como para condenar a ambos a la pena de muerte, en la horca, el 28 de septiembre de 2005, El tribunal intentó condenarlos a la pena de muerte por seis asesinatos, y la muerte de el padre de Junko padre (que después de torturarlo murió y el jurado termino por considerado como homicidio) se les quito la pena de muerte.
Luego de asesinar a cinco de los parientes de Ogata, incluida su madre, en un apartamento de la pareja comparte con la familia Ogata en un período de siete meses que finaliza en junio de 1998, según una sentencia del tribunal inferior en septiembre de 2005.

Cuando se agotó el dinero o la pareja que teme ser descubierto, la víctima fue asesinada, y el cadáver fue desmembrado y arrojado al mar, dijo el tribunal, tomando nota de varias de las víctimas se vieron obligados a pedir prestado enormes sumas de dinero antes de que se muertos.

Algunas de las víctimas recibieron la orden de tomar parte en las matanzas y desmembramiento de los cuerpos antes de que ellos mismos fueron asesinados, según el tribunal.

La pareja también fueron responsables de la muerte de su padre Ogata, quien murió de las lesiones infligidas por la pareja, el juez termino diciendo que sus crímenes habían sido "los tratos crueles, inhumanos y retorcidos".

6 jul 2011

Wanda Jean Allen



15 de enero, 2001

A pesar de las peticiones de clemencia, la primera mujer condenada a muerte en Oklahoma, Wanda Jean Allen fue ejecutada el jueves pasado por medio de una inyección letal, informó en comunicado Amnistía Internacional.

Wanda Jean Allen, de origen afroamericano fue condenada a muerte por el asesinato de su compañera sentimental Gloria Leathers en un juicio lleno de contradicciones donde, según alegó la defensa, el fiscal estatal usó el nivel de educación de Wanda para descalificar la posibilidad de retraso mental. Su primer defensor, a quien solamente se le pagaron 800 dólares, había dicho que se enteró del retraso mental de su clienta hasta después de ser condenada. En la campaña para detener la ejecución de Wanda Jean Allen participaron además de Amnistía Internacional, el Sindicato Americano por las Libertades Civiles, la Coalición Nacional para Abolir la Pena de Muerte y la Fuerza de Tareas Nacional de Gays y Lesbianas, entre otras instancias.

20 jun 2011

Estíbaliz Carranza



La hispanomexicana enfrenta una pena de hasta cadena perpetua, por presunto homicidio de su ex marido y un ex novio

Goidsargi Estíbaliz Carranza Zabala, la joven hispanomexicana acusada de haber asesinado a tiros y descuartizado a su ex marido y a un ex novio en Viena, la capital de Austria, y que se enfrenta a una pena que oscila entre 20 años de prisión y cadena perpetua, está “tranquila aunque muy deprimida”.

Así lo reconoció en entrevista con EL UNIVERSAL la cónsul de México en Italia, Rita Vargas, quien se desplazó el miércoles a la cárcel femenina de Trieste, al norte de Italia, para ofrecerle protección y asistencia consular, tal y como establece la ley.

Vargas relató que el encuentro con Estíbaliz duró unos 30 minutos y que la joven en términos generales “tenía buen aspecto”, aunque le reconoció estar muy deprimida. La diplomática mexicana contó que la reunión se llevó a cabo en una oficina especial y que Carranza llevaba un jersey blanco y rosa. Sobre su embarazo, tiene dos meses, comentó que “no se le nota”.

Carranza, que tiene la doble nacionalidad mexicana y española, prefirió acogerse a la jurisdicción española puesto que está en territorio europeo. Por eso, es la embajada española en Italia la que se está haciendo cargo de ella. Emilio Fernández Castaño, cónsul de España en Roma, confirmó que se han puesto en contacto con ella, pero que no necesita ayuda consular. La detenida ya tiene un abogado austriaco, otro italiano y otro alemán.

Estíbaliz Carranza, de 32 años, hija de un escritor mexicano de temas esotéricos y de madre alavesa, tenía una heladería a las afueras de Viena.

Un día unos obreros que realizaban obras de albañilería en una peluquería colindante con su heladería entraron en el sótano de ésta para acceder al desagüe del edificio.

Allí encontraron los restos de dos cadáveres descuartizados metidos en dos heladeras cubiertas de cemento, dos rifles con mira telescópica, una bolsa de mujer con una pistola y una libreta con anotaciones en castellano.

Al día siguiente, cuando Estíbaliz fue a su negocio y uno de los clientes le contó el hallazgo y le dijo que la policía estaba investigando, la joven huyó en taxi desde Viena hasta un hotel de un pueblo del noreste de Italia, Cavazzo Carnico. De allí fue en tren hasta Udine, donde la albergó un músico callejero que conocía. Pero el músico, al ver que ella buscaba páginas en internet sobre los dos cuerpos descuartizados, avisó a la policía, que ya había emitido una orden de detención con fines de extradición por “sospechosa de asesinato”.

Finalmente Carranza fue detenida y, según la policía, durante el interrogatorio justificó sus actos por las “relaciones difíciles” con ambos hombres, que le causaban “accesos de furia”.

Dijo que actuó motivada por “problemas familiares”, ya que había sufrido maltratos físicos y psicológicos por parte de las víctimas.

La semana pasada, el ministerio de Justicia austriaco envió la solicitud de extradición y es posible que Estíbaliz Carranza sea extraditada en las próximas horas.

La vista se celebrará hoy en Viena, pero sus abogados, Arthur Machac y Heinz-Dietmar Schimanko, ya han anunciado que declararán ilegal las confesión de su cliente, porque se hizo sin la presencia de un abogado, y que actuarán judicialmente contra varios medios de comunicación austriacos por el trato que han dado al caso, así como por haber condenado de antemano a la detenida, a la que llaman La baronesa de hielo y La bruja de la muerte.

“Los derechos de nuestra cliente están siendo gravemente violados”, lamentaron Machac y Schimanko ante los medios en la capital austriaca.

“Hay una cacería de brujas sin igual y se la llama Lady Asesina y se dice que entierra en cemento a sus amantes cuando apenas han comenzado las investigaciones policiales”. Los letrados reconocieron que la sentencia podría oscilar en entre 20 años y cadena perpetua, aunque sólo cumpliría 15, ya que ésa es la pena máxima en Austria.

La madre de Estíbaliz Carranza ha viajado a Trieste y pudo visitar a su hija, pero al novio de la joven no se le permitió la entrada.

Por su parte, el padre de Estíbaliz, mexicano de 71 años, sicólogo, periodista y escritor desde hace más de cuatro décadas, viajará dentro de unos días junto con uno de los hijos.

Ambos padres residen en España, donde la joven vivió desde que con cinco años abandonó México y hasta hace seis en que se trasladó a Viena.

17 jun 2011

Ana María Morou



No hay ninguna foto de Ana María Morou, condenada a 9 años de carcel, saliendo 7 años después.

En 1998, Ana María Morou fue acusada de asesinar a su marido prendiéndolo fuego tras rociarlo con alcohol. La Policía detuvo a Ana María Morou, de 55 años, en su departamento de Federico Lacroze al 2200, en Buenos Aires, Argentina. Seguía viviendo en el mismo lugar donde su marido, Miguel Angel Celcio, que se movilizaba en una silla de ruedas, fue calcinado el 6 de junio de 1997.

La mujer se sorprendió por la detención. Se vé que como pasó un año pensaba que ya no iba a pasar nada, dijo a Clarín uno de los policías que investigaron el caso.Morou trabajaba en la escuela técnica Mariquita Sánchez de Thompson, del barrio donde está su casa. Desde la muerte de su marido tenía licencia por recomendación psiquiátrica.

Mala relación Según surgió de la investigación del caso, la mujer habría matado a su marido después de mantener con él una fuerte discusión.Pudimos comprobar que la relación de la pareja era muy mala desde hacía bastante tiempo, dijo una fuente policial.Para los investigadores, la mujer, en medio de los gritos, le arrojó encima a su marido una botella de alcohol, y después le prendió fuego con un fósforo. Celcio no pudo defenderse: tenía mal de Parkinson y se desplazaba en una silla de ruedas porque no podía mover una pierna.Por el fuego sufrió graves quemaduras y fue internado en un sanatorio. Murió tres días después.Cuando declaró ante la Policía, la esposa de la víctima dijo que se había tratado de un accidente. Aseguró que un cortocircuito en el cable de un equipo de audio había provocado un incendio que alcanzó a su marido.

Los investigadores, en un principio, aceptaron la explicación de la mujer. Pero un tiempo después un hijo de la pareja fue a ver al juez de la causa para decirle que sospechaba que su padre había sido asesinado.En ese momento comenzó una investigación que avanzó con paso lento.

El juez dio intervención a la división Homicidios de la Policía Federal, que ayer detuvo a la mujer.IndiciosSegún explicaron fuentes de la investigación, hubo varios indicios que fueron inclinando las sospechas hacia Morou. Uno de ellos fue la pésima relación que tenía con su marido.Las pericias que se hicieron en el departamento arrojaron un dato clave: el cable del equipo de música que según la mujer había entrado en cortocircuito, en realidad se había quemado desde afuera hacia adentro. Eso quiere decir que el fuego no salió del mismo cable, sino de otro sector del departamento.Y hubo un elemento más. Al analizar los llamados que Morou hizo el día del crimen, los investigadores pudieron establecer que la mujer había llamado a la ambulancia recién una hora después de que su marido había resultado gravemente herido por el fuego.Con todos esos elementos en la causa, el juez ordenó la detención de Morou, que hoy podría ser indagada como imputada por el asesinato de su esposo.

13 jun 2011

Sabine Radmacher: "La Asesina de Lörrach"


Sabine Radmacher nació en Lörrach (Alemania) en 1969. Fue una hija modelo y una estudiante destacada. Nunca tuvo problemas y se distinguía por ser una joven responsable y metódica. Estudió Leyes y se graduó con buenas calificaciones. A los 30 años se casó con Wolfgang, otro abogado, con quien cinco años después procreó un hijo.

La vida de Sabine parecía idílica. Tenía un buen trabajo, un matrimonio estable y un círculo social amplio. Nada empañaba un horizonte que se antojaba promisorio.

Luego, problemas conyugales comenzaron a fracturar su ordenada vida. Desarrolló un problema patológico de celotipia y atormentaba a su esposo con sus constantes reproches. Finalmente, Wolfgang no soporto los celos enfermizos de su mujer y le pidió el divorcio.

Fue una separación dolorosa. La conducta de Sabine cada vez se volvía más caótica. Tuvo fuertes problemas económicos y empezó a beber. Constantemente tenía enfrentamientos con su ex marido, principalmente por motivos relacionados con el hijo de ambos.

El problema llegó a tal extremo, que Wolfgang consiguió la custodia del pequeño. Sabine estaba desesperada por perder a su hijo. Pero sus súplicas no hicieron mella en el hombre a quien había estado tan unida. Una depresión terrible se adueñó de ella. Sabine consiguió una pistola de bajo calibre. Planeaba suicidarse. Ya no soportaba seguir viviendo.

Todo estalló el domingo 19 de septiembre de 2010 en la localidad alemana de Lörrach, en el sur del país, donde Sabine y su ex esposo vivían. Sabine decidió que no moriría sola. A las 15:00 horas, tomó la pistola y un cuchillo, y se dirigió al edificio de departamentos donde su ex esposo vivían con su hijo de cinco años. Wolfgang la recibió con un notorio fastidio. Ella le pidió que le regresara al niño, pero Wolfgang se negó. Discutieron otra vez. Cuando la pelea subió de tono, Wolfgang le pidió que se marchara. Pero Sabine sacó la pistola y le disparó.

Wolfgang cayó al suelo, herido de muerte. Ya no se levantó. El niño había visto todo y lloraba desesperadamente. Sabine tomó entonces su decisión: apuntó contra su hijo y disparó de nuevo, matándolo también. Luego le prendió fuego al departamento.

Salió de allí, presa ya de un frenesí homicida. Poco después de salir, una explosión causada por el gas destruyó el departamento incendiado y dañó todo el edificio. Sabine Radmacher se dirigió entonces al Hospital St. Elisabethen; eran las 16:00 horas.

Entró al área de Ginecología enarbolando la pistola y un cuchillo que había tomado de la casa de su ex esposo. Un enfermero la vio y se acercó a ella; Sabine le disparó en varias ocasiones, hiriéndolo de muerte. Lo remató a cuchilladas. Luego recargó el arma.

Sabine siguió su recorrido por los pasillos del hospital. La gente huía al verla. Hirió con el cuchillo a un anciano que estaba en una silla de ruedas. Disparó contra más personas, hiriéndolas también.

Un guardia del hospital trató de enfrentarla, pero Sabine le disparó. Para entonces, la policía iba en camino. Sabine se atrincheró cerca de la entrada principal del hospital. Cuando los agentes llegaron, Sabine los recibió a balazos. Comenzó entonces un enfrentamiento que duró varios minutos.

La abogada no dejaba de dispararles, recargando cada vez que se le agotaban las balas. Trató de refugiarse luego en una de las habitaciones, pero los policías entraron arriesgando sus vidas y la abatieron en el pasillo del hospital. Trescientos agentes estaban en el lugar.

El hospital parecía un campo de batalla. Había gente herida, cadáveres, casquillos, sangre. Los gritos se escuchaban por doquier, gritos de terror y dolor. Habían pasado cuarenta minutos desde el momento en que el departamento de Wolfgang había explotado.

Poco después, los medios de información de todo el mundo difundieron la noticia del ama de casa alemana que había emprendido una ruta de muerte en aquella tarde soleada. La policía alemana dio una conferencia de prensa para ofrecer la versión oficial de la matanza.

Los bomberos y la policía rescataron del edificio en llamas donde comenzó el drama, a seis adultos y un niño, mientras que un total de quince personas necesitaron atención médica. La noticia dio la vuelta al mundo.

Sabine Radmacher se convirtió inmediatamente en una de las pocas asesinas en masa existentes, el mejor ejemplo de una mujer desesperada, decidida a terminar con todo, sin importar las consecuencias de su sangrienta travesía.

Lynette “Squeaky” Fromme y Sara Jane Moore




1975, Sacramento, California (Estados Unidos): Lynette “Squeaky” Fromme, una acosadora de celebridades que forma parte de “La Familia”, el grupo de seguidores de Charles Manson, intenta matar al presidente Gerald Ford el 5 de septiembre. Para ello apunta con una pistola contra él durante un evento público; va vestida de monja con un hábito rojo. Sin embargo, aunque la pistola está abastecida, no se encuentra cargada. Es detenida de inmediato por agentes del Servicio Secreto. Se le sentencia a prisión perpetua. Diecisiete días después, el 22 de septiembre, Sara Jane Moore lo intenta también: apunta contra Ford y dispara, pero la intervención de un ex marine, quien le golpea el brazo, provoca que falle el disparo. Es detenida, juzgada y condenada a prisión perpetua. Se escapa de la cárcel en 1979, es recapturada y finalmente se le libera en 2008.

Charlotte Corday



1793, París (Francia): Charlotte Corday asesina a cuchilladas al activista, periodista y político Jean-Paul Marat, mientras toma un baño de tina en su domicilio. Por esta acción, cientos de adversarios de los jacobinos son ejecutados. Corday es juzgada y sentenciada a muerte. Se le guillotina poco después.

Teresa Lewis


Teresa Lewis se encontraba en el corredor de la muerte desde 2003, cuando se declaró culpable de haber ordenado a dos hombres, uno de ellos su amante, que asesinaran a su marido y su hijastro.

Teresa Lewis se convirtió en la primera mujer ejecutada en Estados Unidos desde 2005, tras recibir una inyección letal en la prisión de Greensville, en Virginia, donde ninguna mujer había sido condenada a muerte desde 1912.

Una intensa campaña que pedía clemencia por la supuesta discapacidad intelectual de la presa no logró impedir que las autoridades del centro correccional aplicaran la inyección letal a Lewis, la duodécima mujer ejecutada en el país desde que se restauró la pena de muerte, en 1976.

Lewis, de 41 años, fue ejecutada como estaba previsto, tras pasar su último día en una celda sin ventanas, vigilada exclusivamente por mujeres, y reunirse con sus abogados, su hijo, su hija y su nieto de un año.

Una cena alta en calorías, compuesta por dos pechugas de pollo frito, guisantes con mantequilla, soda "Dr. Pepper" y tarta de chocolate alemana o pastel de manzana, fue su última voluntad, según los funcionarios de la prisión.

Lewis se encontraba en el corredor de la muerte desde 2003, cuando se declaró culpable de haber ordenado a dos hombres, uno de ellos su amante, que asesinaran a su marido y su hijastro, Julian y Charles Lewis, en 2002.

Sus abogados mantuvieron hasta el último momento que su coeficiente intelectual, de 72, rozaba el límite legal del retraso mental, situado en 70, lo que le impedía planear una estrategia asesina y la convertía en víctima de la manipulación de uno de los autores materiales del crimen.

Las casi 4.000 peticiones de indulto que llegaron en los últimos meses a la oficina del gobernador de Virginia, Robert McDonnell, procedentes en su mayoría de grupos de salud mental, pero también de representantes de la Unión Europea e incluso del escritor John Grisham, no impidieron que el político rechazara revisar su condena.

Tampoco pudieron convencer a los miembros del Tribunal Supremo, que el martes desecharon una apelación para que se le conmutara la sentencia por la de cadena perpetua, el último recurso de los abogados de Lewis.

Pese a que los dos hombres que cometieron los asesinatos obtuvieron la cadena perpetua, la acusación consideró que fue ella quien planeó el crimen a sangre fría y con el objetivo de quedarse con el dinero del seguro de vida de sus familiares, por lo que merecía una sentencia más severa que la de sus cómplices.

"Teresa Lewis es la persona más malvada que he conocido", aseguró a la prensa local David Grimes, fiscal del condado de Pittsylvania. "No encontrarás a nadie que la conociera antes de los hechos y que pensara que era retrasada mental o que podía serlo".

Su abogado, James Roncap, insistió esta semana en que uno de los cómplices de la acusada había reconocido que la convenció de que había que asesinar a su marido, y que Lewis padecía un trastorno de personalidad que la hacía dependiente.

Lewis, que repitió a los medios que lamenta profundamente sus crímenes, se convirtió en los últimos años en consejera para otras mujeres en la prisión de Fluvanna, donde estuvo recluida hasta el sábado.

Esta mañana, Lewis explicó a la emisora de televisión local WTVR que se encontraba reconfortada por su fe y por el canto de himnos religiosos.

"Tengo la esperanza de que algo cambiará. Pero si he de ir junto a Jesús, sé que será lo mejor", declaró.

En Virginia, el estado que cuenta con más ejecuciones después de Texas, ninguna mujer había sido ejecutada hasta hoy desde que Virginia Christian, una sirvienta negra de 17 años que había matado a su patrona, murió electrocutada en 1912.

Casi un siglo después, los métodos han cambiado, pero 52 mujeres siguen esperando la fecha de su ejecución en Estados Unidos, donde hay alrededor de 3.260 presos en el corredor de la muerte.