16 oct 2012

Anna Maria Zwanziger


Nacida como Anna Schönleben- nació el 7 de Agosto de 1760 en Nuremberg (Alemania). No se sabe nada a cerca de su infancia y primera juventud, aunque trascendió que se había casado con un hombre que era alcohólico. Se quedó viuda en el año 1800, a los cuarenta años, cuando su marido murió a consecuencia de su afición a la bebida, posiblemente por cirrosis. 

No obstante, antes de morir su marido dilapidó la herencia que Anna había aportado al matrimonio ya que quedó huérfana antes de casarse, dejándola prácticamente en la indigencia. Intentó trabajar en una fábrica de juguetes cercana a su domicilio, aunque la acabaron rechazando tras dos semanas puesto que era más lenta que las niñas que podían trabajar por la mitad de sueldo. 

Entonces, comenzó a pedir trabajo en el servicio doméstico con la esperanza de, tal vez, encontrar un nuevo marido. Su primer trabajo en este aspecto fue en la casa de un juez, el juez Glaser. El juez Glasser en aquel momento necesitaba a alguien en su casa puesto que se hallaba separado de su mujer, aunque en la época que Anna comenzó a trabajar en su casa estaban iniciando conversaciones para solucionar sus problemas. 

En un intento porque esa reconciliación no llegase, Anna echaba pequeñas dosis de arsénico en el té que le preparaba a ella cuando venía a conversar con su marido. Unas visitas más tarde, la mujer del juez comenzó a sentirse enferma y moriría posteriormente en su propia casa entre grandes dolores estomacales. No obstante, el juez Glasser se sintió muy dolido por esta muerte y decidió no volver a casarse, para desgracia de Anna Maria. 

Tras intentar que reconsiderase su idea, Anna acabó suplicándole que se casase con ella, a lo que el juez Glasser no sólo no accedió, si no que decidió despedirla. Como había tratado con varios jueces a lo largo de su estancia en la casa de Glasser, acudió a casa de otro juez a pedirle trabajo. 

El juez Grohmann la aceptó, en parte porque le daba pena ya que había trabado cierta amistad con ella en su anterior trabajo y sabía de su penuria económica, y en parte porque no estaba satisfecho con su actual sirvienta, a quien despidió inmediatamente. 

Anna Maria se alegró sobremanera, puesto que el juez Grohmann estaba soltero a la sazón. Sin embargo, poco después de su entrada en aquella casa, Anna vería truncadas sus esperanzas cuando el señor Grohmann le anunció que contraería matrimonio el verano siguiente. Despechada, esa misma noche le sirvió a su patrón un plato de sopa cargado de arsénico; el juez moriría agónicamente horas después. 

También intentó envenenar a los dos jardineros de la propiedad con quien estaba enemistada, aunque éstos correrían mejor suerte que su señor. Tras quedarse nuevamente sin trabajo, decidió visitar a otro juez, el juez Gebhard, quien estaba muy a menudo en casa de su compañero Grohmann y quien simpatizaba con Anna Maria. 

Decidió contratarla por descargar algo de trabajo a su ama de llaves, quien ya se estaba haciendo muy mayor (se cree que en aquella época contaba con unos 85 años) y llevaba toda su vida trabajando para la familia Gebhard. Nuevamente, la esposa de su jefe copmenzó a tener graves problemas de salud de forma sorprendente, y fallecería tan sólo diez días después de la llegada de Anna a la casa. 

El juez Gebhard comenzó entonces a pensar que era demasiada coincidencia que en cada casa en la que Anna Maria empezaba a trabajar comenzasen a su vez a producirse muertes. Poco después de la muerte de la señora de la casa dos sirvientes empezaron a tener problemas de salud similares, e incluso el hijo pequeño del juez mostró síntomas similares. 

Los empleados sobrevivieron, aunque el niño murió una noche tras haber merendado una única galleta; galleta preparada por Anna Maria y que estaba “aliñada” con arsénico. Examinando los restos de comida de la servidumbre, el juez notó la presencia de arsénico. Cuando fue a hablar con Anna Maria ésta ya había desaparecido. Como precaución, antes de avisar a la policía y poner a Anna en busca y captura, el juez examinó los alimentos de la despensa. 

El tiempo demostró que eso fue un acierto: Anna había dejado arsénico tanto en la sal como en el azúcar, lo que hubiese causado más envenenamientos aún estando ella ausente. Tras una búsqueda complicada por toda Alemania fue apresada en Octubre del año 1809. En los interrogatorios (que se extendieron a lo largo de varios meses) Anna Maria confesó su culpabilidad y relató con asombrosa calma todas las muertes y envenenamientos que había causado. Fue condenada a muerte. Finalmente, el 17 de Septiembre de 1811 fue conducida hasta la guillotina. Antes de ser decapitada el verdugo le preguntó si quería decir las últimas palabras. 

Ella no mostró arrepentimiento, diciendo que volvería a hacerlo sin dudarlo y que era una suerte que la guillotinasen porque probablemente nunca hubiese dejado de emplear a su “mejor amigo” que es como llamaba al arsénico.

Kate Bender


La familia Bender era una familia compuesta por un matrimonio (John y Marli) y sus dos hijos, Kate y John. Eran de origen alemán y llegaron a Estados unidos en torno a 1870. Se establecieron en el condado de Labette (en Kansas), lugar donde abrieron una pequeña tienda de comestibles y una posada. Cartel ofreciendo una recompensa por la captura de la familia Como John (el patriarca) no fue capaz de aprender inglés correctamente, necesitaba a su hija para poder llevar los negocios. 

Pronto la joven Kate, una muchacha muy guapa y con gran don de gentes, se proclamó curandera y medium. Una vez cerraban la tienda, la joven Kate atendía a los clientes en el salón de su casa. Dicha habitación estaba dividida al medio por una gran cortina, que era el lugar donde la joven ejercía de “intermediaria con los muertos”. Cada vez que llegaba un cliente rico, lo pasaban inmediatamente a esa habitación, a veces en detrimento de la gente que podía llevar horas esperando su turno. Mientras Kate distraía a los clientes, John o su hijo se acercaban sigilosamente por la espalda de la víctima y de un martillazo acababan con su vida. Posteriormente degollaban metódicamente a cada víctima para asegurarse de su óbito. 

Una vez asegurados de que el “cliente” estaba muerto, lo enviaban al sótano a través de una trampilla camuflada en el suelo, donde más tarde desnudarían el cadáver, se apropiarían de todo lo que tuviese el mínimo valor y luego lo enterrarían, generalmente en el jadín. En la primavera de 1873 llegó un cliente bastante acaudalado a la posada. Era el doctor William York, quien se encontraba de viaje desde el cuartel de Fort Scott hacia su casa. Le había dicho a su hermano que lo más probable es que parase en esa posada a descansar, ya que le habían hablado bien de ella. Sin embargo, nadie volvió a ver al doctor York. Intrigado por su desaparición, el hermano del doctor, el coronel Edmund York se presentó en la posada la tarde del día 4 de Mayo de 1873. 

Una vez allí, les preguntó si habían visto a su hermano, pregunta a la que la familia Bender al completo respondió diciendo que no. Como era tarde, el coronel decidió quedarse allí esa noche. Se encontraba fumando con su pipa en el salón después de cenar cuando de repente observó una cajita de oro que le resultaba vagamente familiar. La abrió y se encontró con las fotos de su cuñada y su sobrina. Inmediatamente salió de la posada para regresar al día siguiente con el alguacil y varios militares, pero encontraron el lugar vacío; los Bender habían huído. 

Comenzaron entonces a registrar la propiedad y se encontraron con doce montículos entre unos arbustos. En aquel luigar había al menos doce cuerpos. Por supuesto, el hermano de Edmund también estaba; de hecho, estaba sepultado cabeza abajo y con los pies casi a la vista. No se sabe a ciencia cierta qué ocurrió con la familia Bender. Uno de los grupos de búsqueda que se organizaron (aprovechando el rango militar de Edmund York) dijo haberlos encontrado. 

Según narra el documento, fusilaron al matrimonio y al hijo, mientras que a Kate la quemaron viva. De todos modos, la búsqueda prosiguió durante casi cincuenta años, hasta la muerte del coronel York, y se ofrecían recompensas por su captura.

 Se detenía a toda pareja de mujeres que viajasen solas, aunque nunca se supo que se hallase a Kate y a su madre. Incluso se llegó a enviar a dos mujeres desde Detroit acusadas de ser ellas; sin embargo, nunca fueron juzgadas.

Mary Lee Orsini


11 de agosto de 2003

Mary "Lee" Orsini, la mujer de North Little Rock que estaba cumpliendo cadena perpetua por el asesinato en 1982 de Alice McArthur de Little Rock, murió de un aparente ataque al corazón la madrugada del lunes, el Departamento de Correcciones portavoz Dina Tyler confirmado. 

Estaba a menos de una semana de su cumpleaños 56. Orsini, una reclusa de la Unidad del departamento McPherson cerca de Newport, se quejó de dolores en el pecho aproximadamente a 1:45 am.

En la enfermería de la prisión, un ECG se realizó y se le dio la nitroglicerina, dijo Tyler. Cuando sus síntomas empeoraron, fue llevada a un hospital de Newport, donde los médicos de urgencias declaró muerta a las 3:49 am .

La autopsia se llevará a cabo por la Oficina del Médico Forense del estado. Tyler dijo Orsini no tenía antecedentes de enfermedades del corazón. 

Alice McArthur era la esposa de un abogado llamado William C. "Bill" McArthur, que había representado a Orsini en una investigación sobre la muerte a tiros en 1981 de su esposo, Ron Orsini. 

Alice McArthur fue muerta a tiros en su casa Pleasant Valley 2 de julio de 1982 por Eugene "Yankee" Hall y Larry McClendon, quien se hizo pasar por repartidores floristería. 

El 2 de julio de 1982, por la tarde, Alice fue encontrada muerta a tiros en su casa del oeste de Little Rock. Esa tarde, cerca de las 4:20 pm, un vecino vio un automóvil sin placas en la entrada de la víctima. Observó a un hombre negro, llevando flores, era Larry McClendon, uno de los cómplices. Entonces vio que el conductor del coche, un hombre de raza blanca, sal del coche y caminar hacia la puerta. El hombre blanco era Eugene "Yankee" Hall, el otro cómplice.

Orsini fue declarada culpable de contratar a Hall y McClendon, para asesinar a Alice,  fue declarada culpable del asesinato de su marido también.

Stacey R. Wallace Castor


30 de Enero de 2009

Stacey Castor una mujer de 41 años de edad y residente en Syracuse (Nueva York) está siendo enjuiciada por las muertes de dos ex esposos e intento de asesinato contra una hija suya. 

La acusada niega los cargos, pero si el jurado la declara culpable enfrenta dos cadenas perpetuas consecutivas. Los fiscales dijeron al jurado que el caso es digno de una de las mejores películas de terror de Hollywood. Castor, según los fiscales, envenenó a David Castor y Michael Wallace con una veneno tóxico que presuntamente ella misma hizo mezclando etileno glicol, alcohol y pastillas. El veneno, similar al cianuro, es uno de los más rápidos y mortíferos en los humanos. David fue hallado muerto el 25 de agosto del 2005 y fu acusada por la muerte de Michael en septiembre del 2007. 

Los fiscales sugieren que ella también trató de matar a su hija Ashley Wallace de dándole otra mezcla con vodka y una sobredosis de medicamentos recetados. Está acusada de asesinatos en segundo grado e intento de homicidio, lo que le sumaría otros 25 años a una posible sentencia de por vida en la cárcel. Ella se defendió en la corte diciendo que la muerte de su primer esposo fue un “suicidio” y la del segundo de un “ataque al corazón”, pero los acusadores sostienen que pruebas forenses comprobaron que se trató de muertes por envenenamiento. El veneno utilizado supuestamente por la mujer es usado por los fabricantes de anti congelantes y es una sustancia química altamente tóxica. 

Después que los médicos diagnosticaron que Wallace falleció de un ataque cardíaco, fiscales del condado Cayuga, exhumaron sus restos para un segundo peritaje forense y hallaron el veneno en su sangre y médula, determinando que había muerto por la ingestión de etinglelicol. -¿Mataste a David Castor por intoxicación con anti congelante?, le preguntó a la mujer su abogado defensor Charles Keller. -Absolutamente no”, respondió la acusada, agregando sin emoción que “amaba” profundamente al difunto. 

La misma respuesta la dio cuando el mismo abogado la interrogó acerca de la muerte de Wallace y el intento de asesinato contra su hija. La hija testificó ante el jurado que después de la exhumación de los restos de su padre, la madre la invitó a beber para que celebraran la entrada de la muchacha a la universidad. Al denegar que tratara de matar a la hija la señora Castor dijo que sufrió un ataque de histeria cuando se enteró que su vástago quería “suicidarse”. 

 El juicio prosigue hoy viernes en la Corte Suprema de Syracuse al Norte del estado de Nueva York.

Sharon Lynn Douglas Nelson


Sharon Lynn Fuller Douglas Nelson Harrelson es una viuda negra que se caso con muchos hombres, pero solo amo a uno. 

El matrimonio para Sharon era una salida. Una forma de salir de la casa de los padres que era una "prisión" religiosa, ya que creció en un estricto hogar Adventista del Séptimo Día y odiaba cada minuto de vivir ahí, ya que eran largas jornadas charlando con señoras de la iglesia. 

Ella se casó con Michael "Mike" Fuller. Mike era un joven ministro de la iglesia Adventista del Séptimo Día, por lo que Sharon, en cierto sentido, su vida como esposa no es muy diferente a la de su infancia, siendo hija de un ministro. 

El matrimonio era también un medio para un fin de Sharon. Un medio para autos nuevos joyas, y una casa en la montaña con valor de $ 100.000 y 2 hijos En poco tiempo Sharon estuvo involucrado en los "asuntos intensos", una vez con un miembro de la congregación de su marido en Carolina del Norte, dando lugar a que su familia se mudara a Colorado. 

La medida, sin embargo, hacen muy poco para frenar los deseos de la carne, Sharon se divorciaron Mike, pero directamente cae en los brazos y termina casada con el Dr. Perry Nelson, un optometrista en Rocky Ford, Colorado. 

En poco tiempo, este segundo matrimonio también se producen dos niños, pero la madre de ahora cuatro hijos, todavía no podía controlar sus deseos ninfimanos, y termino con otro hombre llamado Gary Starr Adams, quien era un ignorante, típico campesino de Colorado, de aspecto tosco, fue el único hombre que realmente amo.. y es indiscutible que su amor fue devuelto incondicionalmente. 

Pero Gary no pudo proporcionar Sharon el estilo de vida que ella quería. 

Él no tenía influencia o dinero, así que Gary tuvo que conformarse con ser sólo un amante, secreto y de lejos. El Dr Perry estaba harto de Sharon, pero ella no iba a desaparecer en silencio y con las manos vacias, los rumores de divorcio nacieron, Sharon convenció a su amante para matar a su marido. De esta manera, ella podría mantener a los niños y el dinero, y podían estar juntos. Gary fue quien asesino al Dr. Nelson, y Sharon quedó con el dinero y los niños. Pero Gary siguió siendo sólo una cama caliente para Sharon. 

Entonces conoció y se casó con el bombero Glen Harrelson. Además de la garantía financiera que ofreció Sharon, realizó también un seguro de vida considerable. Así que cuando este matrimonio comenzó a deteriorarse al igual que los otros, Sharon llamó a su amante de la montaña una vez más para "rescatarla" 

Esta vez, sin embargo, las cosas no salieron según lo planeado y lo que se supone que se vea como una muerte accidental fue declarado legítimamente un homicidio. Sharon sabía que estaba en problemas. 

Sentada en un Pizza Hut en Denver, Sharon se había citado con Gary, pero los detectives de homicidios no eran idiotas. Después de algunos meses de investigación, fue atrapada y condenada, su posible libertad condicional podría ser en 2029. 

Gary Adams actualmente se encuentra en una cárcel de Colorado. El no será elegible para libertad condicional hasta que cumpla 87.

Tiana Browne


Tiana Browne, tenía 15 años, cuando fue arrestada usando los tenis que le quitó a su prima luego de propinarle 49 puñaladas en el cuello con cuchillo de la cocina. Shannon Braithwaite, de 16 años, era una estudiante en la Escuela de Vanguard a quien le encantaba bailar, fue encontrada en un charco de sangre por su madre después de que la señora regresara de la iglesia, las había dejado solas. 

La tía de Tiana, la había "adoptado", por que era una adolescente llena de problemas, pero no salio bien y le pidió a la madre de Tiana que se hiciera cargo de ella, ya que la tía no podía controlarla. 

Browne, quien enfrenta cargos por homicidio en segundo grado, confeso el crimen y también le quitó el celular, una cámara y un MP3 a la víctima. 

 Fue condenada a cadena perpetua en 2008, tiempo después el Juez declaro Nulo el juicio por que el testigo clave, tenía antecedentes penales.

Helen Patricia Moore



En mayo de 1979, en los suburbios del oeste de Sydney, de 17 años, Helen Patricia Moore asesino sofocando a Suzanne McIntosh, su prima de 16 meses a quien cuidaba, Helen era su niñera. La muerte de Suzanne, la dictaminaron como muerte súbita. 

En enero de 1980, Moore intentó sofocar otro niño, 12 meses de edad Vaughan Nicholas, que tenia a su cargo, ella lo dio por muerto y volvió al sillo a ver la televisión tranquilamente. Un rato más tarde, el bebé empezó a llorar, ella llamó a la ambulancia y el niño se recuperó por completo. 

A pesar de este último incidente sospechoso, los puestos de trabajo de niñera seguían llegando y en 01 de febrero 1980 Helen termino sofocado a un pequeño de dos años llamado Aaron Crocker, con una almohada, una vez más no terminar el trabajo correctamente. Pero Aaron sobrevivió pero quedó ciego y paralizado y murió varios años más tarde, como resultado del ataque. Unas semanas más tarde el 24 de febrero de 1980, Rachel de 2 años murió mientras estaba bajo el cuidado de Helen Moore. 

En marzo de 1980, el hermanito de siete años de edad de Helen Peter fue encontrado muerto en el fondo de la escalera en la casa familiar, sólo entonces su madre Jesse logro darse cuenta de que algo pasaba. Llamó a la policía y toda la historia salió, logrando la confesión de Helen de los asesinatos de los otros niños.  

El juez le dictamino cadena perpetua, pero 13 años más tarde apelo, y en 1993 Helen fue dejada en libertad.

15 oct 2012

Susana Manzano de Bustamante

Una mujer argentina mató a su hija de 17 años porque creía que estaba poseída por el demonio y fue capturada cuando se dirigía a una capilla junto a un menor al que consideraba "un enviado de Dios". 

El caso de Susana Manzano y su hija Jorgelina Bustamante conmocionó a la ciudad de Necochea, a unos 500 kilómetros de Buenos Aires, en la costa atlántica, y provocó también la detención de una parapsicóloga como presunta instigadora, informó hoy un diario local. 

Según el matutino de Necochea Ecos diarios, la parapsicóloga es sospechosa de "ejercicio ilegal de la medicina, usurpación de títulos e instigación al delito". El crimen ocurrió el pasado viernes, pero no trascendió hasta hoy, cuando los medios locales publicaron los macabros detalles de lo que la policía encontró en la humilde casa de la familia. 

Antes, habían detenido en la calle a una mujer que caminaba cubierta solo por una bata y una colcha ensangrentadas, acompañada por un niño y que parecía tener sus facultades mentales trastornadas. Cuando fue detenida, la mujer dijo que se dirigía a un templo cercano a entregar al párroco los ojos de su hija para que los bendijera, pero, según Ecos Diarios, no los tenía consigo, porque los perdió en el camino. En la cocina de la vivienda familiar los agentes encontraron en medio de un charco de sangre el cadáver de Jorgelina, con una soga en el cuello, sin globos oculares, un hierro insertado en la vagina y la cara y la cabeza destrozadas a golpes, además de señales de puñaladas y golpes por todo el cuerpo. 

 Según Ecos Diarios, la policía cree que el crimen de Jorgelina fue consecuencia de un ritual de purificación, pues en la casa se hallaron fotos rotas y otros elementos que se utilizan en estos casos, como una cantidad importante de algodón. La madre relató a la policía que la víctima "estaba poseída por el demonio" y que el menor que la acompañaba, de 10 años, era un "enviado de Dios". 

 El padre de la joven asesinada no se encontraba en casa cuando se produjo el crimen, pues trabaja en otra ciudad durante la semana, pero si estaba la abuela paterna de Jorgelina. Desde el mismo momento en que se conoció el hecho, la investigación se orientó hacia un posible "delirio místico". En ese contexto se detuvo como sospechosa a una parapsicóloga a la que Susana Manzano visitaba periódicamente, identificada por Ecos Diarios como Marita Nazar.

Ruth Marina Lemus Mestizo


Junio 28 de 2007 

Ruth Marina Lemus Mestizo fue detenida en la Avenida 7C Oeste con Calle 20, en el barrio Terrón Colorado. 

Ruth Marina Lemus Mestizo, de 36 años, estaba solicitada por la Fiscalía 21 por los delitos de homicidio en grado de tentativa, y fabricación, tráfico o porte de armas de fuego y municiones. 

 La investigación partió del atentado contra dos personas, ocurrido el 29 de septiembre pasado, en el sector del Aguacatal. Ese día dos hombres armados acribillaron a Alexánder González, de 30 años, y Orlando Cifuentes, de 28. Aunque Cifuentes recibió cuatro impactos, sobrevivió a las heridas. Sin embargo, González, socio de Lemus en una firma de bolsa de empleos, no corrió con la misma suerte y falleció por seis heridas recibidas. Pero las indagaciones llevaron el sábado pasado a los investigadores hasta un hombre identificado como Augusto Jiménez Gallego, de 26 años, alias de 'El Ñato'. Ese día fue capturado cuando se movilizaba por la vía a Yumbo. 

Una orden de captura emitida por el Juzgado Sexto Penal Municipal lo reclamaba por los delitos de homicidio en grado de tentativa, y fabricación, tráfico o porte de armas de fuego y municiones. Aunque no se ha establecido con certeza, al parecer esta captura fue clave y condujo hacia la autora intelectual. 

Las autoridades develaron que él fue uno de los dos que accionó las armas contra González. Sin embargo, también detectaron que habían recibido un millón de pesos por intermedio de un tercero, a quien a su vez la señora Lemus había pagado cinco millones de pesos para que asesinaran a su socio. 

 “Un día consideró que ella podía tener su negocio propio, parece que esa fue la razón”, dijo el general Gómez, quien también aseguró que ella se desempeñaba como presidenta de una junta de acción comunal de Cali.

Rasema Handanovic

El Tribunal de Crímenes de Guerra de Sarajevo ha sentenciado a Handanovic, asesina en serie de confesión musulmana, a 5 años de prisión por la liquidación de 18 civiles y 8 militares croatas en la población de Trusina (Herzegovina) en abril de 1993. 

La asesina, que mató sin piedad a indefensos civiles, ha visto reducida su condena por haber colaborado con la justicia musulmana de su país, mostrar “arrepentimiento” y confesar sus crímenes. Handanovic, miembro de las Fuerzas Musulmanas de Bosnia y cierta unidad “especial”.. experta en matanzas y torturas varias, emigró a Estados Unidos y obtuvo la nacionalidad de ese país en el que vivió con gran tranquilidad hasta que fue detenida y extraditada en abril 2011. 

Curiosamente, el arrepentimiento por sus atroces crímenes le sobrevino inesperadamente, justo después de ser detenida. No es sorprendente que Handanovic , criminal de la peor especie que había enviado a mejor vida a muchos cristianos, decidiera comenzar una nueva y grata existencia en el país que bombardeó Belgrado, colaboró en la desmembración de Yugoslavia y engendró la república narco-musulmana de Kosovo, un sumidero mahometano donde se ha procedido al despiece de serbios para vender sus órganos al mejor postor.

Stella Maris Díaz


Un hombre sufrió quemaduras en su rostro y en el tórax tras haber sido rociado con perfume y prendido fuego en una casa de la localidad bonaerense de Del Viso, partido de Pilar. Por el hecho fue detenida su ex esposa, cuyos familiares sostenían ayer que la Justicia había impuesto al hombre una restricción para acercarse a ella. 

 La víctima fue identificada por la policía como Carlos Blandes, de 47 años, quien se encuentra internado en observación en un centro asistencial, con quemaduras en el 14% de su cuerpo. Fuentes policiales y judiciales informaron a la agencia Télam que el hecho ocurrió el jueves último, cerca de las 21, en una casa situada en la calle Argerich 1444, en el barrio Villa del Carmen, Del Viso. En esa vivienda residía la ahora acusada, Stella Maris Díaz, de 43 años, que se había separado de Blandes hacía unos seis meses. 

En el mismo terreno también vive la madre del hombre. Según las fuentes, la noche del hecho Blandes llegó hasta ese lugar aparentemente a visitar a su madre, pero comenzó a discutir con su ex esposa. 

En ese contexto, fue rociado con perfume para la ropa y prendido fuego con un encendedor, según dijeron los informantes. Díaz fue luego detenida y quedó a disposición del fiscal de Pilar Gonzalo Acosta, que ya le tomó declaración indagatoria por el delito de tentativa de homicidio. 

 Voceros judiciales consultados por Télam precisaron que la mujer no respondió preguntas, aunque sostuvo que no había querido matar a Blandes, sino "asustarlo". Los investigadores creen que la acción contra Blandes que se atribuye a Díaz fue impulsiva y no premeditada, y que intentó auxiliar al hombre cuando éste se quemaba. 

En tanto, un sobrino de la mujer detenida, que se excusó de dar su nombre, dijo a Télam que sobre Blandes pesaba una "restricción de la Justicia y no podía acercarse a la casa de ella", cuestión que el fiscal Acosta aún procura acreditar.

Laurie Lee Kelly

Una mujer fue encarcelada por dejar a su hija de seis años con dos mendigos para poder ir a buscar con quién tener relaciones sexuales en Mesa, Arizona, informó The Daily Mail. 

 Laurie Lee Kelly, de 43 años, habría entregado latas de cerveza a los dos hombres como incentivo para que cuidaran a su hija mientras ella estaba ausente. 

Kelly dijo a los investigadores que "necesitaba tener sexo" cuando dejó a su hija en el Evergreen Park. La menor permaneció cuatro horas con los extraños. 

La mujer fue arrestada el martes bajo sospecha de abuso de menores. Kelly, quien trabaja como asistente de profesor de escuela, dejó a su hija a la intemperie bajo el extremo calor de Arizona sin agua ni comida, reportó The Daily Mail. 

La razón por la cual la mujer "necesitaba tener sexo" era para ganar unos billetes de más. Este diario británico destacó que los testigos dijeron que muchas personas se turnaban para vigilar a la niña. 

Encarnación Jimenez


Encarnación Jiménez Moreno, de 38 años de edad y etnia gitana sería conocida como la “mataviejas” por el robo a 20 ancianas que estaban solas en su domicilio y por acabar con la vida de dos de sus víctimas, tras apalearlas, amordazarlas y asfixiarlas.

La vida de Encarnación Jiménez transcurre como la de cualquier ama de casa normal. Esta mujer vive con tres de sus cinco hijos en el barrio de Hortaleza. Su marido trabaja como albañil y ella se dedica a cuidar del domicilio familiar. 

Hasta ahí, una familia madrileña más, pero la realidad es diametralmente opuesta. Detrás de esta vida pública de Encarnación Jiménez se encuentra una de las supuestas ladronas y asesinas más peligrosas y prolíficas que se recuerdan en los últimos años en España. Su forma de trabajar incluye una violencia desmesurada con sus víctimas: destacan palizas por todo el cuerpo, rotura de varios huesos y amenazas de muerte. 

Según la policía, Jiménez espació mucho sus robos. Al principio cometió un asalto cada cuatro o cinco días, pero después, al sentirse segura, los incrementó hasta realizar dos diarios. Los primeros robos y agresiones resultaban inconexos, lo que dificultó, según los investigadores, su detención. Pero conforme aumentaba su autoconfianza se descubrió que utilizaba la línea 5 del metro (Canillejas-Casa de Campo) para desplazarse, lo que puso en jaque a la policía madrileña. Siempre trabajaba de la misma manera. 

Acudía a los edificios más antiguos de barrios donde viven personas mayores. Con la excusa de vender joyas o ropas entraba en los edificios. Subía al último piso y bajaba por las plantas hasta que encontraba a su víctima. Entonces las engatusaba para que abrieran la puerta. A veces simulaba ataques de tos o pedía fuego para fumar. Cuando la anciana abría, le preguntaba si estaba sola y pedía incluso que saliera un familiar para que la asesorara en la eventual compra. Si su víctima decía que estaba sola, comenzaba a actuar. Primero las asestaba un fuerte empujón contra la pared. Las llevaba hasta la última habitación del piso para que no las oyera nadie. En el trayecto, según la versión oficial, les propinaba todo tipo de golpes e insultos. Después dejaba tiradas a sus víctimas en el suelo y las amordazaba con sus propias ropas o con otras que cogía de los armarios de la casa. Antes las sometía a un arduo interrogatorio para saber dónde guardaban las joyas y objetos de valor, incluido el dinero en efectivo. 

En alguna ocasión fracturaba algún miembro de las ancianas, como ocurrió en un asalto en la plaza de Bami (Ciudad Lineal), cuando una octogenaria sufrió fractura abierta de tibia y peroné después de que Jiménez le partiera, supuestamente, la pierna con el canapé de la cama al negarse la víctima a confesar dónde estaban los objetos de valor. El primer crimen lo cometió el 18 de abril, cuando la condenada se abalanzó sobre su víctima María Iribarren Gallues, de 97 años, en el centro de Madrid, a quién amordazó tapándole la boca con el vestido de una muñeca. Tras ello, le ató las manos a la espalda y los pies con prendas de vestir, provocando así su muerte por asfixia. El segundo crimen lo realizó el 8 de julio de 2003, cuando llamó a la puerta de un domicilio asegurando que vendía joyas. Así, entró en el piso y ató a la anciana de pies y manos con una blusa, unos calcetines y un cinturón. 

También le anudó un pantalón de pijama alrededor del cuello, lo que ocasionó su muerte por asfixia. Encarnación amordazaba a las ancianas con ropa que encontraba en la misma casa que asaltaba: con camisones, medias, pañuelos, calcetines, corbatas o cinturones. 

Dos de las mujeres atracadas lograran desatarse y salir a la calle a pedir auxilio cuando la encausada se dedicaba a desvalijar la casa. Sin embargo, como ladrona dejaba bastante que desear, ya que cometió bastantes errores que permitieron la imputación de 20 robos: fumaba siempre varios cigarrillos de la marca Fortuna. Perpetraba los asaltos a cara descubierta y no utilizaba guantes, por lo que ha dejado sus huellas, además de pelos, en casi todos los domicilios. “Con todas las reservas y prudencia, todo hace pensar que se trata de un trastorno antisocial o disocial de la personalidad, lo que antiguamente se conocía como psicópata”, explicaba el jefe del servicio de psiquiatría del hospital de la Princesa (Madrid), el doctor Eduardo García-Camba. 

El especialista destacaba “la frialdad, la reincidencia, la mentira y la agresividad” que utilizaba Jiménez en sus robos. “Dos detalles resultan muy importantes, como son la ausencia del sentimiento de culpabilidad y su comportamiento impulsivo. 

La Audiencia Provincial de Madrid condenó a 137 años de prisión a Encarnación Jiménez Moreno por acabar con la vida de dos ancianas y robar a otras quince en sus viviendas de la capital, en su mayoría en el barrio de Salamanca, entre abril y julio de 2003. 

En la sentencia, el tribunal considera a Encarnación, que sufre una alteración de personalidad grave, autora de un delito de homicidio, quince de robo con violencia en concurso ideal con allanamiento de morada, con la agravante de reincidencia y abuso de superioridad, diez de detención ilegal y ocho de lesiones, entre otros. Según sentencia se la condenó también a pagar 72.000 euros a los herederos de sus víctimas mortales, María Iribarren, de 96 años, y Luisa Trueba, de 64 años, por los daños morales, así como un total de 104.335 euros para las ancianas asaltadas.

14 oct 2012

Natasha Cornett




Natasha vivía en una pequeña ciudad carbonera llamada Pikeville, en el condado de Kentucky, Estados Unidos. 

Era una joven como muchas, tenía novio, amigos, amigas, asistía a la escuela, le gustaba la música gótica, punk, la moda dark, el vampirismo, el ocultismo, la brujería, como a tantos adolescentes en todo el mundo. 

Tiene trastorno bipolar, pero cuando fue diagnosticada como "peligrosamente perturbada", el sistema de salud le negó tratamiento porque su familia no tenía seguro social. Natasha decía ser "hija de Satanás". 

El 6 de abril de 1997, Natasha, junto con dos amigas y tres amigos, entre ellos su novio, cansados de ser llamados "freaks", hostigados e incomprendidos por sus compañeros de escuela, maestros y padres, se montaron en el auto (tomado sin permiso) de la familia de uno de ellos y decidieron huir del pueblo que no los quería. 

Llevaban dinero que tomaron (sin permiso) a sus padres y dos pistolas tomadas (sin permiso) de sus casas. Cuando iban camino a Nueva Orleans se detuvieron en una cafetería para comer y ahí se encontraron con una familia de Testigos de Jeová. 

El padre de familia se acercó a Natasha y le preguntó "¿Crees en Dios?", ella contestó que no, "¿por qué no?, le cuestionó Vidar Lillelid, y Natasha le dijo algo así como "porque jamás ha escuchado mis plegarias". 

Al salir del café, la pandilla de Natasha secuestró a la familia integrada por el padre Vidar, la madre Delfina, Tabitha, de seis años, y Peter, de dos, los condujeron a un paraje solitario y les dispararon hasta que se les acabaron las balas. 

El pequeño Peter sobrevivió al ataque, pero quedó ciego por la bala que le destrozó los ojos. Natasha y sus amigos subieron a la camioneta Van de los Lillelid y condujeron a través de Arizona con la intención de llegar a México, pero fueron detenidos antes de llegar a la frontera. Natasha y sus cómplices fueron sentenciados a prisión de por vida. 

Ella actualmente está recluida en la Tennessee Prison for Women y tiene 28 años. La foto es de una entrevista que le concedió a la directora del documental "Six", sobre los crímenes de Pikeville. El uniforme azul era el carcelario reglamentario de la época.

Constance Kent


En 1860, un crimen levantó en Inglaterra un torbellino de titulares como nunca se había visto y atrapó desde Conan Doyle a Henry James. Kate Summerscale lo reconstruye en «El asesinato de Road Hill».

La muerte del pequeño Saville Kent propició charlatanes, relatos, teorías y hasta un nuevo concepto de detective.El cadáver apareció degollado al fondo de una letrina, de lado, con un brazo y una pierna hacia arriba. El asesino le había cortado el cuello, de izquierda a derecha, cercenándole las venas y los conductos respiratorios, y lo había rematado apuñalándole en el cuerpo, justo entre dos costillas, con un cuchillo. 

Después de una intensa búsqueda en la casa y en los alrededores, William Nutt, un zapatero que vivía cerca, y Thomas Benger, un granjero, lo encontraron en el jardín, en un retrete reservado para la servidumbre. Saville Kent había desaparecido durante la madrugada del 30 de junio de 1860.

La familia, los empleados de la finca y los vecinos de la aldea rastreaban la zona, pero nadie lo había visto. Sólo tenía cuatro años de edad. Kate Summerscale reconstruye el primer asesinato mediático de la historia en «El asesinato de Road Hill» (Lumen). 

Un crimen que conmocionó a la opinión pública y que removió el delicado equilibro de hipocresías y secretos que sostenía los cimientos de la sociedad victoriana. Los periódicos, sedientos de historias morbosas, rellenaron con este asesinato, cometido en el seno de una familia pudiente, docenas de páginas. Se redactaron editoriales, escribieron noticias y forjaron opiniones desde los titulares.

El 15 de julio de ese año, en uno de los andenes de la estación de Paddington, el inspector Jonathan Whicher, de Scotland Yard, poco podía sospechar, con su carácter silencioso, su agudeza intelectual y esa apariencia de hombre socavado, que auspiciaría el estereotipo de los futuros «sherlock holmes», de esos policías que hacen identidad con su barba sin apurar y su aspecto de divorciado. Whicher (piel pálida, ojos azules) arribó al pueblo por orden del Ministerio del Interior. Había que zanjar la polémica. Cuando llegó ya había candidatos para ocupar la vacante del asesino. 

Desde el propio Samuel Kent, padre del niño asesinado, hasta Elizabeth Gough, la niñera, o los vecinos. El diario «Bath Chronicle» publicó: «Entre los habitantes de clase baja del pueblo existe un sentimiento muy fuerte contra el señor Kent y su familia, ninguno de cuyos miembros puede aventurarse a caminar por el pueblo sin que lo insulten». Durante la investigación salió a relucir el pasado de la familia, desde la locura que sufría la primera mujer de Samuel Kent, Mary Ann Kent, con la que tuvo cuatro hijos, hasta el escándalo del segundo matrimonio de Samuel (que se casó con la institutriz, Mary Kent, con la que suspuestamente ya mantenía relaciones y con la que tuvo tres hijos, entre ellos, Saville Kent), además del odio latente de dos hijos de la primera esposa, William y Constance, hacia su madrastra y sus descendientes. 

Las especulaciones y las teorías fueron un reclamo para todo tipo de gentes, desde profesores de frenología, que aseguraban que podían averiguar quién era el culpable con palpar la forma del cráneo, hasta los que afirmaban que la imagen del asesino estaría grabada en la pupila del pequeño asesinado. Whicher no se dejó intimidar ni por unos ni por otros. Puso a un lado las reacciones y no permitió que desorientara su talento deductivo el desastroso trabajo de los policías que irrumpieron en la escena del crimen.

La única pista que poseía era una ventana abierta en medio del salón. Iba desde el techo al suelo y únicamente podía abrirse por dentro. A partir de ahí confirmó sus primeras ideas: no entró ninguna persona por la ventana, el asesino no sacó a su víctima por el salón, sino por la cocina, la ventana se abrió adrede para engañar a la policía, el perro guardían era inofensivo y el criminal no creía que se encontrara el cuerpo. «El asesino -dijo Whicher-, al sentirse frustrado, recurrió al cuchillo». Según la autora, «él estaba convencido de que el asesino era un miembro de la casa y de que todos los sospechosos se encontraban aún en la escena del crimen». Las pesquisas condujeron a una inculpada: Constance, de dieciséis años, pero, después de una vista, quedó libre de cargos. 

El asesinato no se resolvió y su aureola misteriosa planeó sobre la sociedad durante cinco años. El fracaso de la investigación malogró la carrera de Jack Whicher, que terminó retirado, aunque la historia demostraría que él tenía razón. El 25 de abril de 1865, aquella acusada que había eludido a la justicia reconoció ante un juez su crimen. Pretendía expiarlo. Los periódicos que habían humillado al detective no creyeron aquella confesión. «Varios diarios se resistieron a aceptar la validez de sus declaraciones», comenta la autora. O prefirieron la conjetura de una posible locura, como la que poseyó en determinados momentos a su madre. «Whicher tomó la frialdad silenciosa de Constance como un indicio de que había matado a su hermano», comenta Summerscale. «El verdadero objetivo de la profesión de detective era la creación de una trama que explicara el móvil de Constance: había matado a Saville por ?los celos o por el desprecio? que sentía hacia los hijos de su madrastra», explica la escritora. A partir de ahí, «Constance Kent se reflejaba en todas las mujeres de la novela: la asesina de cara dulce y posiblemente loca»; de igual forma, desde ese momento, dice la autora, «de Jack Whicher emerge en la figura del atormentado detective aficionado». Pero lo más impactante son las palabras de Constance: «Cometí el asesinato para vengar a mi madre, cuyo lugar fue usurpado por mi madrastra, quien ha vivido con mi familia desde mi nacimiento».

Y más adelante escribe: «Al principio pensé en matarla a ella (la madrastra), pero eso me parecía poco doloroso. Haría que sintiera mi venganza. Ella le había robado a mi madre el afecto al que tenía derecho, por eso yo le robaría a ella lo que más amaba». Lo que no se probó fue la implicación de William, su hermano. Eso queda para las novelas. 

El caso de Road Hill dio pie a un revuelo informativo. La casa se llenó de periodistas. Incluso alguno se hizo pasar por detective para entrar en la mansión. Los reporteros avanzaban toda clase de rumores y suposiciones sin apenas base. El crimen acaparó durante meses las páginas de los diarios, y muchos jugaron papeles importantes, incluso cuando en 1865 Constance confesó el crimen: era la sospechosa principal de Whicher, pero numerosas cabeceras no apoyaron su versión. 

Ahí estaban el «Daily Telegraph», el «Morning Star», el «London Standard» o el «London Reiview». Sólo «The Times» tomó al pie de la letra a la confesa Constance, mientras que el «Somerset and Wilts Journal», que siempre apoyó a Whicher, recordó el linchamiento que había sufrido el investigador. El caso también fue el germen del que brotaron obras literarias. Charles Dickens dedicó muchas palabras al caso y analizó el comportamiento de los detectives, dando las características para un personaje de novela. Él ya había creado en 1853, en «Casa desolada», al inspector Bucket. Pero, sobre todo, Whicher «fue el modelo del sargento Cuff, el detective de ?La piedra lunar?», de Wilkie Collins, una novela de 1868. La fascinación por esta nueva clase de hombres, capaces, por su intuición y sus dotes deductivas, de atrapar al más sagaz de los ladrones mereció, incluso, la atención de Charlotte Brönte, que lo describió como un «sabueso» que seguía «el rastro» o «la estela» de los criminales. 

De hecho, hasta «The times» se refiere a la «acostumbrada sagacidad» de Whicher. El misterio atrajo la atención y la imaginación de escritores como Arthur Conan Doyle, Wilkie Collins o Henry James -en su novela «Otra vuelta de tuerca» existen paralelismos curiosos, como dos hermanos, una institutriz y una atmósfera inquietante-