25 mar 2016

Joanna Dennehy

Peterborough, Cambridgeshire, Reino Unido, 20 nov 2013.-   Joanna Dennehy, de 30 años, estaba siendo juzgada por la muerte de tres hombres, su casero y sus compañeros de piso. Al término del proceso, y después de que su defensa argumentara su inocencia, la mujer de Peterborough, dejó aturdida a la sala entera cuando se declaró culpable: “Me declaro culpable y eso es todo”.

Joanna Dennehy apuñaló a su casero Kevin Lee, de 48 años y a sus compañeros de piso Lukasz Slaboszewski, de 31, y John Chapman, de 56 años, a los pocos días.

El cuerpo de Lee, casado y con hijos, fue encontrado en una cuneta de una carretera. Fue apuñalado. Cuatro días más tarde, un agricultor encontró los cadáveres de los otros dos hombres en un remoto dique a cinco kilómetros de distancia. La autopsia reveló que Slaboszewski había sido apuñalado en el corazón.
Durante todo el juicio, Dennehy se había declarado inocente de los cargos de asesinato y de impedir un entierro para los cuerpos. 

"Me declara culpable y eso es todo.” Estas fueron las palabras de la acusada en el turno de última palabra. La sala quedó aturdida con sus palabras y su abogado, Nigel Lickley, dijo que “eso no es lo que habíamos anticipado ", según recoge el diario the Telegraph.

Dennehy también se declaró culpable de los intentos de asesinato de otros dos hombres, Robin Bereza y John Rogers y se opuso a revisar sus palabras como querían sus abogados: "Yo no voy a volver aquí otra vez sólo para decir las mismas cosas”.


Según los testimonios recogidos durante el juicio, puede que una disputa sobre el alquiler de la casa desencadenara los hechos. Según los testigos, Lee le había pedido a Dennehy y sus compañeros de piso que debían abandonar la vivienda.

Irma Alexandra Aguirre Godinez



Cuernavaca, Morelos, México 6 de nov 2014.- Una adolescente que se sentía “cansada” de los regaños de sus padres, decidió asesinarlos por lo que a través de la red social Facebook ofreció un pago de tres mil 500 pesos y un iPhone por matarlos.

El homicidio se concretó la noche del pasado viernes 24 de octubre, alrededor de las 20:00 horas. La joven abrió las puertas de su casa a los sicarios, llamados Alexis y Cristian, quienes entraron al domicilio armados con una pistola calibre 9 milímetros.La señora Alexandra Godinez recibió un disparo en la nuca mientras que René Aguirre fue asesinado en su habitación.De acuerdo con reportes policiacos, la adolescente acompañó en todo momento a los asesinos.

Al día siguiente la Policía de Investigación Criminal fueron informados por la misma adolescente, que presuntamente unos sujetos armados habían irrumpido en su domicilio una noche antes y se la habían llevado secuestrada, dejándola en libertad horas después, señalando que al regresar a su domicilio encontró a sus padres sin vida.

La menor pagó el dinero, pero no entregó el teléfono, por lo que los asesinos escaparon de la casa llevándose un auto Ford-Escort, color azul, que abandonaron calles adelante.

La joven fue identificada como Irma Alexandra Aguirre Godinez de 17 años de edad.

La detención

Alexis confesó el doble crimen, aceptando que la menor de edad lo contrató junto a Cristian para que matara a sus padres.

Irma fue detenida dos días después del doble crimen y fue puesta a disposición del Juez de la Causa por su posible participación en la conducta antisocial de homicidio doloso en la modalidad de parricidio. Además se ordenó que deberá permanecer en prisión preventiva como medida cautelar durante 50 días para la conclusión de las indagatorias.


A Alexis y Cristian se les imputó el cargo de homicidio calificado.

Anastasia Lechtchenko Masney


Anastasia Lechtchenko Masney de 19 años confesó haber asesinado a su madre y hermana en un vecindario de Tijuana, por que le hacían brujería. Anastasia nació en San Luis Potosi, México en 1996 y la mayor parte de su vida la vivió en Tijuana, Baja California.

Hija de dos inmigrantes ucranianos: Igor Lechtchenko, un entrenador de gimnastas y Yuliya Masney Safonchik, una maestra de primaria y ex-bailarina y acróbata profesional nacida en 1970. Yuliya e Igor se enamoraron cuando trabajaban en el tradicional Circo Ruso. En 1995, los acróbatas ucranianos decidieron que era momento de dejar la vida circense y establecerse. Escogieron San Luis Potosí. Ambos se nacionalizaron mexicanos años después.

Anastasia se decidió; se preparó mentalmente para lo que iba a realizar. Tomó un cuchillo de cocina y acechó a su madre. En un descuido, la atacó. Yuliya estaba sentada en un sillón y allí la ultimó. "Creo que mi mamá ya sabía que la iba a matar y no opuso resistencia". Después caminó hasta el cuarto de su hermana Valeria. Con la niña no tuvo mayor problema: se paró al borde de la cama y levantó su pequeño cuerpo para ahorcarla con la misma soga que a su madre. "La voz de un hombre me decía que acabara con ellas". Debido a su discapacidad, Valeria no pudo gritar. ''Tardé un poquito menos, veinte minutos. Pero su cuerpo seguía calientito". Luego se fue porque había leído en Internet que para desmembrar un cuerpo tenía que esperar a que se enfriara. Hora y media después regresó.

El único que escuchó los gritos de Yuliya fue un sastre que vivía justamente atrás de la casa de las Lechtchenko. Desde las 21:00 horas se escucharon lamentos, gritos, pero no llamó a la policía porque últimamente los gritos eran constantes y, además, hablaban en ruso. "No entendí nada", dijo. Su inacción le costó la vida a las víctimas. En su confesión, explicaría que el asesinato fue en defensa propia: desde hace días sentía piquetes en la espalda y pulsaciones en el cuerpo que no la dejaban dormir. "Tenía tiempo que mi mamá se dedicaba a la brujería, y mi hermana era una muñeca, su aliada, su títere. Y para que no continúen esos trabajos también hay que matarla. Para matar a una bruja, a ese espíritu maligno, hay que cortarle partes inferiores" y se aseguró de que su hermana también muriera, para terminar con ese encanto negativo.
A ambos cadáveres les extrajo el corazón y a Valeria le sacó los ojos, arrojándolos por el inodoro. A su hermana además la decapitó. "El cuello, la piel de atrás del cuello, estaba calientita y eso que ya no tenía la cabeza", diría después. Primero intentó sacarle los ojos con una cuchara, pero como no pudo, fue por un cuchillo a la cocina. Luego descuartizó los cuerpos, poniendo los pedazos en bolsas negras para basura. Sabía perfectamente dónde cortar. Tomó tres cuchillos con diferentes grosores y filos. Los encajó hasta el fondo de la axila y en la unión de la pelvis con las piernas. Con Yuliya tardó cuatro horas, relativamente poco tiempo porque era muy delgada. Con Valeria tardó tres horas.

Al terminar de desmembrar los cuerpos, notó que las paredes y los muebles estaban salpicados. Aunque lo había hecho con precaución, era imposible que no quedara en el piso un charco de sangre. En el fregadero de la cocina seguían las cabezas que había degollado seis horas antes. "Tuve que cortarles las extremidades para que ya no viajaran los espíritus. Y a la títere, la muñeca; había que sacarle los ojos"

A las 23:00 horas salió a una farmacia cercana a comprar bolsas negras para basura. Se sentía muy tranquila. Eligió una pequeña caja con diez bolsas de 70 por 90 centímetros que le pareció la más práctica. "Traía puras monedas; las bolsas costaban $24.90, pero la muchachita no completaba, así que se fue corriendo", diría la empleada de mostrador que le cobró aquella noche a la adolescente. Regresó rápido a su casa. Las líneas de expresión de su rostro estaban descompuestas; le punzaba el ojo izquierdo. Metió los cuerpos desmembrados en tres bolsas negras y después se fumó un cigarro.

El viernes 26 de junio del 2015 se le dicto auto de formal prisión y le espera una condena de hasta 80 años por sus crímenes.

Anastasia Lechtchenko seguirá presa en la penitenciaría de La Mesa en la ciudad fronteriza de Tijuana en México, donde le espera una condena de hasta 80 años, luego de que el Juzgado Quinto Penal ratificó el auto de formal prisión por el homicidio agravado por parentesco.

Karen Jimena Ñañez



Las fotos  las publico una amiga de la victima en facebook, y sí es KAREN.


María Fernanda Chicco tenía 18 años cuando fue asesina por Karen Jimena Ñañez, que tenía 16 años, entre el 15 y el 17 de febrero de 2015. El lugar: Ceres, un pueblo del norte santafesino, en Argentina de 18 mil habitantes. Karen No está loca, solo se “obsesionó” con María Fernanda, según algunas notas de periódico y videos sobre el caso, Karen saldría este año por cumplir 18 años.  Un par de notas de lo que paso, Karen casi era linchada por 400 personas.

Nota 1:
23 de Feb de 2015, Ceres, provincia de Santa Fe, Argentina.- La planificación del homicidio. La mecánica del crimen. La frialdad de la acusada. Basta con contar que a 48 horas del asesinato, la sospechosa, fue como si nada a un cumpleaños y se sacó fotos que emanaban alegría.

Karen y María Fernanda competían por el mismo hombre: Rodrigo, de 25 años. Renglón aparte para decir que Rodrigo salió con cada una de las jóvenes cuando eran menores de edad. Si hubo sexo, hubo delito.
Según la imputación judicial, en la actualidad, Rodrigo salía con Karen, pero la menor sospechaba que su novio sostenía una relación con María Fernanda, e incluso, en el pueblo se llegó a decir que la víctima cursaba un embarazo de tres meses de su relación con él. ¿La relación seguía clandestina?

Así las cosas, Karen, trazó una competencia insoportable con María Fernanda, y la copió en todo.

Casi en la misma época, María Fernada se puso braquets, y Karen la imitó. Casi en la misma época, María Fernanda se alisó el pelo, y Karen la copió.

Basta con ver el perfil de facebook de ambas. Cada foto que María Fernanda posteaba, Karen se tomaba el mismo tipo de foto, con la misma pose, y la posteaba igual.

Hubo dos amenazas previas que María Fernanda sufrió pero prefirió no contar. Tres semanas atrás, Karen atacó a María Fernanda en un boliche, y el viernes de la semana pasada, directamente la cruzó y la atacó desde una moto. María Fernanda no dijo nada para no preocupar a sus padres. Eso le quitó su única chance de salvarse.

Con la frialdad de un psicópata adulto, Karen armó la trampa. Usó el celular de Rodrigo y la citó a María Fernanda, haciéndose pasar por él. Todo el contacto fue sólo por mensaje de texto.

 A ese encuentro fue María Fernanda tal vez pensando que podía reconquistar a Rodrigo.

Según la fiscalía, Karen atacó a María Fernanda a traición, por la espalda. Le aplicó cortes con una tijera y luego se aseguró el resultado muerte estrangulándola con un alambre.

María Fernanda estuvo desaparecida dos días. En esa búsqueda desesperada, sus padres se cruzaron con Karen, y conocedores de la rivalidad extrema, la interrogaron. Ella, con sus 16 años a cuestas, puso cara de nada y dijo no saber nada de María Fernanda.
En el camino, Rodrigo terminó contándoles a los padres de la víctima, de la pelea del viernes anterior. También admitió que durante unas horas su celular le había faltado.
Todo encaminaba a Karen. Ella seguía negando todo. Un video la terminó delatando. La imagen la ubica yéndose de la escena del crimen.
 Es más, tras el homicidio, subió a Facebook mensajes que se parecían a las típicas demostraciones de orgullo del psicópata que se siente ganador porque eliminó a su competidor y ya está en condiciones de gozar.
Ante la jueza, Karen se negó a declarar. Quedó alojada en la alcaidía de menores. Por su edad, pueden someterla a proceso penal y condenarla a penas que casi nunca superan la mitad de años que se aplicaría a un adulto en un caso similar.

La pregunta que queda flotando es: ¿sirve de algo la cárcel para esta menor? Está claro que castigo tiene que existir, y que Karen, si se confirma que es la asesina, debe hacerse responsable de lo que le imputan haber hecho.

También es cierto que el encierro sin tratamiento, empeora a los presos. No sirve de nada.



Nota 2:
Más allá de haber detenido a la presunta asesina, el homicidio de María Fernanda Chicco no parece una cuestión sencilla de resolver teniendo en cuenta que la sospechosa es menor de edad y por ende su situación procesal exige un tratamiento especial. En ese marco, los detalles que van trascendiendo sobre el crimen y su aparente planificación alimentan aún más la conmoción que ya había generado entre los habitantes de Ceres, donde además de la pueblada desatada con la detención de la adolecescente implicada se difundió una campaña en redes sociales que proponen declararla persona no grata y evitar que vuelva a vivir a la ciudad.
  La sospechosa, de 16 años, sigue detenida a disposición del Juzgado de Menores de Rafaela, donde el viernes se abstuvo de declarar.

Macabro. María Fernanda tenía 18 años y estudiaba cine en la ciudad de Córdoba. Con motivo del fin de semana largo estuvo en Ceres visitando a su familia, que la vio por última vez con vida el domingo a la tarde, cuando salió en su bicicleta playera verde y dijo que iría a visitar a una amiga.
  Dos días después, el martes a la mañana, Fernanda apareció asesinada en un predio donde se venden postes para uso rural. Al determinarse que había sido asfixiada fue demorado un ex novio suyo, de 23 años, liberado horas más tarde. Entonces, tras chequear los registros de las cámaras de vigilancia de la escena del crimen, la investigación se orientó hacia Karen, al parecer la novia actual del primer demorado.
  La detención de la menor originó una pueblada frente a la comisaría donde estaba cuando entre 500 y 700 vecinos causaron destrozos a partir de la intención de algunos de ellos de ingresar a la dependencia policial para linchar a la acusada.
Preaviso. Con la principal sospechosa detenida, comenzaron a trascender detalles del homicidio. Por ejemplo, que Karen habría empleado el celular de su novio para citar bajo engaño a María Fernanda al lugar donde fue asesinada.
  Al parecer, cuando las jóvenes se encontraron comenzaron a pelear hasta que la homicida atacó a Chicco con una tijera y luego la asfixió con un alambre que le produjo una fractura de tráquea. Al abandonar la escena del crimen, la chica se fue con las ojotas y el celular de la víctima, a la que además le cortó el pelo.
  Pero lo que más conmoción causó entre quienes siguen el tema fue una foto al parecer tomada en el predio donde ocurrió el crimen que la acusada publicó días antes en la Instagram con la leyenda “acá vas a terminar”, dato que hace presumir que el homicidio estaba planeado.
  Otro hecho relevante al que se alude en los medios digitales de la zona se refiere a una discusión días antes entre la víctima y la acusada. En ese marco, los investigadores remarcan que la sospechosa siempre se mostró segura en sus respuestas al negar su vinculación con el hecho, pese a que las cámaras de video la situaron en la escena. También les resultó llamativo que cuando se ordenó su arresto, horas después del hallazgo, la chica estuviera festejando un cumpleaños como si nada. Sobre el móvil, la hipótesis apunta a que el crimen fue por celos y por un supuesto embarazo de tres meses que se dijo que cursaba la víctima y que descartado luego de la autopsia.

Destrozados. “Estamos destrozados por la pérdida de nuestra hija. Pedimos y exigimos a la Justicia una condena ejemplar para la detenida. Hay cámaras que registraron el crimen, por eso la arrestaron. No queremos venganza, sólo una condena severa”, dijo al diario Uno de Santa Fe Javier Chicco.

  Los padres de María Fernanda comentaron que no estaban de acuerdo con que su hija frecuentara al joven con el que había estado saliendo hasta hacía un año antes, luego de enterarse de que éste tenía una relación paralela. “Lo tratábamos como a un hijo pero terminó siendo de lo peor, un vividor que manipulaba a mi hija. Estuvieron separados un año pero nos enteramos que se veían a escondidas”, dijo Javier.

  Por su parte, la madre de María Fernanda comentó a una radio de Ceres que había una rivalidad entre su hija y Karen. “Ella siempre le tuvo envidia, no sé qué tenía en la cabeza, me cuentan que mi hija se vestía de una manera y ella también, como una obsesión. Y el chico andaba con las dos”, sostuvo.

  También se refirió a una pelea dos días antes del crimen. “Mi hija se encontró el viernes a la noche con ese chico. Ella se enteró y fue hasta donde estaban. Llegó en una moto, la chocó a mi hija, se cayeron al barro. Nosotros no sabíamos nada”.

Reinserción. Por lo pronto, la Justicia de Menores dispondrá medidas tendientes a la reinserción de Karen, que no podrá ser condenada hasta cumplir 18 años. La jueza de Menores Rafaelina María Feraudo la imputo de homicidio simple y la llamó a indagatoria el viernes pasado, pero la adolescente se abstuvo de declarar.


Cibell Naime


Tomado del blog: Escrito con Sangre 

Cibell Naime Yordi nació el 24 de enero de 1976, en la ciudad de Caracas (Venezuela). Fue hija de Shauki Naime y Salam Yordi de Naime. Su familia residía en Prados del Este, una urbanización de clase media alta enclavada en los cerros que flanquean al valle de Caracas por el sureste, donde la mayoría de sus calles son cerradas o privadas. Cuando fue construida a mediados del siglo XX, se promocionaba como una idílica campiña a sólo diez minutos de la bulliciosa ciudad; hoy en día está rodeada por complejos industriales, centros comerciales y barriadas populares, aunque continúa aislada. Sus calles tienen nombres que aluden a santos o a la naturaleza, y en cada una de sus parcelas se erigen enormes construcciones de diversos estilos arquitectónicos. En una de aquellas casas residía la familia Naime Yordi, cuyos miembros se regían por los ritos y tradiciones del drusismo, uno de los dieciocho grupos confesionales que conviven en el Líbano, su país de origen. El jefe de la familia era el médico obstetra Shauki Naime, quien prestaba servicios en la clínica Santa Sofía y era uno de los principales accionistas de la firma Digital Médica.

El doctor Naime siempre manejó la crianza y educación de sus hijos con extrema severidad y no dudaba en utilizar los golpes si los consideraba necesarios. Su hija Cibell era plenamente consciente de aquello. En 1994, a sus dieciocho años, era una chica menuda, de tez morena y hermosos ojos negros, destinada por sus padres a contraer nupcias con un joven de fe drusa, de acuerdo a las costumbres que rigen en el Líbano. Quienes la conocieron la recordarían como una persona emocionalmente inestable y temerosa, que sin embargo no dudaba en meterse en problemas; problemas que generaban la ira de su padre y atraían sobre ella terribles castigos. A la edad en que muchos jóvenes estudiaban los primeros semestres universitarios, Cibell aún cursaba un combinado de tercero y cuarto del bachillerato por parasistema. El doctor Shauki y su esposa Salam esperaban que su hija culminara la educación media para llevarla al Líbano a cumplir con el contrato matrimonial; sin embargo, el destino les tenía preparado otro sendero.

En 1992, un joven llamado Miguel Tauil Musso se graduó como abogado; tenía 28 años. Quizás por cumplir con alguna tradición familiar escogió cursar la misma carrera de su padre, pero al egresar de la universidad optó por dedicarse a la cría y venta de animales de raza. El centro de operaciones de su pequeña empresa era la casa en la que aún vivía con sus progenitores. Miguel contaba con un socio, su joven amigo de 19 años Juan Carlos González, estudiante del primer año de Farmacia de la Universidad Santa María; se promocionaban por medio de avisos de prensa y en muchos casos llevaban las mascotas a domicilio.

A finales de noviembre de 1994, Cibell leyó un anuncio en un periódico, donde se ofrecían gatos de angora en venta. Llamó para averiguar precios, se interesó y decidió comprar uno de los felinos. La tarde del 6 de diciembre de 1994, Miguel Tauil estacionó su automóvil a la entrada del Colegio Minerva de Prados del Este, instituto que impartía educación secundaria para adultos; antes de abrir la portezuela miró por el espejo retrovisor, tomó con mucho cuidado una cesta en la que traía un cachorro de gato de angora, verificó el nombre de la persona a quien debía ver en aquella escuela y descendió del vehículo. Apenas verlo con el gato en las manos, una chica salió a su encuentro y se presentó; dijo llamarse Cibell, la persona que lo contactó telefónicamente. La transacción había sido acordada en 20,000 bolívares, monto que ella cubrió con un cheque. Miguel Tauil le entregó el animal, se metió el cheque en el bolsillo de la camisa y abordó el carro. Antes de partir, pudo ver el rostro radiante de Cibell mientras jugueteaba con el gatito. A su alrededor, otros estudiantes dialogaban animadamente. Miguel Tauil no podía imaginar que gracias a aquella transacción, sólo le quedaba una semana de vida.
La tarde que Cibell llegó a su casa con el gato, la chica estaba bastante nerviosa; sabía que sus padres le preguntarían por el animal, así que decidió mentirles diciéndoles que una amiga se lo había regalado. Un escalofrío de terror recorrió su espina dorsal cuando vio la dura mirada de desconfianza que le devolvió su padre, quien no se tragó aquella historia. El temor de la chica estaba bien fundamentado, pues en el afán de poseer la mascota había cometido una terrible falta: como no tenía dinero para pagar el precio del gato, sustrajo uno de los cheques del doctor Naime y falsificó su firma. Si el asunto se descubría, como era de prever, a Cibell Naime no le esperaba nada bueno. Esa noche, la chica se encerró en su cuarto con el pequeño animalito. Meticuloso y ordenado como era, Shauki Naime procuraba llevar un riguroso control de sus papeles. Fue así como cayó en cuenta que parecía faltarle un cheque. Revisó los talonarios y comprobantes y confirmó que de una de sus chequeras del Banco Unión alguien había sustraído un cheque; de inmediato reunió a la familia e interrogó a cada uno de sus hijos, pero todos negaron saber algo; sin embargo, por la expresión de Cibell, el médico comenzó a sospechar de ella.

La muchacha estaba aterrada, sabía que su padre investigaría que había pasado y al enterarse le propinaría una tremenda paliza. Sus castigos eran legendarios; en una ocasión, sólo por haber engordado unos kilos la hizo hincarse de rodillas toda una noche; ¿qué podía esperar entonces por robarle un cheque, falsificar su firma y mentirle? Decidió que llamaría a Miguel Tauil para pedir que le devolviera el cheque, con la excusa de llevarle el dinero en efectivo; pero era demasiado tarde, pues ya lo había cobrado. Le pidió entonces que le reembolsara el dinero y el hombre se negó. La chica no sabía qué hacer; por irresponsable enfrentaba un gran problema y muy pronto reaccionaría como una fiera que asustada y furiosa se ve de pronto cogida en una trampa. Esa semana llamó a Tauil varias veces; primero exigió, luego pidió y finalmente suplicó la devolución del dinero. Todo fue en vano, el vendedor de mascotas se negó siempre. Cibell insistió hasta que supo que no había nada que hacer ante la firmeza de aquel hombre. Fue cuando su alterada mente comenzó a fraguar el macabro plan que la haría tristemente célebre. El martes 13 de diciembre de 1994, la mala suerte para las familias Tauil y González llegó a bordo de un taxi. En la mañana de ese día, alguien que dijo llamarse Adriana se comunicó al número de los Tauil y pidió hablar con Miguel. La mujer mostró interés por una pareja de perros salchichas que el vendedor ofrecía en los avisos clasificados; propuso que se vieran a las 14:00 horas en una panadería cercana al centro comercial Plaza Las Américas de El Cafetal, pero Miguel le sugirió que mejor subiera hasta su casa en Los Naranjos y así podría escoger las mascotas que quisiera. A la mujer le pareció bien y acordó estar allá en la tarde. Cuando colgó el teléfono, Cibell tenía un ligero rubor en las mejillas. Hizo un gran esfuerzo para fingir la voz y al parecer la treta dio resultado; sin embargo había tenido que hacer una ligera modificación de su plan: ahora, a petición del vendedor de mascotas, tendría que llegar hasta su propia casa para conversar con él, pero no importaba, lo que realmente le interesaba era tener la oportunidad de hablarle personalmente y pedirle por última vez que le devolviera los veinte mil bolívares. Estaba segura de que si lograba el reembolso, podría disminuir la furia de su padre. Ese día no podía fallar, así que para asegurar el éxito llevaría consigo una pistola calibre 7.65 que el doctor Shauki guardaba en el armario. Si Miguel se negaba, lo amedrentaría con el arma. A la hora acordada, el taxi la dejó en la entrada de la urbanización Los Naranjos. 

La señora Mirtelina Musso de Tauil, madre de Miguel, siempre recordaría a la persona que llegó a su casa la tarde del 13 de diciembre como “una jovencita de modales bruscos”, que apenas entrar preguntó por su hijo. Ella le dijo que Miguel estaba en su habitación y que pronto bajaría a verla. Le ofreció una taza de café que la chica tomó a sorbos lentos, mientras miraba en derredor. El timbre de la Quinta Taumus volvió a sonar. Esta vez era Juan Carlos, el socio de su hijo. Mientras el joven saludaba, Cibell repasaba mentalmente lo que iba a decir; sabía que Miguel la reconocería al verla y entonces tendría que inventar una excusa que le sirviera para justificar su presencia y además le permitiera sacarlo de la casa a otro sitio: allí con su madre no podía actuar. Al bajar Miguel, le dijo que la persona que estaba interesada en los perros era una tía de ella, quien esperaba en su auto a la entrada de la urbanización, pues al no ser de la zona los funcionarios de la garita de vigilancia no le permitieron el paso. Miguel y el recién llegado Juan Carlos se ofrecieron amablemente a ir a buscar a la señora. Fue la peor decisión que pudieron tomar en su vida.

La propia Cibell Naime relataría lo que ocurrió: “Esa tarde llegué en un taxi a Los Naranjos, me bajé frente a la garita de seguridad donde habían cuatro vigilantes e hice el trayecto a pie hasta la Quinta Taumus. Allá fui recibida por la mamá de Miguel, quien me dio a tomar café. A los muchachos les inventé que una tía mía esperaba en la garita de vigilancia; así que salimos a buscarla en la camioneta Toyota Samurai de Miguel, yo me senté en el asiento posterior y antes de llegar a la entrada de la urbanización volví a pedir que me devolvieran el dinero. Como Miguel se negó, saqué la pistola que traje de casa para asustarlo y obligarlo a que me diera la plata. Entonces se produjo un forcejeo dentro de la camioneta, fue cuando le disparé a la cabeza. Cuando vi lo que había hecho me volteé hacia Juan Carlos que me miraba aterrado y le dije: ‘Perdóname, discúlpame, yo no soy mala, pero no te puedo dejar vivo porque tú viste todo’. Entonces lo maté. Asustada, me bajé de la Samurai y caminé hacia la salida. Aproveché que un taxi venía pasando, lo abordé y así salí de la zona”. Al día siguiente, el caso era reseñado por la prensa como “El doble crimen de Los Naranjos” y era uno de los tantos hechos sangrientos dentro de la ola de asesinatos que estremecía a la ciudad en esa época. Al principio la información era confusa, se decía que una banda capitaneada por una mujer trigueña había secuestrado a los dos hombres con la intención de asaltar sus viviendas; al negarse estos, los habían matado fríamente. Se planteó también la posibilidad de una venganza, tomando en cuenta que Miguel Tauil era abogado; del caso se encargó la División contra Homicidios de la Policía Técnica Judicial a cargo del comisario Leonardo Díaz Paruta. Comenzó una serie de detenciones preventivas y se citó a los principales testigos: la madre de Miguel Tauil y los cuatro vigilantes que habían visto entrar y salir a la mujer. La policía elaboró un retrato hablado que enseguida se mandó a la prensa y al no conseguir pistas sólidas, la investigación se enfocó en el círculo de amistades del abogado asesinado. El dolor y la sorpresa se reflejaban en los rostros de las familias Tauil y González, que no acertaban a explicarse qué podía haber pasado. Ninguno de sus hijos tenía enemigos. ¿Quién podía estar interesado en matarlos de esa manera fría y cobarde?

Dos días después del crimen, el gerente del Banco Unión de la Agencia Tamanaco saludó cortésmente al doctor Naime y le ofreció una taza de café mientras un empleado iba en busca de la información requerida por éste. En días pasados, uno de sus cheques había desaparecido y él necesitaba saber si alguien había hecho uso del mismo. No tardó mucho en enterarse de que el cheque fue pasado por taquilla y pagado por el monto de 20,000 bolívares. El doctor quiso saber quién lo había cobrado y los funcionarios del banco le suministraron la información. El cobro fue hecho por el abogado Miguel Tauil Musso. “¿Hay alguna manera de comunicarse con esa persona?”, preguntó el Dr. Shauki. “Afortunadamente sí, tenemos su número telefónico”, respondió el gerente. Ese mismo día, el Dr. Naime llamó y lo atendió el señor Antonio Tauil, padre de Miguel. Al oír que aquella persona inquiría por su hijo, Antonio le preguntó que si la llamada era por alguna mascota. Naime le dijo que no, pero que necesitaba preguntarle algo. Fue cuando Antonio Tauil le dijo que su hijo estaba muerto: al parecer había sido asesinado por una banda de atracadores. El doctor Naime, muy apenado, se excusó y brindó sus condolencias. Al colgar el teléfono ya sabía quién le había sustraído el cheque y para qué. Lo que no podía imaginar era que la asesina de Miguel Tauil compartía el mismo techo con él. Aquella noche la muchacha recibió una golpiza que la dejo inconsciente, su padre estaba realmente indignado, ¿Acaso él no le había procurado la mejor educación posible? ¿Por qué su hija había salido tan rebelde, por qué no respetaba como debía a sus mayores, por qué mentía y le robaba a su propio padre? Algo malo tenía que haber en esa chica. Abajo, la señora Salam oía con angustia los gritos de su esposo, temía por lo que pudiera pasarle a su hija. Unos días más tarde, ya recuperada de la tunda, Cibell se dedicaba a disfrutar de las vacaciones decembrinas. Su padre no la había vuelto a golpear, pues en los primeros días de enero tenía planeado ir con toda la familia a visitar a unos parientes en los Estados Unidos; sin embargo, necesitaba mitigar el rencor que lo quemaba por dentro. Al regresar del viaje, volvería a ajustar cuentas con Cibell. El 4 de enero de 1995 toda la familia salió rumbo a los Estados Unidos.

Mientras tanto, el comisario Díaz Paruta y sus hombres se manejaron con varias hipótesis. Durante todo el mes de diciembre procedieron a interrogar a los conocidos, familiares y amigos de Miguel y Juan Carlos. Así mismo, realizaron varias ruedas de reconocimientos con jovencitas que tenían antecedentes, basándose en el parecido que pudieran presentar con el retrato hablado. Los detectives sabían que en aquel caso se encontraban en un callejón sin salida, pues ninguno de los dos muertos parecía tener problemas con nadie; por el contrario, habían sido personas muy apreciadas en sus respectivos círculos sociales. ¿Cuál podía ser el móvil? Las pistas estaban por el lado de la última persona que los vio con vida, aquella extraña chica que decía llamarse Adriana y que los sacó de casa con la excusa de ir a buscar a una tía. Comenzó una revisión de los papeles de Miguel y Juan Carlos, revisaron sus movimientos bancarios y los libros donde registraban los ingresos y egresos, cada información asentada fue investigada hasta que dieron con aquel cheque: de todos los movimientos, era el único que presentaba irregularidades. El dueño de la cuenta había afirmado en el banco que aquel cheque le había sido sustraído y su firma había sido adulterada. Con esto parecía haber un móvil; al profundizar supieron que aquel instrumento bancario fue usado para pagar un gato de angora. La persona que hizo el pago era Cibell Naime, la propia hija del propietario de la cuenta. Cuando los detectives quisieron ir a buscarla supieron que toda la familia se había ido de viaje. Decidieron esperar a que retornaran. Cuando los Cibell Yordi llegaron del viaje, el doctor Shauki se sacó la espinita que traía desde diciembre y le dio una segunda golpiza a su hija, con lo que le dejó severos hematomas en el rostro. Al día siguiente, miércoles 18 de enero, los policías llegaron a su casa y detuvieron a Cibell y a todos los que en ese momento estaban allí: sus hermanos y a una tía.

Enterado por su esposa de lo ocurrido, el Dr. Naime fue a averiguar el motivo de la detención. Se identificó y le preguntó a un detective que si aquello tenía que ver con el cheque. Se quedó de una pieza cuando el policía le dijo que sí, pero que lo más grave tenía que ver con un doble homicidio presuntamente realizado por su hija, en el intento de recuperar el cheque robado. Shauki Naime se derrumbó: por primera vez se sintió culpable por haber acorralado a su hija hasta el extremo de impulsarla a cometer aquellos homicidios. Apesadumbrado dijo que había sido en extremo duro con sus hijos, pues creía que era la mejor manera de educarlos. Lamentó la muerte de las dos personas y aseguró que su hija siempre había presentado problemas de conducta, pero que era una buena muchacha. “Mi hija no es drogadicta, fue educada en el seno de una buena familia. Tampoco tiene problemas mentales. Lamento sinceramente todo lo ocurrido”.
Convicta y confesa, Cibell Naime Yordi enfrentó el juicio por el homicidio de dos personas. El sábado 21 de enero fue sometida a exámenes psiquiátricos, estos arrojaron que se trataba de una persona completamente normal. Al ser interrogado por los periodistas acerca de los que pudo haber motivado aquella conducta de la chica a todas luces irracional, el comisario Díaz Paruta aseguró que una persona aterrorizada puede actuar así. Ese sería el comienzo de una larga batalla legal, en la que unos pedirían el perdón y la libertad de Cibell y otros exigirían que fuese castigada con todo el rigor de la ley. Para el lunes 23 de enero estaba pautada la rueda de reconocimiento, pero tuvo que ser suspendida a petición de la fiscal 66 del Ministerio Público, ya que Cibell tenía el rostro completamente golpeado a causa de la paliza que le había dado su padre días antes. Al doctor Shauki Naime se le abrió un expediente por lesiones personales. El martes 24 de enero, día en que Cibell cumplía 19 años, fue llevada en una patrulla a Los Naranjos para efectuar la reconstrucción de los hechos. Allí narró paso a paso todo lo que había ocurrido el día del crimen.
Como lugar de reclusión se designó el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), ubicado en la ciudad de Los Teques, estado Miranda. El caso sería conocido en primera instancia por el juez 25 Cristóbal Ramírez Colmenares, quien la sentenció a treinta años de cárcel por homicidio intencional calificado por motivos fútiles, con alevosía, premeditación y empleo de astucia. Un año más tarde, la defensa apeló aquella decisión ante el Tribunal Sexto Superior Penal, a cargo de la juez Clotilde Condado, alegando inestabilidad psicológica basándose en un informe médico; según aquel informe, la muchacha presentaba “trastorno mixto de conducta tipo borderline”, lo cual implicaba que Cibell presentaba varios tipos de personalidad, hecho que habría provocado la pérdida repentina del control de sus actos, durante el lapso en el cual fueron cometidos ambos asesinatos.

El juicio

Dos años después, el 18 de diciembre de 1998, la juez Condado ratificó la decisión tomada en primera instancia, por considerar que la joven estaba plenamente consciente de sus actos y actuó por voluntad propia. Así que seguía en pie la condena a treinta años de cárcel. En ese mismo acto se le sobreseyó el delito de porte ilícito de arma, por estar prescrita la acción penal. De acuerdo con la sentencia, Cibell Naime cumpliría su pena el 6 de marzo de 2022, a las 23:45 horas. Esta fue una de las primeras sentencias a treinta años dictadas en el país.

El 27 de abril de 2001, cuando Cibell Naime sólo había purgado seis años de la pena, la juez octava de ejecución, Norma Pérez Díaz, de manera extraña, le otorgó el beneficio de redención de la pena por destacamento de trabajo, lo que ponía a la doble homicida prácticamente en la calle. Esta decisión fue inmediatamente apelada por el Ministerio Público, que alegó la existencia de un conjunto de incongruencias y contradicciones en el escrito de la juez, entre las que se destacaba que la chica presentó conducta agresiva con sus compañeras y los guardias del penal de manera reiterada, al punto de llegar a quemar el colchón donde dormía. Pero lo más grave de todo fue el descubrimiento por parte del Ministerio Público de un oficio emitido por la Oficina Nacional de Identificación y Extranjería, en el cual se señalaba que el 11 de abril del 2001, unos días antes de la decisión de la juez Pérez Díaz, se renovó el pasaporte número 004624, perteneciente a Cibell Naime Yordi, lo que podría significar un peligro de fuga por parte de la asesina.
Con esta apelación del Ministerio Público se detuvo momentáneamente cualquier decisión tendente a lograr la liberación de Cibell Naime. Sin embargo, el 28 de julio de 2004 la Sala 7 de Apelaciones le otorgó a la chica el beneficio de prelibertad o libertad condicional y se le designó como nuevo sitio de reclusión el Centro Comunitario de Los Chorros. Allí debía cumplir una serie de normas, como no ingerir licor y someterse a un estricto tratamiento psicológico y educativo. A los veinte días de estar en ese sitio podría salir los domingos para regresar el mismo día. Por aquella fecha ninguno de los familiares de Cibell, con excepción de un tío, se hallaban en Venezuela: todos estaban de regreso en el Líbano. En septiembre de ese mismo año, la Corte de Apelaciones presidida por el juez Maikel Moreno, otorgó un beneficio de libertad a Cibell Naime Yordi, fundamentando la polémica decisión en “la preparación académica y la buena conducta de la penada”. En esa fecha, Cibell Naime Yordi había pagado apenas nueve años de los treinta que se le habían impuesto; el resto de la condena la terminaría de purgar bajo el régimen de presentación.

Cibell, ya de 29 años de edad, debía presentarse cada quince días ante el juzgado que concedió la medida, para dejar constancia de su sometimiento a las disposiciones del sistema penal. Sólo bastaba cumplir con esta exigencia para no regresar al reclusorio. “Asistió en muy pocas ocasiones. El 15 de diciembre de 2004 le indicó al juzgado que tenía que operarse y, por ello, pidió un permiso para sus comparecencias. No regresó más”, afirmó Antonio Tauil, el padre de Miguel. Mientras, se exhibía con su novio y disfrutaba de la buena vida, comiendo en restaurantes lujosos y bebiendo en abundancia. En enero de 2006, los representantes legales de las víctimas apelaron la medida ante los órganos correspondientes. “Mi hijo era muy apasionado con los animales, en la casa llegamos a tener hasta dos venados, gatos, conejos, gallinas, perros, de todo”, recordaría con nostalgia el padre de Miguel. “Ese hombre (Naime) tenía caballos y yeguas y uno de ellos se llamaba Cibell, ahí puedes ver el vínculo entre ellos. El día que la golpeó se acababa de enterar de que su hija había matado a dos personas, la acababa de descubrir. Cibell era una malandra, fumaba a escondidas, se escapaba de la casa. Todas las referencias que obtuvimos después eran terribles”. Poco después el Tribunal Supremo de Justicia revocó la libertad y pidió a los cuerpos de seguridad la captura de la condenada; no obstante, Cibell no conoció más celdas. Atrás quedaron los recuerdos del Instituto de Orientación Femenina, de la Cárcel de Tocuyito y de la Penitenciaría General de la República. Le faltaban por pagar dieciocho años de su sentencia y decidió escapar. Su familia vivía en la zona oriental del país y Shauki Naime continuaba trabajando en Caracas. Se cree que ellos apoyaron su fuga. Nadie volvió a verla durante un tiempo.


El 3 de diciembre de 2008, otro de los hijos de Shauki Naime, Fouad Naime Yordi, fue secuestrado por dos sujetos armados cuando abría su tienda de pinturas, ubicada en la avenida Miranda, del municipio El Tigre, en el estado Anzoátegui. El padre pagó el rescate y el hombre fue liberado doce horas después. 

Christine Falling


TOMADO DEL BLOG: ESCRITO CON SANGRE

“Una voz decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez”. - Christine Falling

Christine Laverne Slaughter nació el 12 de marzo de 1963 en Perry, Florida (Estados Unidos). Fue hija de una chica llamada Ann, de 16 años de edad, y de Thomas Slaughter, un hombre de 65 años. Christine era la segunda hija de Ann. Su hermana Carol nació un año y medio antes. Desde el principio, la vida de Christine fue un reto. Su madre Ann a menudo se ausentaba durante meses. Cuando volvía a casa, siempre estaba embarazada. Durante los dos años siguientes después del nacimiento de Christine, Ann concibió dos hijos más, Michael y Earl. De todos los niños, Thomas Slaughter sólo reconoció a Earl como su hijo biológico. Los Slaughter eran muy pobres, al igual que la mayoría de las personas que vivían en Perry. Durante las ausencias de Ann, Thomas se preocupaba por los niños, llevándolos a los bosques en los que trabajaba. Pero después de que Thomas sufriera un accidente de trabajo mientras cortaba leña, Ann se vio obligada a quedarse con su familia. Después de que los niños a menudo eran rotados con los miembros de la familia para que los cuidasen, Ann los abandonó de manera definitiva, dejándolos en un banco de un centro comercial de Perry.

Tras pasar un tiempo en un orfanatorio, una pareja se fijó en ellos. Dolly Falling quería ser madre, pero era incapaz de tener hijos. Su marido Jesse estaba obsesionado con tener niños y decidieron adoptar a Carol y Christine, quienes cambiaron su apellido a Falling. Al principio, las pequeñas disfrutaron de una atmósfera amorosa en la casa de los Falling, pero, según iban haciéndose mayores, se desarrolló un amargo resentimiento surgido entre los padres y las hijas. La vida de las dos niñas en el hogar de los Falling era inestable. Christine era epiléptica y sufría de convulsiones. También tenía severos problemas de aprendizaje y un desarrollo físico anormal. Era poco atractiva, obesa y tenía una mirada vacía. Se produjeron discusiones fuertes, algunas tan duras que tuvo que intervenir la policía. Desesperados, los Falling enviaron a Christine, de nueve años, y a Carol, de once, al centro de Great Oaks Village en Orlando, donde aprenderían a comportarse. Un año más tarde, las chicas volvieron junto a sus padres, sin presentar mejoría en el aspecto emocional. Las peleas continuaban. Las jóvenes se fueron de casa. Carol encontró un trabajo, mientras que Christine volvió con su madre natural. Desde temprana edad, Christine demostró rasgos de personalidad que eran preocupantes. Padecía graves ataques de ira y comportamiento antisocial. Por ejemplo, desarrolló una fascinación por torturar gatos. Gozaba estrangulándolos y a veces los dejaba caer desde muy alto, para comprobar si en efecto tenían nueve vidas. Disfrutaba del esfuerzo del animal por salvarse y del sonido de sus cuerpos al estrellarse contra el suelo, reventando. Una y otra vez hizo lo mismo.
Jesse Falling fue detenido dos veces por abusar sexualmente de Carol. La primera ocasión terminó con un jurado en desacuerdo y la segunda vez, Dolly Falling retiró los cargos. En 1977, Christine, de 14 años de edad, quien ahora pesaba más de cien kilos, se casó con un chico que apenas conocía y que era su hermanastro. El matrimonio se convirtió en un maratón de peleas de seis semanas. La pareja se separó. Después de que su matrimonio fracasó, Christine desarrolló una compulsión por ir a la sala de emergencias del hospital. Cada vez se quejaba de diferentes enfermedades que los médicos no lograban diagnosticar. Una vez que fue a quejarse de un sangrado, lo que resultó ser su período menstrual regular. Otra vez afirmó que una serpiente la había mordido, lo cual era mentira. Durante dos años, fue al hospital más de cincuenta veces. La necesidad de atención de Christine se había trasladado a recibir atención en el hospital. Estaba desarrollando el síndrome de Munchausen, un trastorno en el que los afectados buscan la atención exagerada y exclusiva del personal médico, presentando síntomas exagerados de enfermedades o heridas autoinfligidas.

Al dejarla su marido, Christine se vio obligada a mantenerse sin ayuda. Estaba obesa, era semianalfabeta y no tenía potencial intelectual. Sólo había un área en la que Christine parecía tener una habilidad natural: adoraba a los niños y le encantaba cuidar de ellos. Con el tiempo, se convirtió en una niñera profesional. Los padres confiaban en ella y ella disfrutaba al estar con los niños. O al menos eso parecía. El 25 de febrero de 1980, Christine estaba cuidando de Cassidy Mae Johnson, una niña de dos años, a la que todo el mundo llamaba “Muffin”. La pequeña había disfrutado de una perfecta salud hasta que ocurrió algo terrible. Sin aviso alguno, según Christine, la pequeña perdió el conocimiento. La niña fue trasladada a la consulta de su pediatra. Al principio, el médico pensó que podría ser una encefalitis, una inflamación del cerebro causada por una infección. Sin embargo, sospechaba de un golpe que encontró en la cabeza de “Muffin”. Christine le explicó que la niña, poco antes de perder el conocimiento, se había caído de la cuna.

El doctor trasladó a la niña al Centro Médico Regional Memorial de Tallahassee. Christine llevó a “Muffin” en sus brazos de camino al hospital. De vez en cuando, la bebé lloraba. Durante dos días, la pequeña luchó entre la vida y la muerte. Al tercer día, murió. La autopsia indicó que había sufrido un pequeño golpe en la cabeza, como había mencionado Christine anteriormente. Fue una de esas tragedias inexplicables. Nadie estaba más afectada y triste que Christine Falling. Sin embargo, uno de los médicos no estaba de acuerdo y sospechaba que el bebé no había muerto de causas naturales. Sugirió que la policía debería hablar con Christine, pero los investigadores hicieron caso omiso. Poco después del incidente, Christine se trasladó a Lakeland, Florida (Estados Unidos).

Un año más tarde, le pidieron a Christine que cuidara al niño de un familiar lejano, Jeffrey Davis, un pequeño de cuatro años de Lakeland, Florida (Estados Unidos). Según Christine, el pequeño Jeffrey estaba durmiendo felizmente cuando se dio cuenta de que el niño había dejado de respirar. Una autopsia indicó que la causa de la muerte fue miocarditis.
Aunque parezca increíble, tres días más tarde Christine estaba cuidando del pequeño Joseph Spring, de dos años. Sus padres estaban en el funeral de Jeffrey Davis. El niño no sobrevivió a su siesta. Una vez más, la causa de la muerte se atribuyó a miocarditis, una inflamación del tejido muscular del corazón. Un extraño fenómeno tuvo lugar entre los familiares y amigos de Christine. La propia Christine perpetuaba los rumores. Habían muerto tres niños en menos de un año sin explicaciones concretas. Cada vez que eso ocurría, la niñera era Christine. ¿Era portadora de alguna enfermedad contagiosa? Christine les comentaba a sus amigos que a lo mejor estaba poseída por alguna maldición. Pero todos intervenían para calmar a la torpe Christine, diciéndole que eran coincidencias desafortunadas.

Christine decidió hacer algo diferente que no tuviera que ver con niños. Aceptó un puesto de ama de llaves en la casa de William Swindle, un anciano de 77 años. El primer día de trabajo, Swindle murió. Nadie culpó a Christine. Después de todo, Swindle era un hombre mayor. En el verano de 1981, Christine volvió a su primera pasión, niñera. Acompañó a Geneva Daniels y a su hija de ocho meses, Jennifer, al doctor. Tenían que vacunar a la bebé.

La pequeña Jennifer lloró tras recibir las vacunas. Al volver a casa, la señora Daniels paró a comprar pañales en el supermercado, dejando a Christine y a la bebé en el auto. Cuando la señora Daniels volvió, Jennifer estaba muerta. Christine le explicó que todo había ocurrido en una décima de segundo. En un momento Jennifer estaba viva y pataleando, y un minuto después había parado de respirar. Llevaron a la niña rápidamente al hospital, pero todos los intentos por resucitarla fracasaron. La muerte se atribuyó al Síndrome de Muerte Súbita Infantil.

A pesar del reguero de muertes que parecía seguirla, Christine consiguió un novio. Vivía en una casa rodante de Blountstown con el chico. El 2 de julio de 1982, Lisa Coleman dejó a su hijo Travis, de diez meses de edad, en la casa de Christine para que pasara la noche. Christine declaró que Travis Coleman estaba bien durante la noche, pero que cuando ella se despertó el bebé estaba muerto. Una autopsia reveló que la muerte se había producido por falta de oxígeno, pero se desconocía cómo y por qué se interrumpió la entrada del mismo. Sin embargo, se descubrió que el niño tenía heridas internas, indicando que había sido asfixiado.
Era demasiado. Cinco niños y un adulto en menos de dos años y medio. Christine tenía un promedio de una muerte cada seis meses. Ahora las sospechas se centraban únicamente en la niñera. Se le internó en un hospital, donde fue examinada por un psiquiatra. Mientras permanecía internada, se le acusó formalmente de tres casos de asesinato en primer grado.

Christine confesó algunos de los asesinatos. Dijo: "No sé por qué lo hice, no me gustaba. Ya sabes, parecía sencillo, pero no lo era. Le puse una mantita sobre su cara. Una voz me decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez. Después me daba cuenta de lo que había pasado".

Para evitar la pena de muerte en el Estado de Florida, Christine Falling hizo un trato y se le permitió declararse culpable del asesinato de Cassidy Johnson, Jennifer Daniels y Travis Coleman. Fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en 25 años.

Dijo a los detectives que había aprendido cómo matar mirando programas de televisión. En una confesión grabada, describió los motivos de cada crimen. Según Falling, “Cassidy Johnson fue suprimida porque era muy ruidosa. Jeffrey Davis me volvía loca o algo así. Yo ya estaba loca por la mañana. Yo sólo lo saqué y comencé a ahogarlo hasta que estaba muerto.

 “Joe dormía la siesta cuando no supe qué pasó. Recibí el impulso y quise matarlo, Mi sobrina Jennifer murió porque lloraba continuamente y llorando y llorando me volvía loca, así que sólo tuve que poner mis manos alrededor de su cuello y la estrangulé hasta que ella se calló. Travis Coleman sólo estaba durmiendo cuando lo maté. Una voz decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez”.

El 17 de septiembre de 1982, Christine Falling se declaró culpable de asesinato y recibió dos cadenas perpetuas.

Después de algunos años de prisión, admitió haber estrangulado también al anciano William Swindle, aunque no especificó sus motivaciones para ello.


En 2006, Christine Falling solicitó libertad condicional y se le negó. Su próxima audiencia se fijó para septiembre de 2017.

Rossana Valdés Caro


“Fue como trozar un pollo y me sentí  liberada”  - Rossana Valdés Caro

Concepción, Chile, Abril de 2015.- Así lo confirmó el perito forense que declaró a través de videoconferencia durante el juicio contra Rossana Valdés Caro de  38 años. También han entregado su testimonio los peritos de Carabineros. El hecho ocurrió en abril de 2014 y la autora confesó los hechos. La jornada de hoy se inició pasadas las 09:00 y la acusada no quiso prestar declaración.

Cuando casi ha pasado un año desde que quedara al descubierto el macabro hecho donde una mujer identificada como Rossana Valdés Caro  mató, descuartizó y cocinó a su marido, Claudio Muñoz en Molina. Hoy en el Tribunal Oral en Lo Penal de Curicó se está realizando el juicio en su contra por el delito de homicidio.

La jornada comenzó pasadas las 09:00 sin que Valdés quisiera prestar declaración ante el juez, esto a pesar de que fue ella quien confesó ante Carabineros los hechos en abril de 2014, quedando detenida.

Tras esto, prestó su declaración vía videoconferencia el perito forense quien señaló que el marido de Valdés murió por un impacto de bala y al momento de ser cercenado ya no tenía vida.

Junto con esto, el perito antropólogo del Servicio Médico Legal explicó que el cuerpo de Claudio Muñoz tenía mucho cortes, los cuales se realizaron hasta realizar los desmembramientos.

Los hechos ocurrieron en abril del año pasado en la población San Hilario de Molina. Ambos eran vendedores de frutas independientes. Ella es de la comuna de Río Claro y él de Molina y desde que vivían en el sector, los vecinos sólo sabían de discusiones verbales entre ellos.

Una vez ocurrido el hecho, la mujer habría pasado todo el fin de semana con el cuerpo del hombre en su casa, tras lo cual se fue a entregar a los efectivos policiales.

Valdés y Muñoz eran pareja y tenían una hija de ocho meses, al momento de los hechos, su hija estaba con un hermano de Valdés.


Rossana Valdés fue formalizada por parricidio y quedó en prisión preventiva durante el tiempo que dure la investigación. Entre los argumentos de la defensa están que ella presentaría un cuadro de depresión post parto y que ya había denunciado a su pareja por violencia intrafamiliar en 2012.

Brittany Pilkington



20 de agosto, 2015.- A lo largo de poco más de un año, un macabro drama se desató casi inadvertido en un hogar de Ohio hasta que, consumada una triple tragedia, las autoridades finalmente comprendieron la magnitud del caso, cuando ya era demasiado tarde. 

Entre el verano pasado y la actualidad, tres hijos de Brittany Pilkington, una mujer de 23 años residente en Bellefontaine, Ohio, murieron uno tras otro, pese a que en algún momento las autoridades consideraron, aunque al final no creyeron justificado, quitarle la custodia de los menores a la familia. 

Pero no fue sino hasta que el tercero de los pequeños murió, y la madre hizo a las autoridades la estremecedora revelación de que ella misma los había matado, que se reveló todo el horror que existía en esa casa. 

Hace unos días, Pilkington hizo una llamada de emergencia para pedir ayuda: Noah, su bebé de 3 meses no respiraba, según relató la televisora CBS. Los paramédicos que llegaron a la escena no pudieron salvar al bebé, que falleció. Parecía que esa casa estaba marcada por la desgracia: en abril pasado otro hijo de Pilkington, Gavin, de 4 años, había muerto y en julio de 2014 otro hijo de la mujer, el bebé Niall, de 3 meses, falleció también.

Esa situación no había pasado del todo desapercibida para las autoridades pues, de acuerdo a la cadena CNN, apenas seis días antes de la muerte del pequeño Noah una corte no había hallado razón para que el bebé, y su hermana mayor, Hailey, de tres años, no permanecieran con sus padres. En su momento se aceptó que la muerte de Gavin y Niall se debieron a causas naturales. Fue un espantoso error.

Tras la muerte de Noah, las autoridades volvieron a cuestionar a Pilkington sobre lo que había sucedido y entonces la mujer confesó: dijo que ella misma había matado a Noah, a Gavin y a Niall con sus propias manos. De acuerdo a la fiscalía, Pilkington reveló que puso una manta sobre las caras de los niños y los sujetó para que no pudieran librarse hasta que murieron asfixiados. Con todo, pese a esas afirmaciones, la causa de las primeras dos muertes no estaría aún clara, y es necesario esperar a que las autopsias den más información.

¿Por qué una madre asesinó así, uno tras otro, a sus hijos y cómo fue posible que la tragedia no fuera evitada, ni siquiera realmente conocida, hasta que la propia madre confesó sus crímenes?


La respuesta es complicada y las autoridades al parecer no tienen demasiadas explicaciones. En principio, indicó CNN, pese a que una corte había analizado el caso de custodia de los menores, al final no se consideró justificado quitarle a Pilkington a sus dos hijos que aún le quedaban vivos. Las autoridades dijeron a la prensa que, aunque había sospechas de que algo raro estaba pasando, no había evidencia alguna que probara responsabilidad de Pilkington en la muerte de Gavin y Niall y “nadie podría haber predicho el comportamiento de esta madre”.

24 mar 2016

Martha Teresita Chávez Huitrón. "La Hiena de Morelia"




¿Y qué, que este deprimida? diría una de mis idolas la Dra en psiquiatría y perfiladora del FBI Candice DeLong, sabe la diferencia entre el bien y el mal.. con eso basta.

Morelia, Michoacán 18 de Marzo.- Martha tiene 35 años, de profesión maestra, sufría de insomnio y tenía varios días sin dormir. En esas condiciones de desasosiego físico, la tarde de este 21 de marzo se convirtió en presunta asesina de sus tres hijas de 7, 5 y 3 años de edad, en su domicilio. la docente que trabajaba frente a grupo de estudiantes se encontraba sola con sus tres pequeñas hijas jugando en el interior de una de las habitaciones. A esa hora su esposo laboraba en Ferrocarriles donde es empleado.

De manera súbita y sorprendente planeó asesinar a sus hijas. Salió de la recámara y buscó un martillo; al tenerlo entre sus manos volvió a la habitación donde estaban sus tres hijas, las observó jugando.

Ellas nunca pensaron que sería sus últimos minutos de vida. Sin algún sentimiento maternal reflejado en su rostro, Martha Teresita comenzó a atacar a sus tres niñas y las golpeó en la cabeza hasta dejarlas inconscientes.

La mujer, fuera de sí, no se conformó con sólo golpear a las niñas. Tomó una bufanda y sujetó el cuello de las niñas, una por una, para asfixiarlas y asegurarse que no quedaran con vida. Tras cometer el crimen, la mujer salió de la habitación y tomó el teléfono, se comunicó con sus hermanos y les dijo fríamente que acababa de matar a sus hijas.

Alarmados, los consanguíneos de la mujer acudieron al domicilio y buscaron a las niñas en sus recámaras. Su sorpresa fue mayor al descubrir los cuerpos sin vida de sus sobrinas.

Indignados y totalmente incrédulos por lo que había hecho su hermana, la presunta asesina a sangre fría de sus propias hijas, trasladaron a la mujer a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado, donde la entregaron al personal Ministerial e informaron que la mujer acaba de matar a sus tres hijas en el interior de su propio domicilio.  Confesó que dio muerte a sus hijas de 3, 5 y 7 años de edad, para evitar que sufrieran cuando crecieran.



"Ella refiere que ya tenía en mente privarlas de la vida. La justificación fue que no quería que cuando fueran grandes sufrieran y el día de ayer tomó la decisión después de encontrarse sola en su domicilio", informó esta tarde el Procurador de Justicia en el Estado, Martín Godoy.

29 feb 2016

María del Rosario Arrieta Peláez



Mexico, DF, 17 de Feb de 2010.- María del Rosario Arrieta Pelaéz, de 39 años, presunta responsable de haber privado la vida a sus dos hijas gemelas ahogándolas en un tambo...

No fue por locura, tampoco por motivos económicos ni laborales la razón por la que María del Rosario mató a sangre fría a sus dos hijas gemelas de 12 años, acción que la hará pasar 120 años en la cárcel. Fue por venganza.

Quería inflingirle el mayor dolor posible a su ex esposo quien después de 22 años de matrimonio, la dejó por su carácter violento y agresivo, ya que durante las peleas que tuvieron, ella le rompió una guitarra al estrellarla contra su cuerpo.

Fue por venganza hacia su hija de 20 años porque el pasado jueves la encontró en su casa con otro hombre y le reclamó ya que por su culpa su padre se había ido.

Además, le informó que al parecer estaba embarazada, la noticia de que sería abuela y de que le cuestionara su situación sentimental con otra persona, la orilló a sostener una fuerte discusión con la joven, momentos antes de que la corriera de su casa.

Daniela Castro Arrieta salió de su domicilio ubicado en el Bloque A, edificio 12, departamento 201, colonia Fuentes Brotantes, en Tlalpan, con una pequeña maleta para irse a vivir con su padre, Abraham Castro Garduño, quien se separó desde hace cinco años de su ex esposa.

Las emociones se agolparon en el pecho de María del Rosario Arrieta Peláez, quien creció en el seno de una familia disfuncional, donde hubo violencia intrafamiliar, estudió sólo la secundaria y una carrera corta de corte y confección, pero ella decía que trabajaba como modista.

Una mujer con una escasa preparación pero con una inteligencia superior, según revelaron los estudios y análisis que personal pericial de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) le realizaron.

Al ver que su hija mayor la abandonaba, corrió al cuarto de la joven y en un arranque de furia, rompió sus fotografías y su ropa. La odiaba por cuestionarla, la odiaba irse, la odiaba por hacerla abuela y la odiaba porque se fue con su padre.

Así lo manifestó en una hoja de papel donde escribió con pluma por una cara “Te odio Daniela, te odio Abraham, te odio Anani (su suegra). Haber si dios te abre las puertas y te salva el alma”.

Por la otra “yo autorizo Ma. Del Rosario Arrieta que no sea, quedarme con algún bien patrimonial del sr. Abraham Castro G. Autorizo demanda de divorcio a como él le plasca a conveniencia para beneficio de mi esposo, le concedo la custodia y guardia, de su hija Daniela”.

Después de destrozar las cosas e su hija, quedo en aparente paz, hasta el lunes, día en que asesinó a sus hijas. La noche del domingo, jugó con sus gemelas “a la comidita” y después las acostó y arropó.

El pasado lunes 15, en la tarde, la delgada mujer, de tez blanca, cabello negro y de aproximadamente 55 kilos de peso ingirió medicamentos para la epilepsia, según dijo, acompañadas por algunas cervezas y otras bebidas alcohólicas.

Mientras observaba a sus hijas, la mujer las llamó para guiarlas al baño, donde había un tambo con 50 litros de agua, María del Rosario decidió la venganza perfecta, matar a sus hijas.

Las pequeñas la siguieron, con la confianza ciega que se le tiene a una madre, sin saber el cruel fin que les esperaba.

Aún no se sabe a ciencia cierta de qué forma las sometió para meterlas al agua y ahogarlas, pero cuando se percató que las gemelas estaban muertas, las sacó del bote y las llevó a sus camas.

Después de taparlas con las cobijas, ella se retiró a descansar.

Al día siguiente se percató de lo que había hecho, le llamó a su ex esposo a quien le dijo “la vas a aguantar (la noticia)...(te dije que) te ibas a arrepentir por quedarte con tu hija mayor”.

Asustado, ya que sabía el carácter violento que María del Rosario tenía, Abraham cuestionó a su ex mujer sobre lo sucedido y ella terminó por decirle que sus hijas estaban muertas y que ella quizá tuvo que ver con eso.

Después de colgar, fue a la cocina, tomó un cuchillo y se hizo una cortadura en el cuello, en las muñecas y en las piernas.

Castro Garduño llamó de inmediato a la policía quienes encontraron los cuerpos de las gemelas acostados en sus camas y con espuma en boca y nariz.

La necropsia reveló que la causa de muerte fue asfixia por sumersión.

La mujer fue trasladada, primero al Hospital de Xoco y después a Balbuena.

“YO NO HICE NADA MALO”: HOMICIDA

Este miércoles en la tarde, el fiscal desconcentrado en Tlalpan, Hiram Almeida Estrada, anunció la consignación de María del Rosario, de 39 años de edad, al penal de Santa Martha Acatitla, por el delito de homicidio calificado diversos dos.

Después de exponer los hechos, el funcionario presentó a los medios de comunicación a la homicida, quien con las manos esposadas al frente de su cuerpo, mostró disgusto por la presencia de los reporteros, fotógrafos y camarógrafos, y fingió un estado de debilidad, como si estuviera bajo la influencia de calmantes”.

-¿Por qué mató a sus hijas? Fue la primera pregunta a la homicida, a lo que contestó: “¿Eres periodista? No te voy a decir nada, sólo hablaré con el Ministerio Público y con mi abogado, con ustedes no”.

-Es su oportunidad de decir su versión, se le replicó, “¿Me vas a solucionar algo? No me vas a solucionar tu nada”.

¿Por qué se desquitó con sus hijas?, se le insistió, “yo no he hecho nada malo, no maté a mis hijas”.

-¿Se murieron solas?, se le espetó, “¿se murieron solas? ¿Es que es bobo? Dejen de estar preguntando que no voy a decir nada”, respondió fingiendo la voz entrecortada y con llanto.

En fracciones de segundos, la aparente fragilidad de la mujer, que entró acompañada de dos agentes de investigación, ataviada con un pants negro con franjas blancas, una sudadera amarilla y una gabardina blanca de doble botonadura, sujeta con un cinturón, desapareció y se tornó agresiva:

“No voy a decir nada y se me van de aquí todos. Sólo hablaré con el MP y con las autoridades correspondientes, los demás se van”.

-¿Está loca?, se le reviró, “¿Estoy loca? ¿En qué papel dice que estoy loca? ¿Loca porque no te contesto?”.

De inmediato las agentes se la llevaron para subirla a una patrulla, donde se le volvió a preguntar la razón por la que mató a sus niñas.

Después de mucho insistir contestó: “¡Vete al pinche huevo, pinche circo, vete a la chingada!”.

En caso de que el juez de la causa encuentre culpable a la mujer, podría alcanzar hasta 120 años de prisión, 60 por cada homicidio, con el agravante de que eran menores de edad.

12 feb 2016

Marisela Domínguez Fierro


11 de Feb de 2016, Chihuahua, Chihuahua, México- Elementos de la Fiscalía General del Estado detuvieron a tres personas acusadas de haber dado muerte a un hombre el pasado martes en la colonia Desarrollo Urbano. Entre los detenidos está la esposa de la víctima, quien planeó el crimen para quedarse con la casa.

El hecho violento que se les atribuye, ocurrió la noche del pasado 8 de febrero, en las calles Independencia y Oviedo Baca, donde fue asesinado quien respondía al nombre de René Alarcón Salcido, de 45 años de edad, quien perdió la vida a consecuencia de un disparo que recibió en la cabeza.

De acuerdo a las autoridades, la detenida de nombre de Marisela Domínguez Fierro, de 29 años, les ofreció a los coparticipes materiales un vehículo Nissan Altima, color blanco, modelo 2009 a cambio de que asesinaran a su pareja con el propósito de quedarse con la casa propiedad de la víctima.

Indagatorias ministeriales establecen que la ahora imputada proporcionó a sus cómplices el automóvil antes mencionado para que se trasladaran hasta el lugar donde estaría la víctima, guiándolos hacía él por medio de llamadas telefónicas, y una vez en el lugar concretaran su ejecución.

La investigación del Ministerio Público adscrito a la Unidad de Delitos Contra la Vida, estableció que Jorge Antonio Espinosa León, de 22 años, fue quien condujo el automóvil y que Carlos Alexis Jurado Juárez, de 19 años, quien accionó el gatillo del arma de fuego con la que cometieron el crimen.

Ambos individuos fueron detenidos en calles de la colonia El Mármol, donde tienen su domicilio, una hora después de que se registró el hecho violento, asegurando el Nissan Altima, así como el arma tipo pistola escuadra calibre 9 milímetros marca Jiménez Arm, con su respectivo cargador.

Al analizar el casquillo percutido por especialistas en balística forense de la Fiscalía General del Estado, se pudo determinar que fue deflagrado por el arma asegurada a los imputados.

Al rendir su declaración, confesaron que Marisela Domínguez fue quien planeó la muerte de su esposo para quedarse con la casa que ambos habitaban ubicada en la colonia Desarrollo Urbano.

Para desarrollar su plan, ella contactó a Jorge Antonio Espinosa, a quien conoció años atrás en la colonia El Mármol, y le ofreció el vehículo Nissan Altima, a cambio de que matarán a su pareja.

Mientras que Jorge Antonio Espinosa se encargó de conseguir el arma de fuego con un pariente y se puso de acuerdo con su amigo de barrio, Carlos Alexis Jurado, para concretar el homicidio.


Los tres imputados fueron puestos a disposición del Ministerio Público de la Unidad de Delitos contra la Vida que les formular cargos ante un Juez por el delito de homicidio calificado y agravado.