28 sept. 2012

Patrizia (Reggiani) Gucci



Patrizia Gucci cumple una condena de 29 años de cárcel desde 1998 por encargar tres años antes el asesinato de su célebre marido, Mauricio Gucci, pero no tiene ganas salir de prisión. La viuda negra del mundo de la moda, conocida mundialmente por su frase "prefiero llorar en un Rolls que ser feliz en una bicicleta", seguro que echa de menos el lujo que dejó atrás desde su arresto, no así la libertad que le otorgaría aceptar el tercer grado penitenciario que el juez le ha propuesto. 


El único motivo que ha alegado la condenada al rehusar la oferta del juez es que no está dispuesta a trabajar. "Prefiero quedarme en mi celda y regar mis plantas, no he trabajado un solo día en mi vida", aseguró Gucci ante el tribunal. Según algunos medios, el trabajo que habría desempeñado la viuda del célebre estilista estaría vinculado a un lujoso restaurante etno-chic o a un gimnasio del centro de Milán. 



Patrizia Gucci, de 63 años, ha demostrado un comportamiento impecable durante los 14 años que lleva en la prisión de San Vittore en Milán. Se le ha permitido visitar a su madre Silvana y a sus dos hijas Allegra, de 29 años, y Alessandra, de 36, en el piso milanés donde la familia residía cuando su marido aún estaba con vida. Según ha explicado Gucci al juez, ha rechazado el tercer grado porque la salida semanal de la que ya disfruta desde 2005 le permite visitar la mansión que sus hijas tienen en Corso, Venecia, y disfrutar de algunas compras en lujosa Via Montenapoleone, la arteria que concentra las tiendas más lujosas del centro milanés. Patrizia Gucci era conocida en toda Europa por sus gustos caros y la ostentación que hacía de su lujoso modo de vida, algo con lo que su difunto marido quiso acabar en 1985 ofreciéndole 650.000 dólares por romper el matrimonio. La cantidad ofrecida fue para Patrizia una broma de mal gusto, ya que la fortuna del heredero de la casa de modas estaba ya en aquel entonces estimada entre los 120 y 180 millones de dólares. 



Despechada, Patrizia urdió el asesinato de su esposo. Dos sicarios acabaron pegándole tres tiros en la cabeza el 27 de marzo de 1995 ante el venerable "palazzo" del centro de Milán, donde dos años antes Maurizio había instalado sus oficinas tras vender su parte mayoritaria en Gucci a un grupo árabe. 



 El crimen estuvo desde un inicio envuelto en el misterio y llevó a la policía milanesa dos años de cabeza. Finalmente, salió a la luz una trama salpicada de celos, rencores familiares y disputas por la herencia del imperio. Cinco personas fueron detenidas, entre ellas una vidente Giuseppina Auriemma. La historia es carne de celuloide y lleva desde hace años a Ridley Scott detrás.

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