19 ago. 2018

Tanya Thaxton Reid

Tanya Thaxton Reid fue una mujer con conocimientos de enfermería, fue acusada de asfixiar a su hijo menor llamado Mathew en varias ocasiones, (el paro respiratorio es el engaño más común utilizado por estas madres).

Tanya es una mujer que denotaba soledad, tristeza y debilidad, y para llamar la atención y amor necesitó hacerle daño a su hijo. En su niñez hubo varias ocasiones donde ella afirmaba estar enferma para poder sentir el amor de sus padres.
Como todas las madres que sufren este síndrome Tanya se sentía como si estuviera en casa cuando ella estaba en un hospital, así fue con su hijo Mathew y con Morgan; cuando su hija Morgan murió tenía apenas 9 meses y como en otros casos se dijo que la niña tuvo una muerte súbita.

En niños como Morgan que han tenido repetidos paros respiratorios y que después de 6 meses hayan muerto es imposible que la causa sea muerte súbita. (Entre el 1-5% de casos de muerte súbita son atribuidos al síndrome de munchausen por poderes).
Cuando Tanya llamó a los paramédicos por otro paro respiratorio que tuvo su hijo menor Mathew, uno de ellos pudo observar que el niño había tenido que luchar por su vida, el menor se veía agotado, sin fuerzas y apenas emitía unos quejidos, pero Tanya se veía muy tranquila; el pequeño niño sufría paros respiratorios solo cuando él estaba con su madre y además nunca le pasó nada en la noche cuando Tanya estaba dormida y el padre estaba en casa.

Durante la investigación hubo una pieza importante para este caso, con el cual determinaron el posible momento donde Tanya pudo adquirir el Síndrome de Munchausen. Cuando ella tenía 17 años trabajaba cuidando niños y uno de ellos dejó de respirar, ella llamó a los paramédicos y ellos pudieron resucitar al niño, por lo cual Tanya recibió un importante premio determinado como “El buen vecino”; además esta noticia apareció en el periódico; por lo que se considera posible que a esta temprana edad ya haya adquirido el síndrome de munchausen por poderes.

El punto determinante fue cuando la enfermera Callie Sandquist vio a Tanya y a Mathew después de que hayan llegado al hospital, el niño ya había sido resucitado pero cuando lo atendieron la enfermera pudo observar que todos sus signos vitales estaban normales su temperatura, presión hasta su color y no presentaba ningún síntoma de convulsión, Collie se asombró de la actitud de Tanya ante esta situación ya que ella nunca se acerco a la cama del niño cuando él lloraba, además notó algo extraño en el rostro de Mathew; él tenía un pequeño hematoma cerca de su oreja, líneas que parecían rasguños; como los médicos ya habían atendido a Mathew en varias ocasiones por este problema, tenían sospechas y llamaron a las autoridades competentes.

Cuando tuvieron la orden de arresto la llevaron a la cárcel, su hija Kimberley (hija mayor) recuerda ese día, ella tenía 7 años cuando se enteró del problema de su madre; ella no entendía lo que estaba pasando y porque su madre no regresó a casa, a Kimberly la llevaron a casa de unos tíos al siguiente día.

Cuando a Mathew lo separaron de su madre el notablemente empezó a mejorar, Kimberly cuenta que cuando se mudaron a Misisipi con su padre su hermano ya no tuvo más problemas de salud, el niño ya no tenía más paros respiratorios, esto era porque su madre ya estaba cerca de él para ahogarlo.

En este como en otros casos Tanya estaba consciente del daño que le hacía a su hijo, ella fue juzgada y condenada por poner en riesgo la vida de un menor y por los daños a Mathew y tiempo después ella fue juzgada en Texas por la muerte de Morgan y la declararon culpable por lo que la condenaron a 40 años de prisión.

En el 2007 Tanya fue considerada para salir en libertad condicional con fecha de liberación en el año 2008.
En estos momentos ella se encuentra en libertad pero Tanya se niega a dar testimonio de esta escalofriante historia. Murió en 2017

Marie Robards



Marie Robards después de una pelea con su padrastro y su madre (esta se puso del lado de su nuevo marido), Marie se fue a vivir con su padre Steven Robards, en Texas, era buena estudiante, entro a la nueva escuela, todo normal, hasta que un día, en el laboratorio de Quimica, robo acetato de bario, con el cual envenenó a su propio padre en 1993, dándole comida "mexicana", ella quería ser medico forense. Después de la muerte de Steven Robards, la adolescente de 16 años se cambio de escuela en Dallas y su madre la dejo con sus abuelos. Una lectura de Hamlet la hizo confesar el asesinato a su mejor amiga Stacey High, y en 1996 fue condenada a 28 años de prisión. ¿Su argumento? " Es que quería estar con mi mamá", su madre no le había dicho que se iría a vivir a Florida con su nuevo marido. Salio bajo palabra en 2003.

Jane Dorotik

Bob Dorotik era un ávido corredor que siempre sale a trotar con la puesta del sol. Pero, esta vez, cuando su esposa regresa a casa, no encuentra a Bob por ninguna parte. Las búsquedas inmediatas no dan resultado, hasta que la policía sigue un rastro en el descampado en el que Bob suele hacer ejercicio, y descubre que su sesión de salud terminó muy mal. Su esposa Jane lo asesino por dinero

Amanda Lewis




Que su madre fuera a la cárcel o no dependía del pequeño A.J, quien con su testimonio tenía la libertad de su madre en sus manos. El pequeño de 7 años fue testigo del trágico caso que dividió a su familia.
Después de seis meses de no ver a su madre, la volvió a ver en el juicio, en principio no la reconoció, después de esto soltó el llanto. Lo mismo le ocurrió a Amanda, quien entre llanto gritaba: "Le pedí a mi abogado que parara por favor, Por favor, deja esto".

"Estaba muy tranquila, muy tranquila", dijo Lewis. "Amé mi vida". Su hija, Lewis dijo, era una niña que buscaba mucho su atención. "Era una niña feliz, muy extrovertida, muy hiper ... Ella se parecía a mí, actuaba como yo, era testaruda como yo", dijo. "Ella era como mi sombra ambulante".

A.J. Era el niño más tranquilo y relajado. "Estaba tranquilo", dijo Lewis. "Podría sentarse en la esquina y jugar con su auto y estar contento y feliz".

En 2008, Lewis tuvo que dejar a sus hijos solos por las noches porque entró a trabajar como enfermera. Y para evitar accidentes mientras no estaba en casa les hizo una serie de recomendaciones de no acercarse a la piscina que se encontraba en el patio.

¨Les dije que no podíamos utilizar la piscina hoy, pero ellos querían salir unos minutos mientras yo dejaba todo listo para irme¨, declaró Amanda

En el patio había una piscina de 4 pies de profundidad, pero no podían entrar a ella sin la supervisión de un adulto o por medio de una escalera que estaba encerrada en el cobertizo.

De pronto A.J. Gritó "Mamá, Adriana está en la piscina, al principio pensé que quería decir que estaba junto a la piscina y le dije, 'OK, bueno, dile que entre'"

Minutos después Lewis salió a buscar a la pequeña y encontró al pequeño rastrillando el agua como si estuviera tratando de agarrarla... "Salí corriendo de la casa", dijo. "Cuando llegué a la piscina ... estaba boca abajo ... estaba muy morada, muy azul".

Lewis dijo que empezó a dar Adriana CPR y llamó al 911. La pequeña Adriana fue trasladada al hospital más cercano. La doctora que se encontraba en emergencias, Linda Fox, comentó que ella y otros médicos trataron de salvarle la vida a la niña, lograron recuperar su pulso pero este no le duró. La pequeña Adriana fue declarada muerta a las 5:05 p.m.

Hasta aquí todo parecía normal, apuntaba a un accidente en el hogar que tuvo un fatal desenlace.
Días después, el pequeño empezó a hacer unos extraños dibujos en los que aparecía su hermana dentro de la piscina y su madre, ahogándola.

Al principio las autoridades pensaron que la muerte de Adriana fue accidente, pero algo no andaba bien, la niña media 1.20 m y la piscina solamente tenía 80 centímetros de profundidad.

Fue el pequeño A.J. Quien dio declaraciones desgarradoras ante el juez, al decir que su hermana no se ahogó por accidente, y que fue su propia madre quien en un arranque de locura la sumergió en la piscina.
Además, algunos testigos dijeron que la pequeña tenía terror al agua. Aún más perjudicial fue el testimonio de los compañeros de Lewis, quienes dijeron que tres mese antes del ahogamiento, Lewis dijo que quería matar a Adriana después que la niña rayó su coche nuevo con un marcador permanente y esto la molestó demasiado.

Sin embargo, a esto Lewis se defendió diciendo: "Es un comentario que todo el mundo usa, pero nunca en mi mente, nunca, lo haría a cualquiera de mis hijos", dijo.

Otra de las pruebas perjudiciales para Lewis fueron los moretones inexplicados encontrados en la frente de Adriana.

Con dos horas fueron suficientes para que los jurados declararan a Lewis culpable de asesinato, mandándola a prisión de por vida.

4 ago. 2018

Genene Jones

La enfermera Genene Jones no podrá escapar a su propia pesadilla. Entre 1978 y 1982, su adicción al crimen sembró de víctimas los hospitales de caridad de Texas. Sospechosa de poner fin a la vida de 60 niños, aunque condenada sólo por un asesinato y un intento de homicidio, esa maestra del horror ha vuelto a la luz al ser procesada por otros dos crímenes justo cuando iba a recobrar la libertad.

Jones, que siempre se ha declarado inocente, sacudió la América de mediados de los ochenta. La facilidad con la que había actuado y la absoluta inoperancia de las autoridades médicas abrieron un escándalo del que aún se guarda memoria. Durante años, amparada por la fragilidad de los bebés que ingresaban en la unidad de cuidados intensivos, su conducta escapó a la justicia. Sus jefes la apreciaban y en los hospitales de San Antonio se la tenía por una enfermera seria y de confianza. Bajo esta aureola, empezó a proceder con menos precaución, incluso ante los propios padres. Así ocurrió con la pequeña Chelsea McClellan, de 15 meses. Jones le aplicó succinilcolina, un poderoso relajante muscular de uso quirúrgico. La inyección fue advertida por su madre, quien vio apagarse ante sí a su hija.

“Se quedó flácida, como una muñeca de trapo, dejó de respirar mientras me miraba intentando gritar ¡mamá!”, recordó en el juicio la progenitora. Este testimonio y el hallazgo de restos del anestésico en la fallecida facilitaron la condena por asesinato. Noventa y nueve años de cárcel que se sumaron a otros 60 años por el intento de matar a un bebé de cuatro semanas con heparina, un anticoagulante de efecto rápido.

Aunque los fiscales la vincularon a 60 crímenes, las acusaciones no prosperaron por la dificultad de hallar restos de las sustancias inyectadas, los diagnósticos confusos y la propia desidia de las clínicas. La amplitud de las primeras condenas también restó interés al caso.

Pasados tres decenios, todo parecía olvidado hasta que el año pasado la fiscalía comprobó que Jones, de 66 años y tras haber cumplido un tercio de la pena, podía reclamar su puesta en libertad para marzo de 2018. Dado que en Texas no existe la prescripción en casos de asesinato, el ministerio público abrió una investigación secreta que ha derivado  en la apertura de dos procesos y en la consiguiente paralización de su salida a la calle.

El primero juicio se remonta a la muerte en 1981 de Joshua Sawyer, de 15 meses, por una sobredosis de un antiepiléptico. Y el segundo corresponde al de Rosemary Vega, de dos años, fallecida tras una operación para tratarle un problema cardiaco. Su madre nunca ha olvidado lo que vivió en la unidad de cuidados intensivos. “Descubrí que Jones estaba inyectando algo a mi hija. Le pregunté qué hacia. Ella me respondió que estaba dando a mi hija algo para ayudarla a descansar. A los dos minutos de que se marchase, mi niña empezó a ponerse púrpura, los monitores se dispararon y entró en código azul”, contó la madre al Texas Monthly y a Propública. Era el 16 de septiembre de 1981. A la mañana siguiente, a las 7.52, Rosemay murió. El parte médico señala que en sus momentos finales le atendió la enfermera Jones.