15 oct 2012

Ruth Marina Lemus Mestizo


Junio 28 de 2007 

Ruth Marina Lemus Mestizo fue detenida en la Avenida 7C Oeste con Calle 20, en el barrio Terrón Colorado. 

Ruth Marina Lemus Mestizo, de 36 años, estaba solicitada por la Fiscalía 21 por los delitos de homicidio en grado de tentativa, y fabricación, tráfico o porte de armas de fuego y municiones. 

 La investigación partió del atentado contra dos personas, ocurrido el 29 de septiembre pasado, en el sector del Aguacatal. Ese día dos hombres armados acribillaron a Alexánder González, de 30 años, y Orlando Cifuentes, de 28. Aunque Cifuentes recibió cuatro impactos, sobrevivió a las heridas. Sin embargo, González, socio de Lemus en una firma de bolsa de empleos, no corrió con la misma suerte y falleció por seis heridas recibidas. Pero las indagaciones llevaron el sábado pasado a los investigadores hasta un hombre identificado como Augusto Jiménez Gallego, de 26 años, alias de 'El Ñato'. Ese día fue capturado cuando se movilizaba por la vía a Yumbo. 

Una orden de captura emitida por el Juzgado Sexto Penal Municipal lo reclamaba por los delitos de homicidio en grado de tentativa, y fabricación, tráfico o porte de armas de fuego y municiones. Aunque no se ha establecido con certeza, al parecer esta captura fue clave y condujo hacia la autora intelectual. 

Las autoridades develaron que él fue uno de los dos que accionó las armas contra González. Sin embargo, también detectaron que habían recibido un millón de pesos por intermedio de un tercero, a quien a su vez la señora Lemus había pagado cinco millones de pesos para que asesinaran a su socio. 

 “Un día consideró que ella podía tener su negocio propio, parece que esa fue la razón”, dijo el general Gómez, quien también aseguró que ella se desempeñaba como presidenta de una junta de acción comunal de Cali.

Rasema Handanovic

El Tribunal de Crímenes de Guerra de Sarajevo ha sentenciado a Handanovic, asesina en serie de confesión musulmana, a 5 años de prisión por la liquidación de 18 civiles y 8 militares croatas en la población de Trusina (Herzegovina) en abril de 1993. 

La asesina, que mató sin piedad a indefensos civiles, ha visto reducida su condena por haber colaborado con la justicia musulmana de su país, mostrar “arrepentimiento” y confesar sus crímenes. Handanovic, miembro de las Fuerzas Musulmanas de Bosnia y cierta unidad “especial”.. experta en matanzas y torturas varias, emigró a Estados Unidos y obtuvo la nacionalidad de ese país en el que vivió con gran tranquilidad hasta que fue detenida y extraditada en abril 2011. 

Curiosamente, el arrepentimiento por sus atroces crímenes le sobrevino inesperadamente, justo después de ser detenida. No es sorprendente que Handanovic , criminal de la peor especie que había enviado a mejor vida a muchos cristianos, decidiera comenzar una nueva y grata existencia en el país que bombardeó Belgrado, colaboró en la desmembración de Yugoslavia y engendró la república narco-musulmana de Kosovo, un sumidero mahometano donde se ha procedido al despiece de serbios para vender sus órganos al mejor postor.

Stella Maris Díaz


Un hombre sufrió quemaduras en su rostro y en el tórax tras haber sido rociado con perfume y prendido fuego en una casa de la localidad bonaerense de Del Viso, partido de Pilar. Por el hecho fue detenida su ex esposa, cuyos familiares sostenían ayer que la Justicia había impuesto al hombre una restricción para acercarse a ella. 

 La víctima fue identificada por la policía como Carlos Blandes, de 47 años, quien se encuentra internado en observación en un centro asistencial, con quemaduras en el 14% de su cuerpo. Fuentes policiales y judiciales informaron a la agencia Télam que el hecho ocurrió el jueves último, cerca de las 21, en una casa situada en la calle Argerich 1444, en el barrio Villa del Carmen, Del Viso. En esa vivienda residía la ahora acusada, Stella Maris Díaz, de 43 años, que se había separado de Blandes hacía unos seis meses. 

En el mismo terreno también vive la madre del hombre. Según las fuentes, la noche del hecho Blandes llegó hasta ese lugar aparentemente a visitar a su madre, pero comenzó a discutir con su ex esposa. 

En ese contexto, fue rociado con perfume para la ropa y prendido fuego con un encendedor, según dijeron los informantes. Díaz fue luego detenida y quedó a disposición del fiscal de Pilar Gonzalo Acosta, que ya le tomó declaración indagatoria por el delito de tentativa de homicidio. 

 Voceros judiciales consultados por Télam precisaron que la mujer no respondió preguntas, aunque sostuvo que no había querido matar a Blandes, sino "asustarlo". Los investigadores creen que la acción contra Blandes que se atribuye a Díaz fue impulsiva y no premeditada, y que intentó auxiliar al hombre cuando éste se quemaba. 

En tanto, un sobrino de la mujer detenida, que se excusó de dar su nombre, dijo a Télam que sobre Blandes pesaba una "restricción de la Justicia y no podía acercarse a la casa de ella", cuestión que el fiscal Acosta aún procura acreditar.

Laurie Lee Kelly

Una mujer fue encarcelada por dejar a su hija de seis años con dos mendigos para poder ir a buscar con quién tener relaciones sexuales en Mesa, Arizona, informó The Daily Mail. 

 Laurie Lee Kelly, de 43 años, habría entregado latas de cerveza a los dos hombres como incentivo para que cuidaran a su hija mientras ella estaba ausente. 

Kelly dijo a los investigadores que "necesitaba tener sexo" cuando dejó a su hija en el Evergreen Park. La menor permaneció cuatro horas con los extraños. 

La mujer fue arrestada el martes bajo sospecha de abuso de menores. Kelly, quien trabaja como asistente de profesor de escuela, dejó a su hija a la intemperie bajo el extremo calor de Arizona sin agua ni comida, reportó The Daily Mail. 

La razón por la cual la mujer "necesitaba tener sexo" era para ganar unos billetes de más. Este diario británico destacó que los testigos dijeron que muchas personas se turnaban para vigilar a la niña. 

Encarnación Jimenez


Encarnación Jiménez Moreno, de 38 años de edad y etnia gitana sería conocida como la “mataviejas” por el robo a 20 ancianas que estaban solas en su domicilio y por acabar con la vida de dos de sus víctimas, tras apalearlas, amordazarlas y asfixiarlas.

La vida de Encarnación Jiménez transcurre como la de cualquier ama de casa normal. Esta mujer vive con tres de sus cinco hijos en el barrio de Hortaleza. Su marido trabaja como albañil y ella se dedica a cuidar del domicilio familiar. 

Hasta ahí, una familia madrileña más, pero la realidad es diametralmente opuesta. Detrás de esta vida pública de Encarnación Jiménez se encuentra una de las supuestas ladronas y asesinas más peligrosas y prolíficas que se recuerdan en los últimos años en España. Su forma de trabajar incluye una violencia desmesurada con sus víctimas: destacan palizas por todo el cuerpo, rotura de varios huesos y amenazas de muerte. 

Según la policía, Jiménez espació mucho sus robos. Al principio cometió un asalto cada cuatro o cinco días, pero después, al sentirse segura, los incrementó hasta realizar dos diarios. Los primeros robos y agresiones resultaban inconexos, lo que dificultó, según los investigadores, su detención. Pero conforme aumentaba su autoconfianza se descubrió que utilizaba la línea 5 del metro (Canillejas-Casa de Campo) para desplazarse, lo que puso en jaque a la policía madrileña. Siempre trabajaba de la misma manera. 

Acudía a los edificios más antiguos de barrios donde viven personas mayores. Con la excusa de vender joyas o ropas entraba en los edificios. Subía al último piso y bajaba por las plantas hasta que encontraba a su víctima. Entonces las engatusaba para que abrieran la puerta. A veces simulaba ataques de tos o pedía fuego para fumar. Cuando la anciana abría, le preguntaba si estaba sola y pedía incluso que saliera un familiar para que la asesorara en la eventual compra. Si su víctima decía que estaba sola, comenzaba a actuar. Primero las asestaba un fuerte empujón contra la pared. Las llevaba hasta la última habitación del piso para que no las oyera nadie. En el trayecto, según la versión oficial, les propinaba todo tipo de golpes e insultos. Después dejaba tiradas a sus víctimas en el suelo y las amordazaba con sus propias ropas o con otras que cogía de los armarios de la casa. Antes las sometía a un arduo interrogatorio para saber dónde guardaban las joyas y objetos de valor, incluido el dinero en efectivo. 

En alguna ocasión fracturaba algún miembro de las ancianas, como ocurrió en un asalto en la plaza de Bami (Ciudad Lineal), cuando una octogenaria sufrió fractura abierta de tibia y peroné después de que Jiménez le partiera, supuestamente, la pierna con el canapé de la cama al negarse la víctima a confesar dónde estaban los objetos de valor. El primer crimen lo cometió el 18 de abril, cuando la condenada se abalanzó sobre su víctima María Iribarren Gallues, de 97 años, en el centro de Madrid, a quién amordazó tapándole la boca con el vestido de una muñeca. Tras ello, le ató las manos a la espalda y los pies con prendas de vestir, provocando así su muerte por asfixia. El segundo crimen lo realizó el 8 de julio de 2003, cuando llamó a la puerta de un domicilio asegurando que vendía joyas. Así, entró en el piso y ató a la anciana de pies y manos con una blusa, unos calcetines y un cinturón. 

También le anudó un pantalón de pijama alrededor del cuello, lo que ocasionó su muerte por asfixia. Encarnación amordazaba a las ancianas con ropa que encontraba en la misma casa que asaltaba: con camisones, medias, pañuelos, calcetines, corbatas o cinturones. 

Dos de las mujeres atracadas lograran desatarse y salir a la calle a pedir auxilio cuando la encausada se dedicaba a desvalijar la casa. Sin embargo, como ladrona dejaba bastante que desear, ya que cometió bastantes errores que permitieron la imputación de 20 robos: fumaba siempre varios cigarrillos de la marca Fortuna. Perpetraba los asaltos a cara descubierta y no utilizaba guantes, por lo que ha dejado sus huellas, además de pelos, en casi todos los domicilios. “Con todas las reservas y prudencia, todo hace pensar que se trata de un trastorno antisocial o disocial de la personalidad, lo que antiguamente se conocía como psicópata”, explicaba el jefe del servicio de psiquiatría del hospital de la Princesa (Madrid), el doctor Eduardo García-Camba. 

El especialista destacaba “la frialdad, la reincidencia, la mentira y la agresividad” que utilizaba Jiménez en sus robos. “Dos detalles resultan muy importantes, como son la ausencia del sentimiento de culpabilidad y su comportamiento impulsivo. 

La Audiencia Provincial de Madrid condenó a 137 años de prisión a Encarnación Jiménez Moreno por acabar con la vida de dos ancianas y robar a otras quince en sus viviendas de la capital, en su mayoría en el barrio de Salamanca, entre abril y julio de 2003. 

En la sentencia, el tribunal considera a Encarnación, que sufre una alteración de personalidad grave, autora de un delito de homicidio, quince de robo con violencia en concurso ideal con allanamiento de morada, con la agravante de reincidencia y abuso de superioridad, diez de detención ilegal y ocho de lesiones, entre otros. Según sentencia se la condenó también a pagar 72.000 euros a los herederos de sus víctimas mortales, María Iribarren, de 96 años, y Luisa Trueba, de 64 años, por los daños morales, así como un total de 104.335 euros para las ancianas asaltadas.

14 oct 2012

Natasha Cornett




Natasha vivía en una pequeña ciudad carbonera llamada Pikeville, en el condado de Kentucky, Estados Unidos. 

Era una joven como muchas, tenía novio, amigos, amigas, asistía a la escuela, le gustaba la música gótica, punk, la moda dark, el vampirismo, el ocultismo, la brujería, como a tantos adolescentes en todo el mundo. 

Tiene trastorno bipolar, pero cuando fue diagnosticada como "peligrosamente perturbada", el sistema de salud le negó tratamiento porque su familia no tenía seguro social. Natasha decía ser "hija de Satanás". 

El 6 de abril de 1997, Natasha, junto con dos amigas y tres amigos, entre ellos su novio, cansados de ser llamados "freaks", hostigados e incomprendidos por sus compañeros de escuela, maestros y padres, se montaron en el auto (tomado sin permiso) de la familia de uno de ellos y decidieron huir del pueblo que no los quería. 

Llevaban dinero que tomaron (sin permiso) a sus padres y dos pistolas tomadas (sin permiso) de sus casas. Cuando iban camino a Nueva Orleans se detuvieron en una cafetería para comer y ahí se encontraron con una familia de Testigos de Jeová. 

El padre de familia se acercó a Natasha y le preguntó "¿Crees en Dios?", ella contestó que no, "¿por qué no?, le cuestionó Vidar Lillelid, y Natasha le dijo algo así como "porque jamás ha escuchado mis plegarias". 

Al salir del café, la pandilla de Natasha secuestró a la familia integrada por el padre Vidar, la madre Delfina, Tabitha, de seis años, y Peter, de dos, los condujeron a un paraje solitario y les dispararon hasta que se les acabaron las balas. 

El pequeño Peter sobrevivió al ataque, pero quedó ciego por la bala que le destrozó los ojos. Natasha y sus amigos subieron a la camioneta Van de los Lillelid y condujeron a través de Arizona con la intención de llegar a México, pero fueron detenidos antes de llegar a la frontera. Natasha y sus cómplices fueron sentenciados a prisión de por vida. 

Ella actualmente está recluida en la Tennessee Prison for Women y tiene 28 años. La foto es de una entrevista que le concedió a la directora del documental "Six", sobre los crímenes de Pikeville. El uniforme azul era el carcelario reglamentario de la época.

Constance Kent


En 1860, un crimen levantó en Inglaterra un torbellino de titulares como nunca se había visto y atrapó desde Conan Doyle a Henry James. Kate Summerscale lo reconstruye en «El asesinato de Road Hill».

La muerte del pequeño Saville Kent propició charlatanes, relatos, teorías y hasta un nuevo concepto de detective.El cadáver apareció degollado al fondo de una letrina, de lado, con un brazo y una pierna hacia arriba. El asesino le había cortado el cuello, de izquierda a derecha, cercenándole las venas y los conductos respiratorios, y lo había rematado apuñalándole en el cuerpo, justo entre dos costillas, con un cuchillo. 

Después de una intensa búsqueda en la casa y en los alrededores, William Nutt, un zapatero que vivía cerca, y Thomas Benger, un granjero, lo encontraron en el jardín, en un retrete reservado para la servidumbre. Saville Kent había desaparecido durante la madrugada del 30 de junio de 1860.

La familia, los empleados de la finca y los vecinos de la aldea rastreaban la zona, pero nadie lo había visto. Sólo tenía cuatro años de edad. Kate Summerscale reconstruye el primer asesinato mediático de la historia en «El asesinato de Road Hill» (Lumen). 

Un crimen que conmocionó a la opinión pública y que removió el delicado equilibro de hipocresías y secretos que sostenía los cimientos de la sociedad victoriana. Los periódicos, sedientos de historias morbosas, rellenaron con este asesinato, cometido en el seno de una familia pudiente, docenas de páginas. Se redactaron editoriales, escribieron noticias y forjaron opiniones desde los titulares.

El 15 de julio de ese año, en uno de los andenes de la estación de Paddington, el inspector Jonathan Whicher, de Scotland Yard, poco podía sospechar, con su carácter silencioso, su agudeza intelectual y esa apariencia de hombre socavado, que auspiciaría el estereotipo de los futuros «sherlock holmes», de esos policías que hacen identidad con su barba sin apurar y su aspecto de divorciado. Whicher (piel pálida, ojos azules) arribó al pueblo por orden del Ministerio del Interior. Había que zanjar la polémica. Cuando llegó ya había candidatos para ocupar la vacante del asesino. 

Desde el propio Samuel Kent, padre del niño asesinado, hasta Elizabeth Gough, la niñera, o los vecinos. El diario «Bath Chronicle» publicó: «Entre los habitantes de clase baja del pueblo existe un sentimiento muy fuerte contra el señor Kent y su familia, ninguno de cuyos miembros puede aventurarse a caminar por el pueblo sin que lo insulten». Durante la investigación salió a relucir el pasado de la familia, desde la locura que sufría la primera mujer de Samuel Kent, Mary Ann Kent, con la que tuvo cuatro hijos, hasta el escándalo del segundo matrimonio de Samuel (que se casó con la institutriz, Mary Kent, con la que suspuestamente ya mantenía relaciones y con la que tuvo tres hijos, entre ellos, Saville Kent), además del odio latente de dos hijos de la primera esposa, William y Constance, hacia su madrastra y sus descendientes. 

Las especulaciones y las teorías fueron un reclamo para todo tipo de gentes, desde profesores de frenología, que aseguraban que podían averiguar quién era el culpable con palpar la forma del cráneo, hasta los que afirmaban que la imagen del asesino estaría grabada en la pupila del pequeño asesinado. Whicher no se dejó intimidar ni por unos ni por otros. Puso a un lado las reacciones y no permitió que desorientara su talento deductivo el desastroso trabajo de los policías que irrumpieron en la escena del crimen.

La única pista que poseía era una ventana abierta en medio del salón. Iba desde el techo al suelo y únicamente podía abrirse por dentro. A partir de ahí confirmó sus primeras ideas: no entró ninguna persona por la ventana, el asesino no sacó a su víctima por el salón, sino por la cocina, la ventana se abrió adrede para engañar a la policía, el perro guardían era inofensivo y el criminal no creía que se encontrara el cuerpo. «El asesino -dijo Whicher-, al sentirse frustrado, recurrió al cuchillo». Según la autora, «él estaba convencido de que el asesino era un miembro de la casa y de que todos los sospechosos se encontraban aún en la escena del crimen». Las pesquisas condujeron a una inculpada: Constance, de dieciséis años, pero, después de una vista, quedó libre de cargos. 

El asesinato no se resolvió y su aureola misteriosa planeó sobre la sociedad durante cinco años. El fracaso de la investigación malogró la carrera de Jack Whicher, que terminó retirado, aunque la historia demostraría que él tenía razón. El 25 de abril de 1865, aquella acusada que había eludido a la justicia reconoció ante un juez su crimen. Pretendía expiarlo. Los periódicos que habían humillado al detective no creyeron aquella confesión. «Varios diarios se resistieron a aceptar la validez de sus declaraciones», comenta la autora. O prefirieron la conjetura de una posible locura, como la que poseyó en determinados momentos a su madre. «Whicher tomó la frialdad silenciosa de Constance como un indicio de que había matado a su hermano», comenta Summerscale. «El verdadero objetivo de la profesión de detective era la creación de una trama que explicara el móvil de Constance: había matado a Saville por ?los celos o por el desprecio? que sentía hacia los hijos de su madrastra», explica la escritora. A partir de ahí, «Constance Kent se reflejaba en todas las mujeres de la novela: la asesina de cara dulce y posiblemente loca»; de igual forma, desde ese momento, dice la autora, «de Jack Whicher emerge en la figura del atormentado detective aficionado». Pero lo más impactante son las palabras de Constance: «Cometí el asesinato para vengar a mi madre, cuyo lugar fue usurpado por mi madrastra, quien ha vivido con mi familia desde mi nacimiento».

Y más adelante escribe: «Al principio pensé en matarla a ella (la madrastra), pero eso me parecía poco doloroso. Haría que sintiera mi venganza. Ella le había robado a mi madre el afecto al que tenía derecho, por eso yo le robaría a ella lo que más amaba». Lo que no se probó fue la implicación de William, su hermano. Eso queda para las novelas. 

El caso de Road Hill dio pie a un revuelo informativo. La casa se llenó de periodistas. Incluso alguno se hizo pasar por detective para entrar en la mansión. Los reporteros avanzaban toda clase de rumores y suposiciones sin apenas base. El crimen acaparó durante meses las páginas de los diarios, y muchos jugaron papeles importantes, incluso cuando en 1865 Constance confesó el crimen: era la sospechosa principal de Whicher, pero numerosas cabeceras no apoyaron su versión. 

Ahí estaban el «Daily Telegraph», el «Morning Star», el «London Standard» o el «London Reiview». Sólo «The Times» tomó al pie de la letra a la confesa Constance, mientras que el «Somerset and Wilts Journal», que siempre apoyó a Whicher, recordó el linchamiento que había sufrido el investigador. El caso también fue el germen del que brotaron obras literarias. Charles Dickens dedicó muchas palabras al caso y analizó el comportamiento de los detectives, dando las características para un personaje de novela. Él ya había creado en 1853, en «Casa desolada», al inspector Bucket. Pero, sobre todo, Whicher «fue el modelo del sargento Cuff, el detective de ?La piedra lunar?», de Wilkie Collins, una novela de 1868. La fascinación por esta nueva clase de hombres, capaces, por su intuición y sus dotes deductivas, de atrapar al más sagaz de los ladrones mereció, incluso, la atención de Charlotte Brönte, que lo describió como un «sabueso» que seguía «el rastro» o «la estela» de los criminales. 

De hecho, hasta «The times» se refiere a la «acostumbrada sagacidad» de Whicher. El misterio atrajo la atención y la imaginación de escritores como Arthur Conan Doyle, Wilkie Collins o Henry James -en su novela «Otra vuelta de tuerca» existen paralelismos curiosos, como dos hermanos, una institutriz y una atmósfera inquietante-

13 oct 2012

Casey Anthony



Caylee Anthony tenía 2 años cuando fue encontrada muerta en un bosque cerca de Orlando, Florida, en diciembre de 2008. Su madre, Casey Anthony, escapó la pena de muerte al ser encontrada no culpable del crimen, en un juicio híper mediático que culminó en julio del año pasado. Ahora, Casey busca limpiar su imagen a través de un videolog. Pero nadie quiere saber de ella. La historia.

 LA DESAPARICIÓN 

El 16 de junio de 2008, Casey se fue a Tampa junto a su hija. Estuvieron allí cerca de un mes. Durante todo ese tiempo, la madre y el padre de Casey reclamaban ver a su nieta, pero las respuestas eran siempre las mismas; "Está con la niñera, estoy muy ocupada, en la playa o en parques de agua". Todo eso era mentira: Caylee había desaparecido hacía 31 días. Mientras tanto, Anthony seguía yendo a fiestas y de compras, tal como se vio en las fotos presentadas como evidencia durante el juicio. Y un detalle: se tatuó "Bella Vita" (bella vida), mientras la nena estaba desaparecida. La supuesta niñera tampoco existía. Todo el relato de Casey era puro invento, según ella misma admitió más tarde a los investigadores. Fue luego de la insistencia de la abuela que Casey finalmente reveló que la nena no estaba en su hogar. ¿Por qué tardó cinco semanas en alertar a las autoridades? ¿Por qué entorpeció la investigación al decir que la niñera (que no existía) había secuestrado a Caylee? ¿Por qué actuó como si nada hubiera pasado mientras su hija estaba desaparecida? ¿Por qué jamás manifestó preocupación por su niña? Después de una extensa búsqueda de seis meses, Caylee fue encontrada muerta en un bosque cerca de la residencia de los Anthony en Orlando.

 LAS VERSIONES 

La defensa de Casey alegó que la nena se ahogó en la pileta familiar y fue encontrada por George Anthony, el abuelo. Para evitar una larga sentencia en la cárcel por negligencia de menores, el hombre (un expolicía) recomendó arrojar a Caylee en el bosque para que pareciera un homicidio. Pero para la fiscalía, Anthony sofocó a su hija, la escondió durante varios días en el baúl de su auto (del que salía un olor "a cadáver" según testificaron varias personas), y luego la enterró en un bosque. Además, describió a Casey como una "fiestera" que eligió asesinar a su hija para liberarse de las responsabilidades y disfrutar de su vida personal, algo que explicaría su tatuaje "Bella Vita". Además del olor del baúl del auto, la fiscalía también mostró como evidencia el hecho de que Caylee apareció con cinta adhesiva en la boca (un indicio claro de homicidio, dijeron) y las búsquedas de Google en la computadora personal de Anthony: cómo hacer cloroformo, rotura de cuello, hemorragia interna, defensa personal, trauma de pecho.

EL VEREDICTO 

Casey fue encontrada no culpable de asesinato en primer grado. El jurado sólo la encontró culpable de cuatro cargos menores por proporcionar información falsa a la Policía. Quedó en libertad el 17 de julio del año pasado. El juicio fue televisado y duró 33 días. Más de 600 periodistas de medios estadounidenses se acreditaron para cubrir el proceso. La revista Time lo catalogó como "el juicio mediático del siglo" y millones de personas siguieron en directo el veredicto. 

LA REAPARICIÓN 

Hoy Casey Anthony volvió al ojo público con un video que forma parte de su nuevo videolog, un espacio en el que promete contar sobre su vida actual y sus proyectos. En ningún momento menciona a su hija – sí habla sobre el perro que adoptó y sus más recientes y "únicas" adquisiciones: una computadora y una cámara digital. Con la publicación, llegó a ser Trending Topic en Twitter en Estados Unidos. 

La gran mayoría de los comentarios tienen este tono: ¿Por qué si ella es inocente no busca justicia para Caylee? ¿Por qué no se muestra afligida ante la pérdida de su hija? ¿Quién, si no ella, mató a Caylee Anthony?

Omaima Nelson


Omaima Nelson, apodada por la prensa como la 'Hannibal Lecter' californiana por haber matado, descuartizado y cocinado al que fue su marido, William Nelson, en 1991, aseguró ante el panel que le denegó la libertad condicional que no es "un monstruo" y que lamenta haber cometido tan horrible crimen.

"Siento haber descuartizado a mi marido", explicó la modelo egipcia, que acaba de cumplir 20 años entre rejas en una prisión de California y que podría estar encerrada a perpetuidad. 

La audiencia permitió a Nelson explicar los hechos ocurridos en un apartamento de Costa Mesa, una localidad costera del sur de California. Insitió en la teoría de que su marido trató de estrangularla y que fue en ese momento cuando le golpeó en la cabeza con una lámpara para después clavarle unas tijeras en la espalda, las que a la postre acabaron con su vida. "

Si no me hubiera defendido, ya estaría muerta", aseguró la egipcia. "Siento lo que ocurrió, pero estoy feliz de haber podido sobrevivir". Lo que no admitió es haberse comido los órganos de su marido después de haberlos cocinado, pese al testimonio de su psiquiatra durante el juicio.

"No soy un monstruo". Su declaración no ha servido para que las autoridades que analizan sus caso hayan cambiado de opinión sobre el peligro que todavía supone para la sociedad, por lo que seguirá encarcelada de forma indefinida.

Claudia Sobrero



Claudia Sobrero nacida en Flores, Buenos Aires, Argentina en 1962, era una joven de 21 años, sin trabajo y adicta a los estupefacientes. En el año 1982 se hace pareja de Jorge Palacio, el nieto de Lino Palacio, con quien tiene su segunda hija, María Cecilia, había tenido otra hija antes a los 17 años con una pareja anterior. 

En enero de 1984 Claudia convence a Jorge de robar las llaves del departamento de sus abuelos en Callao 2094, 5° piso, de la Capital Federal, diciéndole "tus abuelos van a estar en Mar del Plata, así que nosotros podemos entrar, tranquilos, y les robamos la guita de la caja fuerte". Jorge fue hasta Mar de Plata donde su abuelo estaba pasando unos días con su mujer, les robo las llaves sin que se dieran cuenta y saco copias antes de volver a Buenos Aires, pocos días después entraron en el departamento y robaron casi 10.000 dolares. Tiempo después la relación de la pareja se fue deteriorando, Sobrero culpaba a Palacio de maltratar a su primera hija por lo que luego se separaron. 

Unos meses después conoció a un joven chileno llamado Oscar Odín González Muñoz de 19 años, con quien se junto como pareja, Oscar tenía un amigo, Pablo Zapata, con el que siempre solían andar. Claudia sentía mucha admiración por su nueva pareja a tal punto de querer demostrarle que era capaz de todo, se le ocurre convencer a Odín y Zapata de robar en el departamento de don Lino Palacio, diciéndoles de que el y su esposa no se encontraban en casa y de que ella tenía las copias de las llaves, con lo que después logra convencerlos. El 14 de septiembre de 1984 los tres se dirigen al departamento dispuestos a entrar a robar convencidos de que nadie se encontraba allí. Al querer entrar se dieron cuenta de que Lino Palacio y su esposa Cecilia Pardo de Tavera de Palacio, ambos de 81 años, habían vuelto ya antes de sus cortas vacaciones. Claudia como era como un miembro de la familia al ser la ex pareja del nieto de ellos y madre de su bisnieta logra convencerlos de que la dejen entrar a ella y sus dos supuestos amigos de confianza, el matrimonio tras dudarlo acceden. Después de que entran es cuando empiezan a amenazarlos de entregar todo el dinero, las joyas entre otras cosas de valor. 

Al obtener lo que querían decidieron matarlos para no dejar testigos. A Cecilia Pardo la asesinaron con un cuchillo de cocina de 16 puñaladas, a Lino Palacio lo golpearon brutalmente en la cabeza con una plancha y después lo asesinaron con el cuchillo de 27 puñaladas. Los tres tras asesinarlos huyeron con las cosas que les habían robado. La hija del matrimonio, Cecilia Palacio, al entrar al departamento nota el desorden y descubre horrorizada a sus padres muertos, luego alerta a las autoridades. 

La policía indico como principal sospechosa a Claudia Alejandra Sobrero, la ex mujer del nieto de las victimas. Inmediatamente se inicio una búsqueda de la principal sospechosa en todo el país. Claudia Sobrero fue detenida 5 días después en Tucuman el 19 de septiembre de 1984, cuando un policía llamado César Isaya, le llama la atención una joven caminando por las calles de Tucuman con un sombrero cowboy, zapatillas rojas y jeans apretados.

 El policía la llama y le pide su Cédula de identidad, esta era falsa y no coincidía con la edad aparente de la joven, ademas se percata de los ojos azules de la sospechosa y no tiene casi dudas de quien es, la mujer que buscaba todo el país. Ella se da cuenta y responde "Sí, ya sé. Me buscan por el asesinato de Lino Palacio. Vamos”. Oscar Odín González Muñoz es apresado el mismo día en Tucuman pocas horas después. Pablo Zapata fue arrestado poco días después en la ciudad bonaerence de Don Torcuato.

Claudia salio libre en enero de 2012

Sieglinde Hofmann



Sieglinde Hofmann. Nacida el 14 de marzo de 1945, en Bad Königshofen, Baja Franconia, Alemania. Fue una militante del Colectivo de Pacientes Socialistas (SPK)1 y de la Fracción del Ejército Rojo (RAF). 

 De niña Hofmann asistió a una escuela para niñas de religión católica y después se adiestró para ser enfermera y trabajadora social. Se cree que se unió a la Fracción del Ejército Rojo como parte de la segunda generación en 1976, luego de haber sido miembro del SPK, siendo sospechosa del asesinato del banquero Jürgen Ponto, aunque hoy día se sabe que los terroristas Susanne Albrecht, Brigitte Mohnhaupt y Christian Klar fueron quienes tomaron parte en el asesinato de Ponto.

Hofmann estuvo entre el grupo de terroristas que tomó parte en el secuestro del industrial Hanns Martin Schleyer. Ella caminó al borde la calle, y al acercarse al convoy de Schleyer, empujó un cohce de bebe, de donde sacó un fusil y junto a otros terroristas ametralló el carro del industrial y el de los escoltas asesinando al chofer y a los dos policias.2 Hofmann, junto a Brigitte Mohnhaupt, Peter-Jürgen Boock y Rolf Wagner fueron arrestados el 30 de junio de 1978 en Yugoslavia, pero fueron liberados y enviados al país de su preferencia. Todos volvieron a la actividad terrorista incluyendo Hofmann. 

Dos años, después, en 1980, Hofmann fue arrestada nuevamente en París junto a Ingrid Barabass, a consecuencia de allanamiento a varios refugios de la RAF. A pesar de ser inicialmente slo acusada por su participación en el asesinato de Ponto y ser condenada a quince años de prisión, Hofmann fue llevada a custodia tres días antes de cumplir su sentencia en agosto de 1995 para ser juzgada por otros delitos. El segundo juicio fue solo posible después de una clarificación judicial en Francia. 

El 26 de septiembre del mismo años, Hofmann, ahora de 50 años de edad, fue encontrada culpable de cinco casos de homicidio, y en 3 casos de intento de homicidio por la Corte Suprema de Stuttgart, y recibió una condena a cadena perpetua.

 Sus crímenes incluyeron ofensas contra Ponto, y el fallido ataque con bomba al Comandante Supremo de la OTAN Alexander Meigs Haig, Jr. y el asesinato y secuestro del Presidente de la Asociación de Empleados de Alemania, Hanns Martin Schleyer. Ella fue no obstante liberada de prisión, el 5 de mayo de 1999.

En la pelicula "Der Baader Meinhof Komplex" es interpretada por la actriz alemana Sandra Borgmann, pero aparece con el seudónimo de "Ruth", sin mencionar nunca su nombre.

Gesche Gottfried


Gesche Margarethe Gottfried1 o Gesche Margarethe Timm, por su nombre de soltera, (16 de marzo de 1785 en Bremen - f. 21 de abril de 1831, íd.), popularmente conocida como «el ángel de la muerte de Bremen» o «el ángel caído de Bremen», fue una asesina en serie alemana que entre 1813 y 1827 asesinó en a 15 personas, todas ellas familiares y amigos cercanos, entre los que se encuentran sus dos padres, su único hermano y tres de sus hijos, en Bremen y a una persona en Hannover. A todos los envenenó con arsénico.

Gottfried nació en el seno de una familia pobre, fue hermana gemela de un varón, Johann Timm Jr. Sus padres, Johann Timm y Gesche M. Timm, siempre tuvieron una clara preferencia por su hermano. En realidad, hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta qué es lo que llevó a Gottfried a cometer sus crímenes, pero la carencia afectiva que vivió durante su infancia y, en sí, su modus operandi hacen suponer que sufría de síndrome de Münchhausen por poder, trastorno muy común entre las mujeres asesinas en serie, como móvil de sus crímenes. 

Usaba un raticida llamado «grasa de ratas» —en alemán, «Mäusebutter», muy común en la época—, que consistía en pequeñas hojuelas de arsénico mezcladas en grasa animal. Le suministraba pequeñas dosis a sus víctimas en la comida; con el tiempo estás comenzaban a enfermar, y Gottfried «amable, desinteresada y resignadamente» se ofrecía a cuidar de ellos durante su convalecencia, tiempo que aprovechaba para seguir intoxicándolos. Durante el tiempo que duró su actividad criminal, Gesche Gottfried fue considerada una ciudadana modelo y fue muy querida en su comunidad, más aún después de las constantes perdidas familiares que sufrió; parecía que a la amable, cándida y bondadosa Gesche la perseguía una «nube de infortunio». Sus vecinos, conmovidos por el ahínco y la resignación con que cuidaba no sólo sus familiares, sino también a sus amigos enfermos, comenzaron a llamarla «el ángel de Bremen». 

Guillermina Rumpff, duodécima víctima de Gesche, antes de morir le confió a su médico ciertas sospechas que tenía: había descubierto «pequeñas y extrañas cuentas de color blanco» dentro de un platillo que Gottfried le había preparado. Le entregó dichas cuentas a su médico, el doctor Luce, quien, por cierto, ya había atendido a varias de las víctimas anteriores.

Luce determinó que se trataba de arsénico y alertó a las autoridades, pero para entonces Gottfried ya se había cobrado otras dos víctimas, Elisa y Beta Schmidt, y se había trasladado a Hannover, donde se encontraba marchitando la vida de su última víctima, Frederic Little. Fue la noche del 16 de marzo de 1828, día de su 43º cumpleaños, cuando fue arrestada. 

Fue condenada a pena de muerte; la pena se cumplió el 21 de abril de 1831, en la guillotina. Fue la última ejecución pública en la historia de Bremen. Del rostro del cadáver de Gottfried se tomó un molde de cera para estudiar los patrones faciales de las mujeres criminales. Esto se halla dentro del campo de estudio de la ahora ya obsoleta frenología.

Assata Shakur



Assata Shakur (nacida con el nombre de Joanne Deborah Byron Chesimard el 16 de julio de 1947 en la ciudad de Nueva York) fue una activista estadunidense del Partido Pantera Negra.

Shakur se crio en Nueva York y estudió en el Manhattan Community College y el CCNY, donde estuvo involucrada en diversas luchas. Más tarde le fue concedido el asilo político en Cuba (donde vive en la actualidad).

Assata Shakur es una fugitiva del estado de Nueva Jersey y de los Estados Unidos, acusada del asesinato del compañero activista Zayd Shakur y del policía estatal de Nueva Jersey Werner Foerster.

El 2 de mayo de 1973, Shakur, que entonces pertenecía al Ejército por la Liberación Negra (Black Liberation Army), y ya no al Partido Pantera Negra, fue detenida en la carretera de condado estatal de Nueva Jersey por los agentes James Harper y Werner Foerster, junto a dos panteras negras: Zayd Shakur y Sundiata Acoli, por conducir un vehículo con una luz trasera rota. Según los registros policíacos, Assata abrió fuego contra los agentes, iniciando un tiroteo en el que fallecieron Zayd Shakur y el agente Foerster, en tanto Assata Shakur y el otro agente resultaron heridos. Se dice que Assata tomó el arma del policía Foester estando éste herido y le disparó dos veces en la cabeza [cita requerida]. Los tres se subieron al automóvil y huyeron.

Ocho millas más adelante, Sundiata salió del mismo con Assata herida en los brazos y el cadáver de Zayd para refugiarse en el bosque, pero fueron capturados al día siguiente tras una persecución. Durante los dos años y medio posteriores Assata Shakur estuvo en la cárcel mientras se le enjuiciaba simultáneamente por seis causas distintas. Shakur alega que fue golpeada y torturada durante su encarcelamiento en varias prisiones federales y estatales.

Los cargos iban desde secuestro hasta asalto y robo de banco. Shakur fue encontrada culpable del asesinato de Foerster y su compañero Zayd Shakur, por su participación en el tiroteo, a pesar de la evidencia física de que no pudo haber disparado un arma durante el incidente (Traducción al castellano de la Declaración De Hechos En El Juicio De Nj De Assata Shakur (2005): http://www.assatashakur.org/appeal_case_facts_2005_es.htm)

En 1979 se escapó de la prisión de máxima seguridad de Hunterdon County y vivió como fugitiva hasta 1984, cuando se escapó a Cuba, donde le fue otorgado el asilo político. En 1998, el congreso de Estados Unidos solicitó, de manera unánime, a Cuba la extradición de Joanne Chesimard. Muchos congresistas negros explicaron después que estaban contra la extradición, pero que no reconocieron el nombre cuando fue propuesta la resolución. El National Conference of Black Lawyers y Mos Def están entre las organizaciones profesionales y artistas comprometidos políticamente que apoyan a Shakur. También hay movimientos anarquistas, socialistas y de izquierda que la apoyan, y por las universidades estadunidenses se pueden ver playeras en las que se lee "Hands Off Assata" (manos fuera de Assata). Tras haberse mudado a Cuba escribió Assata: An Autobiography.

El 2 de mayo de 2005 su nombre fue agregado a la Lista de Terroristas del FBI, con una recompensa de un millón de dólares por ayudar en su captura. Algunos activistas aseguran que en su caso, se aplicaron nuevas leyes terroristas contra un no-terrorista.

Assata tiene una hija, y es la madrina del rapero Tupac Shakur.

Daphne Abdela


Daphne Abdela era la hija adoptiva de una ex modelo francesa y un millonario norteamericano, ejecutivo de una panificadora.

Despreciaba los lujos de su familia sustituta y poco después de los 13 años, empezó a beber alcohol casi todos los días. Poco después de cumplir 15 años conoció a Christopher Vasquez, de su misma edad, que tomaba antidepresivos desde los 9, abrumado por la separación de sus padres, y que sufría de agorafobia, una enfermedad que le hacía sentir terror en los espacios públicos.

Era un ex monaguillo, ex boy scout y alumno de un prestigioso instituto privado. Este encuentro fue trágico: los dos chicos se amaron, se emborracharon, y de "aburridos" cometieron un crimen en el Central Park de Nueva York. Ocurrió la noche del 23 de mayo de 1997.

Ante la mirada de Daphne, el chico le asestó 50 puñaladas y le sacó las vísceras a Michael McMorrow, un agente inmobiliario de 44 años, que había estado tomando cerveza con ellos. Daphne había conocido a la víctima en un grupo de Alcohólicos Anónimos, en una de sus tantas recaídas en la bebida. La noche del crimen, Christopher tomó mucha cerveza.

La policía cree que el alcohol más los antidepresivos le provocaron un brote psicótico. McMorrow pesaba 40 kilos más que él, pero el chico dominó la situación y lo apuñaló. La Policía los detuvo fácilmente: siguió los rastros que habían dejado hasta el edificio en el que vivía Daphne. Allí hallaron ropas manchadas de sangre en su habitación. Luego, la chica contó todo. Cuando allanaron la casa de Vasquez encontraron el cuchillo con el que había matado a McMorrow. El joven también confesó. Poco tiempo después, la Justicia de Nueva York, como eran menores, los condenó a 10 años de prisión.

Las "viudas negras" de Liverpool



A finales del siglo XIX, muchos individuos deshonestos usaban veneno como método para deshacerse de amigos y familiares indeseados con mucha más frecuencia que hoy en día. 

Esto era particularmente cierto en el caso de Inglaterra, donde las enfermedades a veces diezmaban a familias enteras. ¿Quién habría adivinado que la mano criminal de un envenenador era responsable de muchas de las muertes prematuras? Cuando Thomas Higgins cortejó y desposó a una chica en 1883, los tiempos eran difíciles en Liverpool. Thomas, un albañil de 45 años, había trabajado duro toda su vida, aunque ese gran esfuerzo no había rendido mucho fruto para el día en que él y Margaret, de 41 años, se casaron. Era su segundo matrimonio; su primera esposa había muerto de causas naturales años antes. Thomas llevó a su hija Mary a vivir con él y su nueva esposa. Después de la boda, la familia Higgins se mudó con Catherine Flannagan, hermana de Margaret. ¿Quién sabe si las hermanas planearon el asesinato de Thomas Higgins antes del matrimonio? Hay algunas cosas que sabemos con certeza. La pequeña Mary murió en marzo de 1884; la muerte se atribuyó a causas naturales. En realidad, las dos mujeres eran asesinas consumadas mucho antes de aquel casamiento. 

Durante nueve meses, los Higgins se quedaron con Catherine Flannagan y su hija de 13 años, Ellen; no había ningún señor Flannagan. El 22 de septiembre de 1883, los Higgins se mudaron a un sótano en la calle Ascot. Fue allí donde Thomas dijo por primera vez que no se sentía bien. Tres días después Thomas sufrió vómitos y diarrea. Margaret atendió a su esposo, pero debido a la severidad de sus ataques debió buscar ayuda médica; llamaron al doctor Whitford, quien le prescribió remedios. 

Al día siguiente, cuando visitó a Thomas, lo encontró mucho mejor. Pocos días después, Thomas se encontraba en terribles condiciones. En esta ocasión, Margaret no llamó al médico. En lugar de ello, le pidió a su hermana Catherine que los visitara. El 1 de octubre, el octavo día de la enfermedad de Thomas, Catherine pensó que era mejor buscar apoyo moral. Llamó a dos vecinas, las señoras Manville y Lawton. Thomas estaba fuera de sí debido al dolor y alucinaba. A medianoche, Catherine, comprendiendo que su hermana necesitaba dormir, le sugirió a Margaret que pasara la noche en su casa. Margaret estuvo de acuerdo y dejó a su esposo al cuidado de su hermana y vecinas. Thomas pidió algo de beber. Catherine le dio un poco de líquido de una taza. 

Después de darle el líquido, vació el resto de la taza en el fuego. Thomas quería levantarse de la cama. Sólo podemos imaginar la sorpresa de la señora Manville cuando escuchó a Catherine espetar: "No tiene fuerzas para levantarse. Estoy cansada de escucharlo suplicando". La señora Manville le lanzó a Catherine una fea mirada y ayudó a Thomas a ponerse de pie. El pobre Thomas se tambaleó, luego cayó sobre la cama. Una vez más pidió un trago de agua. 

La señora Manville se lo dio. Sería el último sorbo de Thomas. Se desplomó sobre la almohada, muerto. Sus cuerpos fueron exhumados. Pequeñas cantidades de ARSÉNICO se encontraron en dos de ellos y una dosis fatal se halló en el cadáver de John Flannagan Entonces la señora Manville gritó: "¡Señora Flannagan, levántese! Tiene un ataque o está muerto". Compasiva, Catherine le respondió. "Siéntese y ocúpese de lo suyo. Déjelo morir en paz". 

Las mujeres confirmaron que Thomas estaba realmente muerto. Salieron del sótano, cerrando la puerta detrás de ellas. Fue por pura mala suerte de las envenenadoras que Thomas Higgins tuviera un hermano, Patrick, quien era medio sabueso. Patrick no podía creer que su saludable hermano hubiera muerto por causas naturales en ocho días. Pasó por la casa del doctor Whitford y descubrió que el buen médico sólo había visitado a Thomas el primer día de su enfermedad, pero firmó el certificado de muerte y atribuyó el fallecimiento a disentería. Ahora, listo para actuar, Patrick visitó a un agente de seguros, el señor Bowles, quien le informó que Thomas había sido asegurado por una cuantiosa suma. Eso fue suficiente. Patrick conversó con el forense y le comunicó sus sospechas. Se realizó una autopsia y se determinó que Thomas tenía una gran cantidad de arsénico en su organismo. Margaret Higgins fue detenida de inmediato, pero su hermana resultó ser más difícil de encontrar. 

Catherine logró mantenerse prófuga de la justicia hasta el 13 de octubre, cuando también la arrestaron. Una vez que se demostró que Thomas Higgins había sido asesinado, se investigaron otras muertes en la familia. El hijo de Catherine, John, había muerto en diciembre de 1880. Margaret Jennings, una joven de 18 años que se había alojado con Catherine, había muerto después de una corta enfermedad en enero de 1883. Y por supuesto, también estaba el caso de Mary Higgins, fallecida en marzo del mismo año. Sus cuerpos fueron exhumados.

Pequeñas cantidades de arsénico se encontraron en dos de ellos y una dosis fatal se halló en el cadáver de John. Se examinó la ropa que estaba en el sótano de la calle Ascot. Se encontraron trazas de arsénico en el fondo de uno de los bolsillos de un abrigo que pertenecía a Margaret Higgins. Una botella que contenía arsénico también se halló en el lugar. Luego de un examen, se descubrió que el arsénico en la botella se había conseguido al remojar papel matamoscas en agua. 

Éste es el primer caso registrado en la historia del crimen en el cual se extrajo arsénico de papel matamoscas con el propósito de cometer asesinato. Margaret y Catherine fueron enjuiciadas por asesinato el 13 de febrero de 1884. Se conoció que cinco compañías de seguros distintas habían emitido pólizas que aseguraban la vida de Thomas Higgins por pequeñas cantidades. Thomas había firmado sólo dos de ellas. Su rúbrica había sido falsificada en las otras tres. 

 Las hermanas habían intentado sacar una sexta póliza por 50 libras, pero debido a que era una cantidad mayor, se necesitaba un examen médico. Cuando un agente de seguros lo visitó para informarle sobre el examen, Thomas se enfureció. Echó al agente de su casa, gritándole: "Váyase al diablo. No obtendrá dinero de mí". Las dos perversas hermanas se habían confabulado durante años al asegurar a sus víctimas por pequeñas cantidades y envenenarlas poco a poco.