15 mar. 2014

Antonia Giampietro


En 2003 una delincuente serial atacaba con absoluta impunidad en Córdoba (Argentina) y la Policía ni siquiera lo sospechaba. Su método era el siguiente: seducía a ancianos que iban a cobrar sus jubilaciones haciéndoles creer que quería "pasar un buen rato" con ellos. Después de que los señores (también hubo víctimas mujeres) cobraban sus salarios, la Viuda Negra los llevaba a caminar unas cuadras y les daba para consumir una droga que terminaba por dormirlos. Al despertar los ancianos se encontraban tirados en la calle o en el hospital. 

A todos les habían robado la plata del sueldo y sus objetos de valor. Dos de ellos, nunca despertaron.
La casa es humilde. El aspecto de mujer retraída de María del Carmen contrasta con la aguda música metálica que reproduce la computadora. Cuando ella se da cuenta de lo molesto del sonido se ríe y baja el volumen. “A mí hijo le gusta el metal”, dice y lo baja. En el modular reposan las fotos de sus dos hijas mujeres y sus nietos, que desde hace un tiempo viven en Israel. El hijo más grande está trabajando y el más chico, que sale con olor a perfume del baño, a punto de ir a estudiar. No parece la casa de una detective privada y, de hecho, no lo es. Sin embargo, estamos ante una mujer que tuvo una sensibilidad especial que terminó dando el puntapié inicial para resolver uno de los hechos policiales más complejos de la historia de Córdoba. Un caso que se enseña en los libros. El caso de “La Viuda Negra”.

-A mí siempre me decían que yo tenía que pagar la crianza que me habían dado. Era feo porque yo me preguntaba ¿Cómo se pagará la crianza? Así que siempre viví con esa mochila.
- ¿Y la pagaste a la crianza?

- No. No la voy a terminar de pagar nunca, porque este techo me lo dieron mis padres.

El diálogo entre este diario y María del Carmen Luna se produjo hace unos días. Era la primera vez en mucho tiempo que la señora hablaba del asesinato de su padre y no podía esconder su emoción.

-¿Cómo se te ocurrió decirle a la Policía que en esos datitos que tu papá escribió en el recibo de sueldo antes de morir podía haber información importante?

-Porque yo sabía que mi papá no conocía a nadie en esa dirección (que estaba escrita en el papel) y eso fue lo que les dije. “Si mi papá escribió eso, es porque algo quería decir”.

Para entender. Antes de que los violadores seriales se robaran el protagonismo de las noticias hubo una delincuente serial conocida como “La Viuda Negra” que mató a dos personas y engañó (al menos) a más de una docena de hombres mayores. Se llama Antonia Lorenza Giampietro y todavía continúa presa pagando una condena a 24 años de prisión.

Este diario, después de muchos intentos, logró contactar a María del Carmen Luna, la hija de Julio Enrique Luna, una de las víctimas indirectas de “La Viuda Negra”. Ella es quien se dio cuenta antes que nadie, de que a su padre lo habían asesinado y con su denuncia le abrió los ojos a la Policía.

El ataque a Luna. El 30 de mayo de 2003, la delincuente sedujo a Julio Enrique Luna a quien después de dormir (haciéndole tomar un jugo Baggio mezclado con un depresor del sistema nervioso derivado de una droga llamada Benzodiacepina) le robó su sueldo. Antes de perder el conocimiento ese hombre tuvo un último impulso y escribió en el reverso del recibo de sueldo dos cosas que le había escuchado decir a su victimaria: la dirección “Obispo Clara 1146” y un apellido “Rodríguez”. Finalmente, Luna fue encontrado en la vía pública y llevado al Hospital de Urgencias donde tres días después murió.

La pista. Unos días después la hija de Luna se presentó en la Policía y basándose en ese papel hizo que la Policía comenzara a investigar el caso.

-¿Cuándo te diste cuenta que algo andaba mal con tu papá?
- Lo vi salir a cobrar el sueldo temprano. Él siempre cobraba y volvía a dejar su platita, pero esa noche del 30 de junio no volvió. Al día siguiente me desperté y tampoco estaba.

-¿Lo denunciaste a la Policía?

-Sí. Pero me dijeron que había que esperar 48 horas.

El padre de María del Carmen a esa altura estaba internado en el Hospital de Urgencias pero, aunque ya sabían su identidad, nadie llamó a sus familiares. A los dos días de su desaparición María del Carmen lo encontró allí internado. 

-Lo confundieron con un ciruja tirado en la Costanera. Llamaron al 107 y lo dejaron ahí acostado dos días. Cómo él se quería levantar para llamarme y no lo dejaban ir, lo tenían atado. Así lo encontré Estaba muy mal, era imposible comunicarse con él.
-¿Tenía su billetera?

-No. No tenía nada. Sólo estaba ese recibo de sueldo.

-De qué se jubiló tu papá.

-En la Kaiser, pero antes había sido policía durante diez años. Creo que eso también sirvió para poner darnos la pista.

La atención que recibió Luna en el Urgencias no fue de las mejores. De hecho, a su situación al ingresar se sumó una infección hospitalaria. Finalmente, murió.

-¿Cuándo decidiste denunciar su muerte como un posible homicidio?

- En el sepelio de papá, un familiar que siempre cobraba en el mismo lugar con él, hizo un comentario sobre que lo había visto irse del banco con una mujer. La verdad es que a mi papá (viudo en ese entonces) le gustaban las mujeres y había tenido alguna que otra relación. Yo pensé que ese comentario era de envidia o con maldad. Igual desde esos momento sentía que algo tenía que hacer.
- Y fuiste a la Policía.

- Sí. Pedí hablar con alguien y terminé con el jefe de Homicidios (en ese entonces Rafael Sosa, actualmente en Drogas Peligrosas). A él le conté y él me hizo hablar con el policía Osorio, que fue el que al final la detuvo.

María del Carmen habló con esos dos policías, con el sumariante Peralta Lemos y con el ayudante de fiscal Eugenio Pérez Moreno. A todos ellos les mostró el recibo de sueldo de su papá y les dijo que su padre había escrito eso “por algo” instándolos a investigar qué le había pasado.

La investigación. A partir de ese momento, la investigación de la muerte de Luna derivó en un caso policial. Todavía desconfiando los detectives fueron al Hospital de Urgencias y se enteraron de que eran muchos los ancianos que ingresaban allí con “intoxicaciones” similares. Todos tenían en su organismo derivados de la Benzodiacepina y también a todos les habían robado el sueldo.

-Tu denuncia fue en junio y la atraparon recién a fines de agosto ¿Cómo viviste esos tiempos?

- Fue muy difícil porque me pidieron que no hablara con los medios. Lo peor fue cuando apareció el otro señor muerto.
A comienzos de agosto “La Viuda Negra” mató a otro señor de 73 años llamado Antonio Almada. Entre mayo, junio y julio la delincuente había atacado un promedio de cinco hombres por mes, y en uno de esos meses, en un solo día había acumulado la suma de 5.040 pesos producto del despojo sucesivo de 1.500, 2.700 y 840 pesos a tres jubilados.  Los terrenos más comunes para el abordaje de sus víctimas eran el Hogar de Día Arturo Illia en la esquina de la avenida General Paz y Tablada, el Banco Provincia de Córdoba de Alta Córdoba y el Nuevo Banco Independiente Azul, en 27 de Abril 288. Varias víctimas dijeron que la mujer les había dado el mismo nombre que Luna escribió en su recibo: Rodríguez. Los ataques se remontaban a varios años antes en los que la viuda golpeana sin que la Policía se diera cuenta.

Los datos de Luna y la denuncia de Maria del Carmen habían sido claves para saber qué estaba ocurriendo.

Crianza. La historia personal de María del Carmen es más compleja de lo que se sabe. En realidad, ella no era hija de Luna, sino que fue adoptada por el hombre cuando éste se casó son su madre y ella ya tenía 4 años de vida. En ese hecho también radica la “deuda de crianza” de la que tanto habla la mujer.

-¿Y cómo se conoció él con tu mamá?

-Cuando ella se enteró de que mi papá natural tenía otra familia. Ella tenía 26 años, recién llegaba del interior y corría el año 1951. Entonces nos llevó a vivir con él. Al año siguiente el jefe de Policía hizo un casamiento en la catedral donde se casaron todos los policías que vivían en concubinato y se casaron.

-¿Y de ahí sale lo de tu deuda con la crianza?

-¡Dios mío, nunca el hijo termina de pagar la crianza...!

La captura. El 29 de agosto de 2003 la viuda fue detenida. Los policías de homicidios la agarraron con las manos en la masa. Estaba a punto de darle a un señor un jugo Baggio mezclado con pastillas que contenían Benzodiacepina. Dos años después la Cámara 4ª del crimen la condenó a 24 años de prisión.

-¿Qué sentiste cuando la atraparon? ¿Cuándo te diste cuenta de que gracias a tu papá y a vos la habían atrapado y condenado?

- Y..que papá descansaba en paz.

En Justicia se habla mucho de “cifras negra”. Es la definición de aquellos hechos que no son denunciados porque sus víctimas creen que no vale la pena o que no tiene sentido. La denuncia de Mari, como le gusta a la hija de Luna que la llamen, muestra que siempre vale la pena denunciar si es que uno ha sido víctima de un delito o sabe que un delito ocurrió. Hoy gracias a ella y a su padre varios hechos no quedaron impunes.

Antonia Lorenzo Giampietro, terminará de cumplir su condena el 29 de agosto de 2027.

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