14 mar. 2014

Elvira Luz Cruz



Elvira Luz Cruz nació en Milpillas, Michoacán (México) en 1954. Fue maltratada en su infancia por sus padres. La pobreza extrema en la cual vivió le impidieron incluso terminar sus estudios de educación primaria. Siendo adolescente, se fue a la Ciudad de México con su familia. Elvira tuvo un hijo con un sujeto llamado Marcial Caballero, quien la abandonó en cuanto ella quedó embarazada. "A partir de ese momento empecé a trabajar como sirvienta, hasta que se cruzó en mi camino Nicolás, que prestaba sus servicios en una obra como albañil", declararía. Años después, se fue a vivir con Nicolás Soto Cruz y juntos invadieron un lote baldío, terreno ajeno, donde construyeron una casa con tablas y láminas de asbesto.

Él soñaba con convertirse en cantante y pasaba el tiempo tocando la guitarra y componiendo canciones.
Nicolás también ejercía la violencia en su contra. Inclusive la golpeaba estando embarazada y en una ocasión trató de estrangularla con un cordón de cortina. Elvira trabajaba mientras estaba embarazada, lo cual motivaba que su esposo dudara sobre la paternidad de los niños. El hijo mayor, Eduardo, permaneció en casa de su abuela materna durante años, para impedir que Elvira intentara irse, ya que era muy útil para realizar las labores domésticas, tanto en su casa como en la de su suegra. Ella o su hijo cobraban el salario que Elvira obtenía. Finalmente, ella perdió el trabajo. 

Su esposo era alcohólico, y cada noche llegaba a golpear a Elvira; luego abusaba sexualmente de ella y, en ocasiones, también maltrataba a sus hijos. Nicolás procreó un hijo con otra mujer; esto enfureció a Elvira. Discutió con Nicolás, quien se puso violento. Durante una semana, Elvira y su esposo pelearon diariamente. La noche del domingo y el lunes por la mañana estuvieron a punto de llegar a los golpes y Elvira amenazó a su esposo con irse de su casa con sus hijos. Al final, él optó por marcharse y le dijo que iba a dejarla. Pero antes de irse a su trabajo, Nicolás pasó a casa de su madre para informarle lo que pensaba hacer. Le pidió que vigilara a su mujer y se marchó.

La desesperación hizo presa de Elvira, quien se sintió abandonada e impotente, con sus hijos a cuestas, sin trabajo ni dinero, y sin saber qué hacer a continuación. Los hechos ocurrieron a las 10:00 horas en la casa ubicada en la calle de Jacarandas, manzana 13, lote 11, colonia Bosques del Pedregal, en el Ajusco. Primero ahorcó a Israel con un calcetín color azul marino; sorprendió al niño por la espalda. A Eduardo lo ahorcó con un trozo de tela; y a Marbella con un fajero para bebé. Al terminar de matar a los tres, se dirigió hasta donde se encontraba la más pequeña: María de Jesús. Con sus manos le tapó la boca y la nariz hasta asfixiarla. Después intentó suicidarse, ahorcándose con un mecate, usando el cadáver de María de Jesús como peso adicional.

Pero en ese momento llegó su suegra, quien evitó que lograra su objetivo. Elvira estaba inconsciente. La policía llegó un rato después, alertada por los vecinos. Encontraron los cadáveres y a la llorosa mujer. Luego de que elementos de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia la detuvieron y presentaron ante Gustavo Salas, el agente del Ministerio Público de Tlalpan, Elvira Luz Cruz fue enviada al sector central para iniciar las investigaciones correspondientes. Declaró ante el entonces director de la Policía Judicial del Distrito Federal, el controvertido capitán Jesús Miyazawa Alvarez.

“No soporto verlos llorar. Los maté porque no tenía qué darles de comer. Estoy arrepentida de lo que hice, pero al verlos llorar de hambre y no tener dinero para comprarles alimento, me desesperaron y por eso tomé la determinación de matarlos. Lamentablemente no me fui con ellos. Mis hijos lloraban. Me pedían de comer. Me sentí desesperada y decidí terminar con su vida”, declaró. Dijo que su vida había sido de sufrimiento en el aspecto económico y que su esposo era “muy mujeriego", que algunas veces le daba dinero y otras no, y que ella tenía que conseguir entre los vecinos dinero o comida para darles alimento a sus hijos. Dijo que ya nadie le quería prestar dinero, porque algunas veces pagaba y otras no.

Elvira Luz Cruz ingresó al reclusorio, sujeta a proceso penal por homicidio calificado, el 12 de agosto de 1982. Tenía entonces veintiocho años de edad. En prisión, desvariaba hablando sobre Dios y el Diablo. Las irregularidades en el proceso penal y la vida de miseria que había padecido, despertaron la simpatía de la opinión pública por la asesina a quien los medios de comunicación bautizaron como “La Fiera del Ajusco”. Inclusive, diversas asociaciones políticas y feministas le manifestaron su apoyo y solicitaron la absolución.

Organizaciones feministas se solidarizaron con la asesina al considerarla "víctima de un sistema social que no ofrece la infraestructura adecuada para que las mujeres, sobre todo las pobres, ejerzan una maternidad humana y digna". La antropóloga social Yanina Ávila declaró que Elvira Luz Cruz se vio acorralada por las actitudes violentas de su marido y su suegra. "Esta mujer cayó en la paradoja de matar a sus hijos para protegerlos de una familia enferma. El caso demuestra que el amor materno no es natural, como afirma la cultura judeocristiana (Alguna vez hubo) sociedades que practicaban el filicidio como una medida de protección: se abandonaba a los hijos en momentos de escasez de víveres para permitir la subsistencia de la comunidad en su conjunto".

Pero la Juez 30 de lo Penal, Cristina Mora Palacios, basó la sentencia primordialmente en la confesión de Elvira y en los testimonios de su esposo, Nicolás Soto Cruz, su hermana Carmela y la madre de ambos, Eduarda Cruz Cortés.

A principios de enero de 1984 fue sentenciada a veintitrés años de prisión. Sus abogados apelaron y una sala del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal resolvió el 28 de septiembre de ese año, incrementar la penalidad a veintiocho años. Se recurrió entonces al amparo de la justicia federal.


Elvira cambió su historia y dijo que se había emborrachado y al despertar, se dio cuenta de que sus hijos estaban muertos, por lo cual quiso suicidarse. Responsabilizó a su esposo y a su suegra. Pero su historia no era creíble. Años después, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda escribió y montó la obra teatral La Fiera del Ajusco. Cuando ingresó a la cárcel, Elvira contaba solamente con el primer año de educación primaria. En prisión terminó la primaria, la secundaria y el bachillerato. También concluyó los estudios de mecanografía, costura y un curso de inglés.

Elvira Luz Cruz estuvo encerrada diez años y once meses por la acusación de haber asesinado a sus cuatro hijos menores de edad. Salió bajo tratamiento de preliberación del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, Xochimilco, en 1993.

2 comentarios:

  1. En realidad no creo que Luz haya matado a sus hijos, del expediente se desprende que hay inconsistencias y muchas pruebas apuntan a que su marido y su suegra fueron los que asesinaron a los hijos de luz.

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  2. pero la pregunta es que necesidad o razonamiento tenian ellos para matar a los ninos?

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