9 feb. 2011

Yiya Murano




María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano (La envenenadora de Monserrat), (20 de mayo de 1930 - Corrientes, Argentina) es una mujer tristemente conocida en Argentina por haber cometido tres homicidios, siendo declarada culpable el 28 de junio de 1985.

Este es uno de los casos policiales más famosos de la Argentina.

La historia de esta enigmática mujer, esposa de un abogado e hija de militares, empezó el 24 de marzo de 1979 cuando Zulema de Venturini moría en la escalera del edificio de la calle Hipólito Yrigoyen donde vivía.

Los médicos diagnosticaron paro cardíaco. Las hijas de Zulema se percataron de que entre las pertenencias de su Madre, faltaba un pagaré por un valor de 20 millones de los entonces pesos ley. El portero del edificio dijo que mientras la Sra. de Venturini agonizaba en el interior del edificio, una mujer había llegado a visitarla con un misterioso paquete en mano (que luego se descubriría que eran masas, una especie de galletas dulces, muy común en Argentina), había entrado en la vivienda de la mujer y salió raudamente con un papel en la mano y con un frasco en otra. Era Yiya Murano, la deudora de ese pagaré.

Se realizó una nueva autopsia. Los peritos descubrieron cianuro en el cadáver, los investigadores relacionaron el veneno con el supuesto frasco mencionado por el encargado. Se supo que Nilda Gamba, vecina de Yiya, murió el 10 de febrero. A pocos días un infarto mata a otra amiga de Yiya, Lelia Formisano de Ayala. A ambas mujeres, Murano les debía dinero y ambos cuerpos presentaban signos de haber sido envenenados con cianuro. El cianuro, era camuflado dentro de las masas.

El 27 de abril de 1979 la Policía detuvo a la señora Murano en su hogar, en la calle México. En 1980, fue encontrada desmayada en el penal donde estaba presa (Ezeiza); luego de eso, se le extirpó un tumor. En el mes de junio de 1982 el juez de Sentencia Angel Mercardo la absolvió de todos los cargos y la deja en libertad.

Se supo que a los jueces que intervinieron en su puesta en libertad les había enviado, como señal de agradecimiento, una caja de bombones.

No se sabe si alguien los probó. Su marido había muerto; su hijo, Martín, escribió un libro difamandola. En el año 1998 se sacó una espina, la de declararse inocente delante de una buena parte de la población en uno de los almuerzos del programa de TV de Mirtha Legrand.

A Yiya se la recuerda con una especie de cariño y es motivo de bromas en determinadas conversaciones. Su imagen de abuela bromista y sencilla continúa confundiendo a la población, que frecuentemente fantasea con su inocencia.

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