12 feb. 2011

Mary Ann Cotton


Aficionada al veneno mortal, esta enfermera inglesa aprovechó su expertise para asesinar a sus cuatro esposos, once hijos y dos amantes. Por un error de su verdugo, murió en la horca, lentamente. Un mortal cóctel de arsénico, en menor o mayor concentración según el tamaño de sus víctimas, fue el más constante acompañante de la enfermera inglesa Mary Ann Cotton (1832-1873).

Según cuenta el libro recién llegado a Chile Mujeres Perversas de la Historia, de la colombiana Susana Castellanos de Zubiría (Norma, 2008), esta famosa parricida asesinó sin compasión ni remordimiento, por motivos no muy claros, salvo el cobro de los seguros de vida contratados por sus esposos. Irónicamente, la insalubridad ambiental y alimenticia de su época fue una coartada casi perfecta para encubrir sus crímenes durante décadas.

En la época victoriana en que vivió Mary Ann, era común que la mitad de la población muriera antes de cumplir 20 años, y muy pocos sobrepasaban los 40, por las pésimas condiciones higiénicas y alimenticias imperantes. Para los niños era peor, un cuarto de los nacidos no superaba su primer cumpleaños. Y la “fiebre intestinal”, era la causa más cotidiana, una dolencia que minaba a sus víctimas con fuertes espasmos abdominales y diarrea. Por eso, la muerte de 11 de los hijos de Mary Ann siendo guaguas, y la de sus cuatro esposos a causa de “fiebre intestinal”, no fue un suceso inusual. Menos cuando Mary Ann cambió varias veces de domicilio y, al menos cuatro veces, reemplazó su apellido de soltera por el de sus esposos.

Su modus operandi era sencillo. A los veinte años, Mary Ann se casó con William Mowbray, con quien tuvo cinco hijos. Instalados en Plymouth, Devon, la tragedia tardaría unos años en llegar. Cuatro de sus hijos murieron de complicaciones intestinales. Luego tendría tres hijos más. Dos de los cuales también murieron de “fiebre intestinal”. Poco después, William también moriría, dejándole a su esposa un seguro generoso. Mary Ann se cambió de ciudad con sus hijos sobrevivientes. Una de ellas, de tres años y medio, enfermó como sus hermanos y también murió. La niña “sobreviviente”, Isabela, tendría una suerte distinta. Mary Ann decidió trabajar como enfermera en un hospital y la envió con su madre.

Cuidando enfermos, la asesina conoció a su siguiente esposo, George Ward, con quien se casó en 1865. Si bien el hombre estaba internado, a los médicos les llamó la atención lo rápido que falleció y las complicaciones estomacales que presentó, ajenas a su mal original. Con el seguro que le dejó George en mano, Mary Ann conoció a su tercer esposo, James Robinson, con quien tendría otro hijo, el que repetiría el historial de los hijos de la enfermera. Consternado por la muerte del niño, James comenzó a dudar de Mary Ann porque descubrió, intrigado, que la mujer tenía numerosas deudas que él desconocía. Demasiado nervioso, la abandonó. Su último marido sería Frederik Cotton, de quien heredó el apellido con el que ingresaría a los registros del crimen. Viudo, Frank tenía dos hijos, que se sumaron a la vida familiar que duró muy poco tiempo. Frank y sus hijos murieron también. Con otro seguro cobrado, Mary Ann tuvo otros amantes y más hijos. Su destino sería historia repetida. Tanta muerte no podía ser coincidencia. Según el texto “Mujeres Perversas de la Historia”, la policía comenzó a sospechar y pronto unió las piezas que faltaban: muchas muertes, demasiadas deudas, algunos seguros de vida cobrados, una causa de muerte única.

Varios cuerpos fueron encontrados enterrados en el jardín de la casa de Mary Ann, y todos tenías restos de arsénico. Su juicio fue cubierto por la prensa con gran escándalo público. El periódico inglés Times, incluso dedicó páginas especiales para cubrir el caso, y en particular el pasado de Mary Ann, para la fascinación del público.

Luego de 90 minutos de deliberación, el jurado la sentenció a la horca el 24 de marzo de 1873. Por un error del verdugo, que no calculó el peso correcto de la asesina, la reina del arsénico murió en medio de convulsiones terribles. Muy lentamente.

2 comentarios:

  1. Hola, encuentro muy interesante la recopilación de historias que hiciste, estoy leyendo tu blog porque me propuse hacer una investigación que tiene que ver con estos asuntos, pero en un artículo publicado por Yahoo sobre la vida de Mary Ann Cotton leí que ella también mató a su propia madre, ¿es verdad?

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  2. interesante!! lo que no me gusta es que la presentan como una enfermera desde un principio y ella comenzó sus asesinatos mucho antes de trabajar como enfermera!

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