1 abr. 2012

Nélida Fernández y Susana Acosta


Ambas pidieron, antes del veredicto, que no las condenaran. Mientras Luis Fernández hablaba, las mujeres permanecieron tomadas de la mano, hasta que su abogado las retó. "Quiero hacerlos partícipes de mis oraciones".


Nadie quedó conforme después de oír el fallo por el asesinato de Betty Argañaraz
Cuando escucharon el veredicto del tribunal, ni Susana Acosta ni Nélida Fernández cambiaron el semblante. Con frías miradas respondieron a los gritos de "¡asesinas, asesinas!", que proferían los familiares de Angela Beatriz Argañaraz. Rodeadas por una decena de policías, fueron llevadas directamente a la cárcel de mujeres, en Banda del Río Salí, donde deberán permanecer durante al menos siete años más.



La jornada de ayer se abrió con las palabras finales. El primero en hablar ante los jueces Alfredo Barrionuevo, Emilio Páez de la Torre y Pedro Roldán Vázquez fue Luis Fernández, hermano de Nélida.



Mientras escuchaban al ex remisero, las imputadas, que estaban sentadas juntas, se tomaron de la mano. Su abogado, Gustavo Morales, les echó una mirada y les hizo un comentario muy breve por lo bajo. Ellas se soltaron en el acto, y aguardaron su turno en silencio.
Cuando llegó el momento, Nélida Fernández caminó hasta el banquillo. Tomó aire y comenzó a hablar. "Señores jueces de la democracia: yo no quiero usar la expresión 'soy inocente', porque las pruebas están a la vista", apuntó la mujer.



Luego, como lo había hecho durante otras jornadas, protestó porque desde agosto de 2006, cuando fue detenida por solicitud de la fiscala Adriana Giannoni, no ve a su hija. "Lo único que anhelo fervientemente es reencontrarme con ella después de que ustedes dicten sentencia. Quiero salir para volver a tenerla entre mis manos.



Necesito entregarle mi amor. Además, quiero brindarle hermanos a mi hija. Este no es solamente un proyecto mío, sino un deseo ferviente de ella", relató. Luego recalcó: "mi hermano y yo fuimos criados de una forma. Quiero agradecerle enormemente a Dios".



Acosta remarcó que ella sí iba a usar las palabras que no había utilizado su compañera de causa. "Yo soy inocente, al igual que el señor Luis Fernández y la señora Nélida Fernández. Entonces, les pido desde lo más profundo de mi corazón que no cedan a las presiones. Ni a las influencias invisibles ni a las visibles", les dijo a los camaristas de la sala V. Luego, aclaró que se refería a los medios de comunicación. "Desde el principio de esta historia nos hicieron mucho daño", disparó la condenada.



Además, les solicitó a los jueces que, de ser necesario, hicieran caso a un pedido que ella realizó. "Antes de dictar sentencia, y para que esta sea justa y sin dudas, me ofrezco a realizar una prueba de fuerza física. Sé que me va a traer perjuicios, pero los acepto", expresó. Años atrás, Acosta se lesionó el coxis. Según su defensor, esta fractura le dejó secuelas. "Ni siquiera podía subir las escaleras", apuntó. Así, la ex religiosa trató de desvincularse del homicidio de Betty.



Antes de acabar con sus palabras finales, Acosta dijo que va a continuar con sus plegarias por que aparezca la víctima.



"Voy a seguir teniendo presente en mis oraciones a la persona que nos desveló desde hace tres años y medio. Pero, en la cárcel, cada año se sufre como si fueran cinco", indicó. Y, mirando a los jueces, concluyó: "quiero hacerlos partícipes de mis oraciones, y le voy a pedir a Dios, único dueño de la Justicia, que los guarde y les muestre su rostro y les dé paz para dictar sentencia".

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