3 abr. 2012

Virginia Fuster Pico


Virginia nació un 18 de julio de 1975. Dentro de unos días cumplirá años. Su infancia fue normal. Era una niña tranquila y dulce. Ya de adolescente mostraba una personalidad envolvente y audaz. Era muy querida y admirada por sus amigos y profesores y tenía todas las características de ser una lideresa innata.

Se graduó de bachiller en el colegio Marroco de La Trinidad. Después entró a estudiar educación prescolar en Avepane y aunque no terminó la carrera dejó excelentes calificaciones. A veces mentía y fantaseaba por lo que su padre y yo tomamos medidas para ayudarla a corregir esa conducta. No puede decirse que era violenta, agresiva o irrespetuosa. Más bien era respetuosa y colaboradora. Fue imposible alejarla de algunas amigas de conducta extraña.

Su padre tenía cualidades intachables y es raro que ella no pudiera adaptarse a un ambiente familiar favorable y que no valorara lo que él y yo pudimos darle. Nunca privilegiamos a ninguno de nuestros tres hijos, y a todos les dimos más de lo que éramos capaces.

Cada vez que tratamos de ayudar a Virginia en sus problemas de conducta nos pedía que respetáramos su independencia y se iba de la casa para poder hacer lo que quería a sus anchas. Se refugiaba donde amigos y familiares. Nosotros siempre íbamos a buscarla y le brindábamos nuestro apoyo para que volviera y muchas veces ella aceptaba y regresaba para irse de nuevo. Era un círculo vicioso. A sus 24 años era imposible persuadirla de que cambiara su actitud.

Finalmente el 10 de enero pasado se fue definitivamente de la casa y conoció nuevos amigos que la alejaron más de nosotros. Su salida de casa fue una decisión que tomamos entre todos. Su padre dijo: hay que dejarla volar. Sé que la calle le hace daño, pero si no es feliz a nuestro lado debe encontrar su propio camino. Después de eso se mudó, aunque siempre mantuvo contacto con nosotros. La ayudábamos económicamente, pero no le fijamos una mensualidad. Hace poco hizo dos libros para niños de prescolar. Su papá consiguió que una editorial de un amigo los publicara y se sintió muy orgulloso de su trabajo.

Nadie se explica cómo ella, que compartió la Navidad y el Día de la Madre con nosotros, pudo planificar eso y arremeter de esa manera contra su familia, con la única excusa de llevarse los carros y el dinero que había en la casa para continuar con la vida extraña que llevaba".

Sandra Aracelis Corro Peña de 31 años, auxiliar de prescolar en el colegio donde trabajó Virginia Fuster y quien vive en el Barrio El Calvario de El Hatillo, alojó en su residencia a la joven desde abril pasado hasta el 7 de junio, día anterior al crimen, y por ello fue uno de los testigos clave para los investigadores de la División contra Homicidios de la PTJ.

El testimonio de esta muchacha dice mucho de la vida de Virginia. No en vano Sandra es prima del menor de 17 años que participó en el homicidio del señor Luis Fuster Benaijes y amiga y vecina de Ingrid Tibidendi Martínez (20) la otra persona que acompañaba a la presunta parricida.

En su declaración a los funcionarios, Sandra dijo que el 7 de junio encontró a Virginia con sus maletas en las escaleras del callejón y afirmó que recién en ese momento ésta le dijo que se estaba mudando.

Sandra refirió que ese día Virginia esperaba a Paula Lanier, una amiga casada con un rico comerciante árabe, quien era una especie de protectora. "Paula, señaló, le prestaba ayuda económica y estaba promocionando algunos de sus libros infantiles.

De acuerdo con investigadores de la División contra Homicidios de PTJ, Paula Lanier es otro de los personajes clave de esta historia. Ellos están seguros de que esta señora mantenía relaciones íntimas con Virginia y revelaron que actualmente ella es la que está corriendo con los gastos de la defensa de la parricida. Uno de los pesquisas, incluso, dijo que la doctora Irma Pico, madre de Virginia, aseguró que Lanier fue una muy mala influencia para su hija.

En sus declaraciones, Sandra afirmó que ella presumía que Virginia se había ido a vivir con Paula y que por eso el día en que leyó la noticia en los periódicos llamó a casa de esta última, quien le reveló que la muchacha se había refugiado en San Cristóbal.

Sandra refirió que Paula, a quien conocía desde hace dos meses, era muy amiga de Virginia y dijo que la buscaba casi a diario en la mañana y la traía de vuelta a las 10 de la noche.

Por último, la auxiliar de prescolar también aseguró que Virginia le contó en una oportunidad que se había ido de su casa porque sus padres la tenían sometida y no aceptaban sus relaciones con algunas amigas.

La tesisdel crimenpremeditado

Caracas.- Una de las versiones del parricidio de El Hatillo, quizá la más divulgada en los medios, indica que Virginia Fuster asesinó a su padre porque éste, además de desheredarla, la había despojado de varios privilegios como el uso de uno de sus carros y de una extensión de su tarjeta de crédito. Según esta historia, la muchacha discutió con su progenitor antes de golpearlo por primera vez con el bate, lo cual deja entrever la posibilidad de un asesinato fortuito.

Sin embargo los abogados de la doctora Irma Pico de Fuster, Luisa Mota y Eusebio Azuaje, aseguran que Virginia planificó el asesinato de sus padres e incluso, antes de invitar a Ingrid Martínez y al menor a que la secundaran en el hecho, hizo otro tanto con un vecino de La Unión.

De acuerdo con los querellantes, Virginia llegó a casa de sus padres el 7 de junio en la tarde y dijo a su papá que se quedaría un rato escribiendo en la computadora, con la intención de hacer entrar a sus amigos después de que éste, su mamá y su hermana menor, Luisana, se acostaran. Supuestamente, la llegada de unos visitantes estorbó los planes iniciales de la muchacha, quien salió de la quinta Recoveco y esperó a sus amigos en la redoma del Conjunto Residencial El Rocío.

Una vez que éstos llegaron, Virginia los llevó a la quinta de al lado, la cual está vacía, y allí esperaron la salida de los visitantes. Cuando la familia Fuster se fue a la cama, los tres jóvenes entraron de nuevo a la casa (Virginia abrió con su llave) y se escondieron en un cuarto de la parte de atrás, donde esperaron que amaneciera.

Poco después de las 5:30 de la mañana, hora en la que el señor Luis Fuster se levantaba diariamente, Virginia comenzó a hacer ruidos en un tanque de agua del baño para llamar la atención de su padre. En efecto éste sintió curiosidad y bajó, y al encontrarse frente a su hija, ésta le propinó varios golpes con el bate, para luego ser imitada por el menor de edad.

Al oír los gritos, la hermana menor de Virginia bajó desde su cuarto en el segundo piso y al ver que golpeaban a su papá avisó a su madre que unos ladrones habían entrado. La doctora Irma Pico bajó y se dio cuenta de que su hija estaba con los intrusos. Trató de defender a su esposo, pero fue golpeada varias veces con el bate por Virginia y el menor, mientras Ingrid contenía a Luisana.

Después que los tres jóvenes huyeron en los dos carros de la familia, la niña trató de pedir ayuda a los vecinos, pero Virginia había cerrado las puertas con llave. Luisana intentó llamar a su hermano, pero su hermana había cortado los cables del teléfono. Finalmente, ante los gritos, una señora de la casa de al lado acudió en su auxilio.

Precisiones de los abogados

Virginia Fuster y sus cómplices no estaban drogados el día del asesinato. La presunta parricida sí consumía drogas aunque esporádicamente y en pequeñas cantidades. Nunca fue adicta.

El pasado 14 de mayo, Día de las Madres, Virginia fue a un restaurante con sus padres y hermanos. Allí compartió con ellos y hasta bailó con su mamá.

El señor Luis Fuster había dado a su hija mayor una participación accionaria pequeña en una de sus empresas. Además corría con sus gastos de vivienda.

Virginia nunca quiso huir al vecino país. Fue a San Cristóbal porque tenía amistades allí, ya que normalmente compraba mercancía en Cúcuta para revender.

La joven Fuster estuvo varias veces en tratamiento psiquiátrico, hasta que varios doctores dijeron a sus padres que no siguieran perdiendo dinero en consultas, ya que ella los manipulaba a su antojo.

El día del crimen Virginia llevaba puesto un suéter azul con el nombre "París" estampado en letras de colores, el cual pertenecía a su padre.

1 comentario:

  1. 2 anos despues, en 2002 resenaron su caso en una nota de prensa del diario El Nacional.

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