13 oct. 2012

Anjette Lyles

Aunque el principal ingrediente del veneno de hormigas es arsénico, también contiene un agente edulcorante que no necesariamente se destaca por su extraño sabor en el jugo de frutas. Max Haines Anjette Donovan no era la típica chica sureña. Dejó los bebedizos de menta y la madreselva a otras almas más románticas. Lo suyo era conseguir dinero contante y sonante, punto.

En 1947, cuando era una florecilla de 21 años, contrajo nupcias con Ben F. Lyles, quien, junto con su madre viuda, administraba un próspero restaurante en Macon, Georgia. Durante los cuatro años que duraría su unión, los Lyles fueron bendecidos con dos hijas, Marcia y Carla. Anjette creía firmemente en los seguros de vida. Insistió en que Ben, quien tenía derecho al seguro de los veteranos, complementara su protección con una póliza privada. Algo bueno.

En 1951, Ben se quejó de fuertes dolores en el estómago. Permaneció enfermo por varias semanas, hasta que su estado se agravó al punto de que lo llevaron de emergencia al hospital. Tras una dolorosa agonía, sucumbió el 25 de enero de 1952. Anjette estuvo a su lado sumida en una gran pena. Afortunadamente, su pena se vio mitigada con los 9.300 dólares procedentes de la póliza del seguro de veteranos de Ben. 

También tenía la póliza privada, por la cual la desconsolada viuda recibió 3.000 dólares en efectivo y 150 dólares mensuales hasta que se casara de nuevo. Bajo los términos de esta póliza, también recibiría 94 dólares mensuales para la manutención de sus dos hijas. Después de la inoportuna muerte de su esposo, Anjette mantuvo buenas relaciones con su suegra. El restaurante fue vendido, aunque ella lo compró en 1955. Le pareció que el nombre Restaurante de Anjette sonaba muy bien. Un buen día, un atractivo hombre entró por la puerta principal y las ideas de Anjette de hacer negocios salieron por la ventana. Su nombre era Joseph Neal Gabbert. Joe, piloto de aerolínea, medía más de 1,80 metros, pesaba unos 90 kilos y tenía todo lo que necesitaba una briosa viuda para hacer que su corazón latiera más rápidamente. Sesenta días después de su primer encuentro, Anjette se convirtió en la señora de Joseph Gabbert. Joe duró sólo cinco meses. 

Fue repentino. Ingresó al hospital dos meses después de su boda para una operación menor. La leal y valiente Anjette estaba constantemente a su lado. Insistió en darle una variedad de jugos de frutas que había traído de casa. Pese a sus preocupaciones por su bienestar, Joe, de alguna manera, contrajo una enfermedad extremadamente grave mientras estaba en el hospital. Sabemos que era algo grave porque falleció el 2 de diciembre de 1955. Joe era un veterano cuya vida estaba cubierta por un seguro del gobierno, gracias al cual Anjette recibió 10.991 dólares. Luego se supo que ella había instado a Joe a suscribir una póliza adicional de vida por 10.000 dólares, suma que, por supuesto, también cobró. Durante 14 meses, Anjette se mantuvo ocupada administrando su restaurante. Ocasio-nalmente hablaba sobre su primer esposo, Ben, y la madre de éste, con la cual aún se mostraba amistosa. Anjette, por motivos que sólo ella conocía, dejó que se supiera que nunca había simpatizado mucho con su suegra. Las amistades tomaron esto con cierto escepticismo. Después de todo, quién no ha reñido con su suegra en algún momento. Han debido tomar a Anjette más seriamente. 

La señora Lyles comió en el restaurante de su nuera un día de agosto de 1957. Ese mismo día fue trasladada de emergencia al hospital. Para finales de septiembre había muerto. Anjette y sus dos hijas recibieron en herencia dos terceras partes del patrimonio de la señora Lyles. Siete meses después, la hija mayor de Anjette, Marcia, de 9 años, bebió un poco de jugo de frutas en el restaurante de su madre. Enfermó violentamente y la llevaron al hospital. Un mes después agonizaba. Por supuesto, la parte de las posesiones de la señora Lyles que había recibido Marcia pasaron a manos de Anjette. Si usted ha sacado la cuenta, son dos esposos, una suegra y una hija. 

Todas las muertes fueron atendidas por médicos y todas se atribuyeron a causas naturales. No se realizaron autopsias y nadie era sospechoso. Es decir, hasta que Marcia se enfermó. Una cocinera del restaurante de Anjette escribió una nota anónima a la señora W. J. Bagley, hermana del difunto Ben Lyles. Ella la reenvió al médico forense del condado de Macon. Este la pasó a la policía. Luego de tantos rodeos, la cocinera, identificada luego como Carrie Jackson, dejó al descubierto las diabólicas maquinaciones de Anjette Lyles. La policía se tomó la carta seriamente. 

En una parte ésta rezaba: "Por favor, vengan de inmediato. La pequeña Marcia está recibiendo las mismas dosis que los demás". Antes de que la policía pudiera comenzar sus investigaciones, Marcia falleció. Se realizó una autopsia del cuerpo. Las pruebas indicaron que la niña había muerto por grandes cantidades de arsénico. Mientras profundizaban las pesquisas, los detectives descubrieron que Anjette había obtenido una ganancia financiera de las cuatro muertes en su familia. También se enteraron de que el día en que la señora Lyles enfermó, Anjette había sido vista en su restaurante con una botella de veneno de hormigas que guardaba en su bolso de mano. Cuando fueron interrogados, otros señalaron que el nefasto bolso estaba a su lado cuando llevó jugo de frutas al hospital para su hija. 

Cuando lo sometieron a un examen, se encontró que el testamento de la señora Lyles había sido falsificado. Ya era suficiente. Los cadáveres de los dos esposos de Anjette y su suegra fueron exhumados. Los tres habían muerto por envenenamiento con arsénico. Había preguntas que responder. ¿Cómo fue posible que todos los médicos que habían examinado a las cuatro víctimas no sospecharan de envenenamiento con arsénico? El doctor Richard Ford, profesor de medicina forense de la Escuela de Medicina de Harvard, explicó que el arsénico produce síntomas similares a los de un gran número de enfermedades. Sin una sospecha previa, es posible, aunque no probable, llegar a un diagnóstico equivocado. ¿Por qué ninguna de las cuatro víctimas reaccionó ante el sabor del arsénico en sus bebidas? Evidentemente, aunque el principal ingrediente del veneno de hormigas es arsénico, también contiene un agente edulcorante que no necesariamente se destaca por su extraño sabor en el jugo de frutas. Anjette fue arrestada y acusada del asesinato de su hija. Juró que era inocente. 

En una inspección de su casa se encontró el bolso negro, que contenía seis botellas de veneno de hormigas, suficiente para matar a 15 personas. El juicio de Anjette por el asesinato de su hija comenzó en Macon el 6 de octubre de 1958. Bautizada la Viuda Negra por la prensa, la señora, ahora de 33 años y prematuramente encanecida, había engordado en la cárcel. 

Escuchó atentamente mientras su cocinera Carrie Jackson relataba cómo escribió la nota que inició la investigación. Había visto a Anjette llevar veneno de hormigas y jugo de frutas al lavabo del restaurante y salir para darle jugo de frutas a su hija. El jurado, conformado sólo por hombres, tardó apenas una hora 30 minutos para encontrar culpable a Anjette. 

La condenaron a morir en la silla eléctrica de Georgia, pero su sentencia nunca se ejecutaría. Mientras esperaba a que fijaran la fecha de su cita con la muerte, la declararon mentalmente incompetente y la internaron en el hospital del estado en Milled-geville, Georgia. Permaneció en la institución durante 19 años hasta que murió el 5 de diciembre de 1977 por causas naturales.

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